Big Red Mouse Pointer

domingo, 29 de enero de 2017

RNH1: Pesadilla de un alma marchita

Capítulo 02 - Vínculos corruptos

11 de Julio de 2012

Davis y Kyle caminaron juntos en busca de la casa del joven civil, deshaciéndose de todo podrido que aparecía por el camino dispuestos a atacarles. En el trayecto, ni Kyle ni Davis compartieron muchos diálogos, pues el joven, de carácter bastante introvertido a los ojos del soldado, parecía estar sumergido constantemente en sus pensamientos, dándole vueltas a algo que debía de preocuparle. Probablemente era por el bienestar de sus padres, pensó. Varias veces trató de entablar alguna clase de conversación con él, pero se le hacía difícil cuando las conversaciones eran unidireccionales, y finalizaba con un par de respuestas por parte del chico.

Los ojos verdes del soldado examinaban cada rincón y cada esquina, alerta de cualquier sorpresa que les pudiese aparecer por el trayecto. Afortunadamente para ambos, los no muertos con los que se toparon eran lentos, y solitarios. De haberse encontrado con los corredores, las cosas serían mucho más complicadas para ambos. 

Por otra parte Davis continuaba tratando de resolver aquella lucha interna por lo ocurrido en el hospital con Tom horas atrás. Su mente no tenía clemencia alguna con él, achacándole la culpa de lo sucedido. Tan enfrascado estaba en su sentimiento de culpa que dejaba prácticamente ignorada la existencia del soldado que lo acompañaba. Las calles silenciosas estaban visiblemente iluminadas por el sol del medio día, silenciosas y vacías, no dejaba a la vista más que restos de la catástrofe que tiempo atrás pasó por ellas: edificios abandonados, comercios saqueados, contenedores quemados, rastros de sangre, cadáveres, basura esparcida por todos lados... Calles destrozadas y carente de vida humana.

—Oye... Seguro que tus padres están bien. —trató de entablar Kyle nuevamente una conversación. —No te preocupes, mientras permanezcan en casa habrán permanecido a salvo.

—Eso espero. —contestó simplemente.

—¿Cómo que no te fuiste de vacaciones con tus padres? —insistió nuevamente tratando de entablar conversación.

—Fue idea de unos amigos tengo. Acabé mi segundo año de estudios universitarios, y decidieron que estaría bien irnos unos días de vacaciones a celebrar que finalizamos el curso con buenas notas. Pensaron que nos vendría bien desconectar de los estudios, y del ambiente enrarecido de la ciudad. —contestó vigilando los edificios a ambos lados de la calle. —Fue un plan entre amigos, mis padres no entraban en el plan, y aún entrando no habrían venido.

—Vaya, eso suena genial. ¿A dónde os fuisteis? ¿Qué estudios estás realizando?

—Administración y Dirección de Empresas.—respondió el joven.— Nos fuimos unos días a Minneapolis, en Minnesota. Los abuelos de mis amigos viven allí, y nos dejaron alojarnos en la casa durante los días que estuvimos fuera de la ciudad. 

Bueno, aquellas últimas respuestas habían sido algo más elaboradas que las anteriores, pensó Kyle. Le parecía un chico frío, serio e introvertido. Quizás no se le daba muy bien socializar por su forma de ser, probablemente fuese de aquellos que necesitaban tiempo para abrirse. No parecía un mal chico, al menos para alguien como él que había conocido a muchos tipos malos a lo largo de su vida. Siempre pensó que con solo ver la mirada de una persona, era capaz de ver como era por dentro. La gente buena y mala, tenían una manera de mirar muy distinta, y no era capaz de ver malicia alguna en los oscuros ojos del chico. 

Aunque su carácter fuese distante, no parecía ser un tipo borde o antipático. A veces podía parecer incluso que le ignoraba, pues no le daba a penas conversación, pero cada vez que le hablaba, al menos le respondía con una pequeña sonrisa mirándole a los ojos. En el fondo debía de ser un sujeto agradable, pensó. Algo le preocupaba obligándole a no estar precisamente muy cordial en las breves conversaciones que tenían. Era un chico joven que ni siquiera había estado en la ciudad por unos días, regresar y encontrarse el panorama actual, sin saber siquiera si sus propios padres estaban vivos o muertos, debía de ser algo difícil de asimilar.

—¿Estás preocupados por tus padres?

—¿Ah? Ah... Sí, lo estoy. —contestó algo confundido por la pregunta.

Ciertamente le preocupaba la situación de sus padres, pero no iba a negar que lo que principalmente ocupaba su mente era lo que hacía rato había sucedido con Tom. El suceso estaba muy reciente en su mente. Le era imposible no dejar de darle vueltas a la cabeza, pues aquello le hacía recordar cierto suceso del pasado. Pero sí, también estaba preocupado por la situación de sus padres.

—No sonaste demasiado convencido. ¿Tienes una buena relación con ellos? —Davis suspiró ante su pregunta.— Ah... Oye, lo siento si he preguntado por algún tema delicado, no quiero meter las narices donde no me llaman. —respondió rápidamente tratando de enmendar el error que creyó cometer.

—No, no es eso... Es solo que mi relación con mis padres es algo fría. No somos precisamente una familia demasiado cariñosa y unida que digamos. —se apresuró a contestar para darle a entender que no le había molestado su pregunta. —Están demasiado centrados en su trabajo, más de lo que me gustaría, la verdad. Me quieren, pero anteponen su trabajo a mí, ha sido así desde hace muchos años. Nunca han tenido demasiado tiempo para mí. De hecho, no recuerdo cuando fue la última vez que salimos de vacaciones o hicimos algo juntos, como ir al cine, a comer a un restaurante, o simplemente dar un paseo. Mis abuelos y mis tíos han llenado más esos momentos íntimos familiares que mis propios padres. —respondió mirando al soldado que caminaba a su lado. —A veces, parecemos más compañeros de piso que una familia.

—¿Los odias?

Davis pareció pensárselo por un momento.

—No, no los odio. Lo que odio es que finjan conmigo y delante de otras personas que somos una familia perfecta, y no es así. Esa actitud por parte de ellos me hace sentir incómodo. No estamos tan unidos como ellos quieren tratar de aparentar. Sus trabajos están por encima de todo lo demás. Incluso en la mesa cuando comíamos el trabajo era el principal tema de conversación entre ellos. Hubo ocasiones en que incluso se olvidaron de mi cumpleaños. Comprendo lo que el trabajo significa para ellos, pero han estado demasiado ausentes físicamente y emocionalmente durante mucho tiempo. De hecho de pequeño, al estar ellos fuera de casa tanto tiempo por el trabajo y no querer dejarme a solas, me dejaban con mis abuelos la mayor parte del día, y en verano con mis tíos, para no quedarme todas las vacaciones encerrado en casa yo solo.—contestó el joven.

—Ya veo... Entonces se podría decir que estáis unidos, pero no tanto como otras familias normales. Tenéis vuestros propios problemas familiares. ¿Es así?—preguntó con el ceño fruncido haciéndose una idea de la infancia que debió de tener el joven. —A pesar de que los tres lo sabíais, intentabais aparentar entre vosotros y frente a otros una realidad distinta a la que era realmente.

—Sí, básicamente es tal y como dices. —suspiró el joven pesadamente.

—Ya veo... La verdad es que te entiendo...

—¿En serio? —preguntó mirando con escepticismo a Kyle.

—Sí... bueno, no he vivido exactamente eso, pero mi relación con mis padres no era tampoco muy buena que digamos.—contestó Kyle suspirando. — Yo nací en Río de Janeiro, en Brasil. Mi madre me tuvo muy joven, y a mi padre nunca lo conocí. Cuando mi madre quedó embarazada, mi padre la abandonó. Él era también muy joven, no estaba preparado para ser padre, por eso se marchó. Cuando era niño, mi madre no dejaba de ir por ahí presumiendo de ser una madre coraje, pero la verdad es que me abandonaba en casa para marcharse de fiesta y conocer a otros hombres, a los que se llevaba a casa para acostarse con ellos. Cuando eso pasaba, me dejaba encerrado en mi habitación, dejándome claro que no debía de salir ni hacer ruido hasta que ella viniese a avisarme. No quería que esos hombres supiesen que tenía un hijo. 

—¿Se avergonzaba de ti? 

—Más bien me veía como una carga. —aclaró. Cuando tenía problemas pagaba su frustración conmigo gritándome y echándome la culpa de sus desgracias. Tampoco le importaba mucho mis estudios. Iba a la escuela y ella me compraba todos los materiales necesarios, pero le daba igual que los acabara dejando, probablemente porque éramos una familia con pocos ingresos y el material escolar era muy caro. Ella lo único que le importaba es que con o sin estudios ganase dinero para ingresar en la casa, nada más.

—Debió de ser duro tener a una madre que no te veía como una carga, y que incluso ocultaba tu existencia cuando estaba con otros hombres. —comentó Davis mirando a Kyle atento a su historia.

—Sí, en cierto modo sí.

—¿En cierto modo?

—En cierto modo la entendía. Se quedó embarazada de joven, fue abandonada por mi padre, dejó los estudios para trabajar en un comercio ganando una miseria para poder mantenerme, y acabó siendo despreciada y rechazada por los hombres que se enteraban de que tenía un hijo. Incluso su propia familia la abandonó por haber desperdiciado su futuro por un pandillero que la embarazó para después desaparecer. Estaba completamente sola. Algunas veces pensaba que el motivo por el que buscaba a un hombre tan insistentemente, era para que le ayudara con sus problemas económicos, y conmigo. Quizás me equivoque, y en el fondo solo buscaba un buen marido que la hiciera feliz, y un padre para mí, quien sabe... —contestó el joven hombre mirando a Davis. —Nunca lo sabré.

—¿Por qué?

—En cuanto pude, me marché de casa. Hice mi propia vida y la dejé atrás. No estábamos demasiado unidos, y alejarme de ella fue lo mejor que pude hacer por los dos. Ninguno volvería a ser una carga para el otro nunca más. Desde que me marché de casa hace ya años, mi madre y yo no hemos vuelto a intentar ponernos en contacto.

—Me parece injusto. Tú no tuviste la culpa de nacer, y no debiste de pagar tú por sus desgracias.

—Lo sé, pero como persona, que no como hijo, puedo empatizar algo con ella. A veces, especialmente cuando eres joven, tomamos malas decisiones que nos acaban repercutiendo a lo largo de la vida, llevándonos a vivir momentos de auténtica desesperación. Acciones que no pueden ser deshechas. En ocasiones uno no tiene la madurez suficiente para percatarse de la gravedad de lo que haces hasta que es demasiado tarde. Yo fui una de esas malas decisiones para ella. —dijo alzando la vista al cielo. —Pero a pesar de todo eso, hubo buenos momentos madre e hijo. Cuando las cosas iban bien me trataba con cariño, me besaba, me abrazaba, me arropaba por las noches, me curaba al hacerme una herida, me pagaba el material de los estudios, no me faltaba nunca la comida, y sacrificaba cosas suyas para que yo pudiese tener cosas que necesitaba, como ropa, y a veces algún juguete. No me abandonó al nacer, y trató de sacarme adelante como pudo. Quiero quedarme con esos recuerdos cuando pienso en ella.

—Ya veo...

Davis pensó que la situación de Kyle fue muy dura. Creció sin un padre, en un ambiente pobre, y teniendo con su madre una extraña relación de amor y odio. Sin embargo, Kyle pudo disfrutar de muchos momentos madre e hijo durante su niñez, a pesar de que hubo otros tantos bastante horribles. 

A decir verdad, no sabía decir que relación familiar era peor, si la de Kyle o la suya propia. Sus padres anteponían el trabajo al tiempo con su hijo. Creció sin recibir demasiadas muestras de cariño y atención por parte de ellos, que además, le habían fallado tantas veces en momentos importantes dejándolo solo. No se odiaban, pero tampoco eran una familia tan unida y feliz como otras.

—De joven trabajé en varios empleos precarios para ayudar en casa. No conseguía mucho, la verdad. Pensaba que eso haría que mi madre no me viese tanto como una carga, y mejorase nuestra relación. No hubo mucha diferencia. —comentó. Un día conocí a María, la mujer con la que acabaría casándome. Con el tiempo quedó embarazada de nuestro hijo Kevin. Ni ella ni yo queríamos que naciese en un entorno de pobreza y pocas oportunidades. Juntamos todos nuestros ahorros y nos mudamos a los Estados Unidos. Entré en el ejército, y logré un trabajo mejor pagado con el que pude darle un futuro a mi familia. A diferencia de nosotros, Kevin nunca ha tenido necesidades económicas, y siempre hemos estado con él dándole todo nuestro cariño y atención.

—¿Tu madre llegó a conocer a tu hijo?

—No, al menos físicamente. Cuando nación le mandé una carta con algunas fotos, pero ella nunca llegó a respondernos. —respondió soltando un pesado suspiro. 

—¿Por qué me cuentas todo esto, Kyle?

—Tú me has contado tus problemas personales con tus padres, creo que lo justo era que yo hiciese lo mismo a cambio. La situación no es la misma, pero entiendo a qué te refieres con lo de querer a tus padres, a pesar de que en el fondo tenéis una relación algo problemática. 

—Ya... ¿Y qué hay de tu mujer e hijo? ¿Están en la ciudad?

—Sí. Están en la base militar. Un par de agentes de policías les ayudaron a ser evacuados allí, logrando ponerse a salvo. Están esperando a que vuelva pronto con ellos.

—Me alegro entonces. —respondió el joven. —Dime, ¿crees que esa experiencia te condicionó de alguna manera a tu forma de ser? —preguntó doblando una calle junto a Kyle.

—Me hizo ser más empático con las circunstancias de las personas, intentando comprenderlas y no juzgarlas tan rápidamente. Todos tenemos nuestros demonios, y nuestra propia forma de lidiar con ellos. Cuando sufres ciertas circunstancias en tu vida, te vuelves más sensibles con las personas que también han sufrido experiencias similares a las tuyas. —contestó Kyle pensativo. —Y por supuesto, a querer alejarme de una vida como la de mis padres. A tener cabeza y responsabilizarme de mi mujer y de mi hijo. 

—Entonces toda esa experiencia al final te hizo mejorar como persona, como marido y como padre. Comenzaste a sentir más empatía hacia la gente que pasaba por circunstancias complicadas, y te preocupaste de no repetir la historia de tus padres. —comentó pensativo. —Eso está bien.

—¿Y qué hay de ti? —preguntó algo extrañado teniendo en cuenta la edad del joven. —¿Sientes que la relación con tus padres te ha afectado de alguna manera?

—Tal vez... 

Davis detuvo sus pasos frente a una casa. 

—¿Es aquí?

—Sí.

Se trataba de una vivienda de dos plantas. Un pequeño jardín la rodeaba separándola de la calle por una puerta metálica y un pequeño muro de ladrillos. Por fuera se veía bien cuidada. Un caminito de piedra conducía hasta la entrada de la vivienda. Las ventanas de ambas plantas estaban cubiertas por unas cortinas blancas, no se detectaba ninguna clase de movimiento desde el exterior. Al fondo, podía verse una piscina y un cobertizo. Davis abrió con un chirrido metálico la puerta del jardín, y juntos recorrieron el camino de piedra. Una vez llegaron la entrada, introdujo la llave en la cerradura y entraron a su interior.

—¿Mamá? ¿Papá? —llamó Davis tras escuchar a Kyle cerrando la puerta. —Ya he vuelto.

Los pasos del joven comenzaron a dirigirse a cada una de las salas de la planta baja llamando a sus padres. Kyle en el recibidor, sostenía su fusil tratando de percibir algún sonido más allá de las voces de Davis. Sospechaba que la casa estaba vacía, pues de haber alguien ya se habría hecho notar ante la presencia del joven. Kyle comenzó a moverse por su cuenta, e ingresó en el salón a la derecha del recibidor. Sobre los muebles se asentaba una leve capa de polvo. Parecía que llevaba varios días sin limpiarse la casa. Fue entonces que, pasando frente a una estantería, sus ojos depararon en un conjunto de fotos. 

En la mayoría de ellas aparecía Davis con sus padres, aunque ninguna de ellas era reciente. El joven era un infante en la mayoría de ellas, y en un par, era directamente un bebé. Sus padres se mostraban sonrientes y agradables en aquellas fotos. Nada raro, pensó. Sin embargo, deparó en una en concreto. Aquella era la fotografía en la que más edad debería de tener Davis, unos doce años. Aparecía junto a más personas, además de sus padres. Probablemente fuesen familiares, pensó Kyle cogiendo la foto para analizarla de cerca. No sabía decir el qué, pero la mirada y las sonrisa de los padres del chico lucían muy distintas al resto de las fotos. Sus expresiones parecían bastante forzadas. Respecto al joven, este lucía bastante serio y solitario, ni siquiera se esforzaba en posar alegre para la foto. 

Kyle dejó la fotografía en su sitio y continuó recorriendo las distintas salas que componían la casa. Ya no escuchaba a Davis llamar a sus padres. Había algo extraño en aquel lugar. Su decoración, su ambiente, su silencio... Era un ambiente triste. Hubo algo que le llamó particularmente la atención. Pudo ver más fotografías colgadas en las paredes o sobre algún mueble, pero las únicas en las que Davis aparecía con sus padres eran en las que vio antes en el salón. En algunas paredes, había algunas alcayatas desprovistas de marcos que colgar con alguna fotografía familiar, pero era evidente que en algún momento los hubo. ¿Por qué quitarlas? Pensó extrañado. 

Kyle subió lentamente las escaleras de la segunda planta. El joven soldado se había percatado de varios detalles mudos de la vivienda, y que él solo podía intuir. Si aquellos detalles lo asociaba a lo que Davis le dijo anteriormente, podía comenzar a sospechar algunas cosas. En la segunda planta, todas las habitaciones estaban cerradas, y no había ventanas, por lo que el pasillo se encontraba a oscuras. Al final del pasillo una habitación permanecía con la puerta entreabierta, dejando escapar un lleve hilo de luz natural. Con cautela, los pasos de Kyle recorrieron el pasillo, hasta que finalmente llegó a la puerta. Lentamente la abrió accediendo a la estancia para hallar a Davis en su interior.

Se lo imaginaba, lo sabía, y ahora lo entendía. El por qué de que la casa estuviese tan oscura y silenciosa. Kyle negó con la cabeza disgustado ante el escenario que tenía en frente, por un momento dudó en abandonar la estancia mientras arrojaba la mirada pensativo al suelo, pero decidió terminar de entrar lentamente. Una habitación amplia se extendía frente a él. Un ropero, una mesilla y un tocador decoraban el lugar. Las ventanas, con sus cortinas blancas corridas a ambos lado, dejaba entrar la luz del sol. 

En mitad de la estancia frente a un arrodillado Davis, una amplia cama de matrimonio en la que dos cuerpos yacían abrazados, sumidos en un sueño inquebrantable. En un inicio pensó que la casa estaba abandonada, que nadie esperaba allí a Davis, pero nunca llegó a pensar en aquel resultado. Su mirada se dirigió a una pequeña mesilla al lado de la cama, sobre ella varios frascos de pastillas podían apreciarse

Kyle se acercó por detrás a Davis, quien en silencio, cerraba con fuerza los ojos y la mandíbula siendo incapaz de frenar aquellas cálidas lágrimas que descendían por su rostro. Le dolía el pecho, le dolía demasiado. El dolor era insoportable. Lloraba en silencio, sin llegar a entender por qué sentía tanto dolor y sufrimiento a pesar de la relación que tenían con sus padres. Nunca habría imaginado que llegase a afectarle tanto perder a dos personas que estuvieron ausentes en gran parte de su vida. Kyle no sabía que hacer. Tanto para él como para Davis, era obvio que la pareja se había suicidado consumiendo una cantidad excesiva de pastillas.

—Lo siento... —susurró Kyle colocando la mano en el hombro del desconsolado joven. —Estaré en el salón esperando hasta que decidas que es hora de irnos.

Con esas únicas palabras, se marchó sin hacer mucho ruido de la habitación, dejando al joven a solas con los cuerpos de sus padres. Tras salir y dar un par de pasos alejándose de la estancia, el soldado se detuvo un instante cuando el llanto del muchacho llegó a sus oídos. Debía de ser una experiencia horrible, pensó instantes antes de descender hasta la planta baja. 

El soldado ingresó en el salón, y una vez allí sacó de su bolsillo una foto algo arrugada. Él, su esposa e hijo aparecían con una gran montaña rusa de fondo. Aquella fotografía se la habían hecho tiempo atrás, en un parque de atracciones al que fueron para pasar tiempo en familia. Le había prometido a Kevin volver de nuevo al parque de atracciones, y estaba dispuesto a hacerlo, por lo que debía de volver con vida. Prometió que volvería con ellos, y tenía intención de hacerlo. Tenía un parque de atracciones al que llevarlos. Una promesa es una promesa, y no se puede romper.

El soldado se introdujo en la cocina para buscar algo que comer. No había desayunado nada aquella mañana, y no podía evitar echar mano de alguna de las cosas que hubiese en las despensas. No pensaba que a Davis le importase. Sería una pena que todo se echase a perder. Cuando comenzó a prepararse algo de café y un bocadillo, pudo escuchar los pasos de Davis recorriendo la planta superior, y poco después una puerta cerrándose. Quizás fue a recoger algunas cosas antes de partir, pensó.

El sonido del agua era lo único a lo que sus oídos llegaba. La gran cantidad de vapor acumulado en el baño difuminaba su triste figura desnuda. Davis se encontraba cabizbajo y silencioso bajo la corriente de agua caliente que caía sobre él desde la regadera de la ducha. Con un rostro ensombrecido, sus lágrimas se camuflaban entre las gotas de agua cálida que humedecían su cuerpo. El murmullo del agua corriendo, su calidez, la soledad... Aquellas cosas le confortaban. 

Su cuerpo desnudo yacía inmóvil con la mirada fijada en el suelo, viendo sin apenas parpadear como entre sus pies el agua era tragada por el desagüe de la ducha. Su mirada vacía se centraba en aquel agujero negro por el que el agua desaparecía, como un pozo sin fondo que ejercía algún extraño efecto hipnótico sobre él. Aquella oscuridad absorbía por completo la atención de aquellos tristes y vacíos ojos oscuros, sintiendo el joven que en cuanto sucumbiera un poco más, aquel agujero oscuro se lo tragaría a él también. 

Apenas consciente de ello, su consciencia pareció apagarse lentamente, haciendo desaparecer la sensación del agua caliente fluyendo por su cuerpo, o del sonido de esta cayendo. Poco a poco, el plano físico que lo envolvía se fue desvaneciendo, siendo el joven incluso incapaz de percibir su propia forma física. Aquel agujero oscuro a sus pies era todo lo que existía. 

Su mente desvarió ante las bajas defensas mentales del joven, y ante su descuido no dudó en martirizar de nuevo al joven absorto. Los rostros de sus padres acudieron a su mente. Aunque pocos, los momentos felices que tuvo con ellos se incrustaron en lo más profundo de su mente. Como fogonazos, aquellos escasos pero bonitos recuerdos acudieron a su mente como risas, conversaciones, imágenes... La figura de Davis se encogió apoyando la cabeza contra la pared. Sus lágrimas no cesaban. Su dolor aumentaba. La atracción que aquel agujero negro del desagüe ejercía sobre su mirada era cada vez mayor. Se tomó varios minutos martirizándose en silencio bajo el agua caliente hasta que decidió cerrar el grifo y abandonar la ducha.

Haciéndose con una toalla, el joven se cubrió de cintura para abajo mientras sus pies desnudos recorrían el baño hasta el espejo más cercano. Su rostro apareció cuando su propia mano dibujo un camino entre su propio reflejo y la fina capa de vapor que lo eclipsaba. Davis se quedó observándose por varios minutos, aún con su cabello húmedo goteando. La sala envuelta en el vapor y en los dorados tonos de las luces de la estancia, había finalmente sucumbido a un basto silencio. Ya no le quedaban lágrimas que derramar, pero aún así el dolor era devastador.

Primero Tom, y ahora sus padres. No había empezado a superar la primera tragedia cuando otra le golpeó de lleno. Fue una muerte tras otra. Su rostro en el reflejo era inexpresivo. Sus ojos estaban hinchados y enrojecidos. Su mente quedó completamente en blanco, hechizada por su propio reflejo en el espejo.

¿Y ahora qué? ¿Qué haría de ahora en adelante? ¿Qué debía de hacer exactamente? ¿Qué sería de él ahora? No era más que un joven que acababa de perder a sus padres, cuya ciudad en la que vivía había sido devastada por una horrible tragedia que lo obligaba a tener que abandonarla. Sin una casa a la que volver, sin amigos con los que estar, sin sus padres, sin un futuro... No tenía siquiera a donde ir aunque saliese de la ciudad con vida. 

Estaba solo de ahora en adelante. Iría con Kyle a la base militar a estar a salvo, luego lo evacuarían y después... ¿Después qué? Sin hogar, sin dinero, sin saber a donde ir o qué hacer. Completamente solo. Un futuro incierto se abría ante él. Un futuro en el que la vida lo dejaría a su suerte. El joven cerró los ojos con fuerza unos instantes, y sin querer pensar en nada más, se frotó la sien suspirando.

Ya estaba harto de sentir aquella presión en el pecho. Estaba harto de aquellas lágrimas, y de la incesante tortura mental a la que se estaba viendo expuesto ante un maldito cerebro que no dejaba una y otra vez de llenarlo de remordimientos y dudas recordándole constantemente las tragedias que habían tenido lugar aquel día. Davis negó violentamente con la cabeza.

Apretó los dientes con fuerte, y entre gruñidos trataba de deshacerse de aquellos pensamientos que cuanto más trataba de olvidar, más le acosaban. El joven abrió súbitamente los ojos, y propinó contra el espejo un puñetazo ante un ataque de ira repentina. Kyle escuchó el cristal estallar desde la planta baja, y de inmediato subió las escaleras dirigiéndose al baño en cuestión. Tocó la puerta con los nudillos para comprobar que el joven estuviese bien.

—¿Qué fue eso, Davis? ¿Estás bien? —preguntó tocando una vez más a la puerta. El joven soldado no obtuvo respuesta. —¡¿Davis?!

—Eh... Sí, sí, yo.. sí... estoy bien... —contestó tras varios segundos en silencio. —Se me ha caído un frasco de cristal de uno de los armarios. No es nada.

—Ah, ya veo. Bueno, ve dándote prisa, cuanto antes partamos mejor.

—Sí.

Kyle volvió a descender las escaleras para dirigirse al salón, quería ver la televisión y comprobar si las noticias estaban transmitiendo lo que sucedía en la ciudad. Davis agarraba su temblorosa mano derecha ensangrentada. Gota a gota su sangre caía derramada al suelo mientras el joven apretaba los dientes soportando el dolor. El espejo ya no reflejaba rostro alguno. Fragmentos de cristal yacían tirados sobre el lavabo y el suelo. Davis procuraba no pisar mientras se dirigía a un pequeño armario en el que guardaba un botiquín con algunas cosas para tratar la herida, en cuanto lo hiciese se terminaría de secar, se cambiaría de ropa, y se prepararía para partir en dirección a ese futuro incierto que tanto temía.

Kyle bajó el volumen de la televisión cuando un extraño sonido provino desde el exterior. Levantándose del sillón con fusil en mano, se dirigió a la zona trasera de la casa en dirección al jardín. Fue a abrir las puertas correderas de cristal que llevaban al lugar en cuestión, que para su sorpresa estaban con el seguro quitado. Simplemente estaban corridas hacia un lado, dando el falso aspecto de estar cerradas. 

No veía nada fuera a través de los cristales, por lo que con cuidado deslizó la puerta internándose en el jardín. La luz del sol iluminaba bien la zona. Solo veía flores, arbustos y algún que otro árbol, no parecía que un zombi pudiese ocultarse a primera vista. No eran lo suficientemente inteligentes como para esconderse y pasar desapercibidos.

Fue entonces que un leve movimiento atrajo su mirada hacia unos arbustos. Al momento pensó que era el viento, pero tardó unos segundos en percatarse que no había movimientos de aire alguno que pudiese mecer ni una sola brizna de hierba de aquel jardín. Sus ojos se centraron en aquel conjunto de matorrales. No había nada, pero al mismo tiempo había algo. No era capaz de percibir a simple vista el qué, por lo que simplemente decidió apuntar lentamente con su fusil a los matorrales, sin apartar la vista de ellos. Finalmente pudo verlo. Lentamente una monstruosa figura se comenzó a materializar. 

Un par de ojos rojos, y una amplia boca dentada pudieron ser percibidos por los ojos de Kyle. Lentamente aquel ser humanoide con aspecto de reptil comenzó a levantarse sobre sus patas traseras, extendiendo dos pares de brazos exponiendo una marcada musculatura. Dio un par de pasos saliendo de entre los arbustos, observando al soldado con ojos depredadores mientras movía lentamente a izquierda y a derecha una larga y gruesa cola escamosa. Kyle no pudo evitar fijarse en aquellos dedos largos en forma de garfios que podían cortar huesos y carne sin dificultad alguna.

Kyle arrugó el rostro ante la asquerosa visión de tan odiado ser. Ya se había enfrentado a otros de esa clase anteriormente. Eran unos auténticos hijos de puta come plomo. Su único punto débil era toda zona del cuerpo donde las escamas no le cubrieran, pues estas eran tan duras que le otorgaba la misma función que un chaleco antibalas. 

Inteligentes, salvajes, hábiles con la cola y las garras, eran capaces de cooperar entre varios de su misma clase, y ni que hablar de su problemática habilidad de mimetizaje. Unos instantes de silencio transcurrieron entre humano y criatura, quienes intercambiando miradas eran muy conscientes de la situación que se abría entre ambos. Matar o ser matado.

Una lluvia de balas salió despedida desde el fusil de Kyle hacia el ser reptiliano, quien en respuesta se giró dándole la espalda al soldado, cubriéndose de los tiros con su coraza. De un salto trepó a uno de los árboles más cercanos desplazándose por este con la ayuda de los garfios que tenía como garras. 

Kyle corrió tratando de rodear el árbol en busca de un punto descubierto de la criatura, quien intuyendo la acción del humano, lanzó un potente barrido de su cola en cuanto este se acercó al árbol. Evadiendo de un salto hacia atrás el golpe, una nueva serie de disparos fueron lanzados hacia el rostro parcialmente expuesto del monstruos, quien de inmediato se cubrió con uno de sus brazos. Los disparos fueron repelidos como la vez anterior.

Sintiéndose acorralada, la criatura trepó veloz por las ramas sintiendo como las balas del fusil  rebotaban contra sus escamas. Tan pronto como alcanzó la copa del árbol saltó hacia Kyle con sus garfios en alto, quien ante la tentativa de ataque se lanzó por el suelo realizando una voltereta para evadir el golpe. Tras efectuarla, se levantó para encarar con su arma a la criatura que se disponía ya en el suelo a lanzarse contra él. Un sonoro choque metálico se escuchó cuando Kyle tuvo que protegerse con el cuerpo del arma ante un veloz manotazo de la criatura. De no ser por la acción defensiva del joven, aquel manotazo hubiera desgarrado todo su rostro con extrema facilidad.

—¡Tsk! ¡Maldito cabrón insistente! —exclamó.

Kyle retrocedió varios metros liberando pequeñas ráfagas de la metralla de su fusil. En respuesta la criatura emitió un potente y desagradable grito. El sonido que emanaba desde lo profundo de su garganta era realmente insoportable, tentándole a soltar el arma para taparse los oídos. Aquel sonido podía compararse con el de alguien arañando una pizarra, solo que cien veces peor. Kyle sabía lo que venía ahora. Tras luchar contra varios monstruos de aquella misma clase, había aprendido el patrón de ataque de estas. 

La criatura corrió hacia su objetivo impulsándose con sus patas traseras y sus dos pares de manos, imitando a un animal cuadrúpedo a la carrera. El soldado, carente de cualquier lógica instintiva corrió hacia el monstruo, empuñando fuertemente su fusil. El reptil humanoide dio un extraordinario salto extendiendo sus cuatro fornidos brazos escamosos. En un abrir y cerrar de ojos acortó la distancia con su víctima, buscando caer sobre él y despedazarlo en aquel preciso instante.

Adelantándose a aquel ataque, Kyle se derrapó por el suelo apretando con fuerza el gatillo de su arma. Una hilera de proyectiles salieron disparados del cañón del fusil, directos al torso expuesto del ser que aún se desplazaba por el aire en pleno salto. El monstruo sobrepasó al joven soldado, precipitándose bruscamente contra el suelo, y rodando hasta unos matorrales cercanos. 

 —¡Chúpate esa cabrón! —exclamó con júbilo poniéndose rápidamente en pie.

La criatura se incorporó torpemente sobre el suelo. Siete orificios de bala se habían abierto por todo su torso. La criatura profirió un dolorido gruñido mientras su sangre se derramaba sin cesar.

—¡¡Kyle!! 

Davis llegó al jardín con escopeta en mano sorprendiendo al soldado y a la criatura.

—¡¡Vuelve dentro!! —advirtió con preocupación.

Davis apenas tuvo unos instantes para reaccionar a tiempo. Como un relámpago, y a pesar de su heridas, el monstruo saltó hacia el recién llegado, quien logró apartase de su trayectoria lanzándose hacia un lado. Como una bola de demolición el monstruo atravesó las puertas correderas ingresando al interior de la vivienda ocasionando algunos destrozos. Davis se reagrupó con Kyle rápidamente. La criatura herida observó al dúo, e irguiéndose sobre sus patas traseras comenzó a emitir una secuencia de gritos de distintos tonos y duraciones. Kyle no tardó en percatarse de lo que estaba haciendo. 

—Está llamando a otros de su especie. —reveló a su compañero.  Si hay algunos por la zona acabarán viniendo. 

—¡Tenemos que detenerlo!

El monstruo interrumpió su llamada cuando fusil y escopeta rugieron al unísono. El monstruo trató torpemente cubrirse, pero el salón era muy estrecho y lleno de obstáculos como para poder moverse con libertad. Su voluminoso cuerpo y gran tamaño también le dificultaba huir de los disparos en aquel lugar. Tan solo podía huir hacia el jardín. Cubriéndose como podía, saltó directo hacia los dos humanos que apretaban los gatillos de sus armas sin cesar. Davis y Kyle se apartaron de su trayectoria separándose el uno del otro. 

La criatura se giró hacia Kyle lanzando un manotazo tratando de decapitarle, pero este se agachó evadiendo la ofensiva enemiga. Tan rápido como lo evadió, retrocedió dando varios saltos y alzando nuevamente el arma para apretar el gatillo. Varios disparos dieron de lleno perforando el abdomen del monstruo. No tuvo tiempo de quejarse del dolor cuando un sonido a su espalda lo obligó a girarse. Un potente escopetazo perforó su torso lanzándolo violentamente contra el tronco del árbol que anteriormente trepó.
 
El monstruo trataba torpemente de incorporase apoyándose en el tronco del árbol. Sus atacantes lo encararon rápidamente con las armas alzadas. La sangre emanaba de sus heridas a borbotones, y estaba demasiado débil incluso para huir o defenderse. Todo lo que podía hacer era mostrarle los dientes al dúo entre gruñidos, como símbolo de resistencia a caer derrotado. De poco le valió cuando escopeta y fusil fueron disparados a bocajarro, acabando con su vida de inmediato.

—¿Ese era uno de los monstruos que mencionaste? —preguntó Davis acercándose con cautela al cadáver de la criatura. — Es increíble... Parece un hombre lagarto, o cocodrilo por las escamas. ¿Cómo puede existir algo así? —preguntó el joven tan maravillado como horrorizado. —¿Viste esos cuatro brazos? Están realmente musculados. ¿Y esos garfios que tiene por garras? Podrían cortarte como si fueras papel. Y no halemos de la cola, si te golpea con eso de seguro te rompe algún hueso. 

—Sí, es increíble. Espero que no nos encontremos con más cabrones de estos en un tiempo. —suspiró Kyle acercándose. —Hemos tenido suerte de que solo fuese uno, normalmente van en grupos y tienen a un líder.

—¿En grupo? ¿Líder? ¡¿Es que estos monstruos piensan?! —exclamó el joven muy sorprendido.

—Parecen tener un mínimo de inteligencia, por lo demás son como otros animales depredadores que cazan en manadas, igual que los lobos. Se camuflan con el ambiente y te acechan antes de atacar. —explicó Kyle. —Este no es el único, hay monstruos de otras clases. De entre los que he visto, estos son los más inteligentes y peligrosos en mi opinión. La capacidad de coordinarse y atacar en grupo, ese mínimo de inteligencia, o incluso la coraza de la que le dotan sus escamas, lo hacen oponentes difíciles de tumbar. —Kyle deparó en la mano vendada de Davis. —¿Y esos vendajes? 

—Me corté con el frasco que se rompió al intentar recoger los cristales. —respondió sin darle mas importancia.

—Ya veo. —respondió. Tenemos que irnos, puede que más cosas de esas vengan.

—Aún necesito coger una última cosa antes de irnos.

Ambos ingresaron nuevamente en el salón, ahora destrozado por la intervención de la criatura.

—Está bien, pero espabila. No quiero quedarme demasiado tiempo aquí y tentar a la suerte.

—No tardo. —contestó el joven.

Davis ascendió nuevamente por las escaleras a la planta superior. Ingresó a su habitación, y recuperó todo el equipamiento con el que había estado viajando. Ahora que se había duchado y cambiado de ropa, solo le quedaba una última cosa que hacer antes de abandonar para siempre el lugar que fue su hogar. Sus pasos se dirigieron nuevamente al dormitorio de sus padres. 

El joven dirigió su vista a los cuerpos sin vida que yacían en la cama. Aquella visión le hizo sentir una fuerte punzada en el pecho que lo forzó a desviar la mirada y resoplar. No podía de nuevo pararse a derramar lágrimas por la tragedia. No era momento para aquello, además de que no estaba siquiera seguro de que le quedara alguna más que derramar.

No quería estar allí mucho tiempo, cuanto antes saliera de aquella habitación mejor para él. Sus pasos lo llevaron a un ropero grande. Tras abrir sus puertas vio gran conjunto de ropa colgada en perchas, y bajo estas, un baúl amplio que el joven abrió. Álbumes y álbumes de fotografías permanecían allí guardados, e incluso algunos cuadros que tiempo atrás estuvieron colgados en las paredes de la casa. Davis era consciente de ello, y su mano se dirigió a un pequeño portafotos en cuestión que observó nada más agarrarlo.

Era una vieja fotografía familiar. De fondo se observaba el jardín de la casa, verde e iluminado por los rayos de la cálida primavera. En la imagen el jardín lucía mucho más bonito y cuidado de lo que actualmente estaba. Rosas, claveles, tulipanes y otras coloridas flores ocupaban el lugar en el que ahora se encontraban feos arbustos y matorrales. La pareja lucía con una sonrisa radiante uno al lado del otro. Su padre tomaba con una mano a su madre de la cintura, mientras esta apoyaba la cabeza en el hombro de su marido.

Junto a la pareja estaba el propio Davis con solo once años. El chico mostraba a cámara una amplia sonrisa, y una mirada juguetona. En la foto tomaba de la mano a una chica un par de años menor que él, con quien compartía algunos rasgos físicos. Se trataba de su hermana, Sara Taylor. Imitando a su hermano, la chica miraba alegremente a cámara.

—Una familia feliz... —Davis desmontó el marco y sacó la foto mirando detrás de esta. —Veintisiete de mayo del dos mil cuatro. Poco más de ocho años han pasado ya desde la foto. Que rápido pasa el tiempo, ¿verdad? —susurró el joven con una triste sonrisa mirando de reojo los cadáveres tendidos en la cama.

El joven guardó en uno de sus bolsillos la foto, junto al llavero que le regaló Tom. Tras recoger todo y cerrar el armario, se percató de como entre los libros de una repisa cercana sobresalía un papel. No se había fijado anteriormente en ello, por lo que se acercó a comprobar de que se trataba. Era un folio doblado a la mitad con algo escrito, una carta.

Cariño, si estás leyendo esto, perdónanos. No podíamos más. Ver tanto caos y muerte... El fin se avecina. Ya han llegado al barrio los monstruos. Hemos visto a nuestros vecinos y amigos más cercanos morir a manos de esas cosas, incluso ellos mismos transformados trataron de atacarnos, pero nos encerramos en casa y no pudieron entrar. 

Ahora, ahora los escuchamos. Están golpeando las ventanas y las puertas, con ese gemido tan espeluznante. No podemos más con esto. Sin amigos, sin familia, sin tu hermana, ni siquiera sabemos si tú estás bien... Si aún sigues de viaje o ya estás en la ciudad. Si aún estás vivo o muerto.

No podemos más. Estamos asustados. No sabemos que hacer. No sabemos a donde ir. No sabemos si debemos esperarte por si vuelves, pues quizás nunca lo hagas. Simplemente no podemos aguantar más. Aún siguen abajo aporreando la puerta, tenemos miedo de que entren. Ya es suficiente. Ya hemos aguantado demasiadas desgracias, y ahora esto. 

No podemos más, cariño. Tu padre y yo hemos tomado una decisión. Para evitar transformarnos en esas cosas y acabar haciéndonos daño entre nosotros, Davis, el suicidio es nuestra elección. Esa es la salvación que hemos elegido para nosotros.

Tu padre y yo somos conscientes de que no hemos sido tan buenos padres como deberíamos. No hemos estado muchas veces cuando nos has necesitado en momentos importantes de tu vida. Nunca te hemos dicho lo orgullosos que estábamos de ti, ni te hemos dado toda la atención y el cariño que necesitabas tras lo que sucedió hace ya tantos años, pero que aún recordamos como si fuese ayer mismo. 

Hijo mío, te pedimos de corazón disculpas por no haber sido los padres que debimos ser. Éramos consciente de como tu personalidad fue cambiando. Sabíamos que sufrías por dentro, pero aún así, decidimos ignorarlo engañándonos a nosotros mismos, justificándolo como algo de la edad, algo que pasaría con el tiempo, hasta que al final fue demasiado tarde. 

Naciste como un tipo de persona, pero acabaste volviéndote en otra muy distinta. Éramos conscientes de todos tus problemas, y aún así no actuamos por egoísmo, solo pensamos en nuestro propio sufrimiento. Tratamos de fingir ser una familia feliz y unida para auto engañarnos, aunque eso solo nos hería más, a nosotros y a ti. Hace mucho que no te hemos vuelto a ver sonreír feliz, y hace mucho que no hemos vuelto a escuchar tu risa, por lo menos delante de nosotros, entre estas paredes. 

Davis, no sabemos si estás vivo o muerto, pero si lo estás y si has vuelto a casa, te dejamos esta última carta, este testamento, para decirte desde lo más profundo de nuestro corazón, perdón. Perdón por todo lo que has pasado por nuestra culpa. Lo sentimos de verdad, hijo.

Si estás muerto nos reuniremos pronto contigo y con tu hermana, y si no ha sido en esta vida, espero que en la otra podamos estar los cuatro juntos y podamos ser los padres que no pudimos ser en vida. Si sigues vivo, y estás leyendo esta carta, o no, por favor, como última voluntad nuestra, sé feliz, no por nosotros, hazlo por ti. 

Empieza de cero. Sigue adelante sin importar las circunstancias. Conoce a gente, busca trabajo, vive experiencias, enamórate, forma una familia y ámala con todo tu corazón, no hagas lo que nosotros. No cometas nuestros mismos errores. Construye un futuro y una vida de la que puedas estar orgulloso y de la que disfrutar. Sonríe, y no dejes de buscar la felicidad. Vive. Con todo el amor de nuestro corazón.

Izan y Janeth Taylor.
Te queremos, Davis.


Un par de lágrimas descendieron por las mejillas del muchacho. Davis suspiró pesadamente antes de limpiárselas con el dorso de la mano. Entonces se sentó a los pies de la cama, aún con la carta en sus manos, y permaneció unos momentos observando la estancia de espalda a los cuerpos de sus padres. Tras tomarse unos instantes para controlar sus emociones, se puso en pie dejando la carta en la cama, y lentamente se marchó hacia la puerta. Agarrando ya el pomo, miró de nuevo a los cadáveres de sus padres.

—Os perdono. Yo también os quiero. —susurró el joven como última despedida. —Adiós.

Kyle había seguido viendo las noticias durante la ausencia de Davis. Antes de enfrentarse a la criatura en el jardín, había estado revisando los distintos canales de televisión. Tanto en los canales nacionales como en el local, emitían noticias sobre lo que sucedía en Stone City. Sin embargo en los canales nacionales, las noticias eran algo más difusas y se emitían a cuentagotas. En el canal de televisión local, las noticias se contaban con todo lujo de detalles, siendo lo único de lo que se informaba. El soldado no sabía hasta cuando podrían seguir emitiendo lo que sucedía en la ciudad, pero sin dudas aquel canal era el idóneo para saber exactamente que estaba sucediendo en Stone a tiempo real. 

Kyle pensó que el Gobierno de los Estados Unidos estaría usando su poder para controlar la información que salía de la ciudad y llegaba a los distintos medios de comunicación, aunque sin demasiado éxito. No podían controlar los medios de comunicación locales, pero sí podían hacer algo con los nacionales. Por internet, la gente de Stone se comunicaba con el exterior divulgando lo que sucedía en la ciudad por medio de las redes sociales, de aquella forma mucha gente estaba haciéndose eco de los sucesos. Las noticias hablaban de Stone City como un campo de batalla en el que el número de muertos y desaparecidos ascendían a miles. 

Kyle estaba preocupado. Hace unos momentos informaron de que la universidad explotó la noche anterior, aunque se desconocían los motivos. Y enormes hordas de zombis y criaturas varias habían logrado llegar hasta el centro de la ciudad atraídos por las masas de vivos que se confinaban en la base militar. Grupos de militares y cascos azules se habían agrupado para intentar frenar su avance. También se especulaba que las fuerzas policiales de Stone habían sido erradicadas. 

Las milicias que estaban confrontando a las hordas estaban levantando barricadas, y empleando armamento pesado, torretas, tanquetas e incluso explosivos. Kyle pensó que las cosas debían de estar yendo realmente mal para comenzar a usar armamento de esas características. No podía evitar preocuparse por su mujer y su hijo, quienes les esperaban en la base. Afortunadamente, esta estaba rodeada de grandes muros y otras defensas en caso de que las criaturas lograsen llegar a sus puertas. Las evacuaciones y rescates seguían llevándose a cabo por la ciudad, aunque muchos civiles iban por su cuenta a la base militar en busca de refugio.

Si hubo una noticia que lo alertó incluso más que el hecho de que las hordas llegasen al centro de la ciudad, fue la aparición de grupos militares no identificados que atacaban a los civiles y a los militares apostados en la ciudad. Se dedicaban a interceptar y asesinar a todo el que se dirigía a la base militar, aunque se desconocía el por qué de cometer aquellas atrocidades. La ciudad estaba sumida en el caos, se lamentó. ¿De dónde salía aquella milicia desconocida? ¿Por qué matar a gente inocente? ¿El Gobierno sabría algo sobre estos grupos armados?

Kyle apagó el televisor. No quería seguir viendo las noticias, estas no le daban más que disgustos. Kyle resopló. Iban a tener difícil el llegar al centro de la ciudad si tan mal estaban las cosas allí. Ahora comprendía por qué motivo no había tantos muertos vivientes por las calles, la mayoría estaba en el centro de la ciudad en busca de la gente que aún quedaba con vida.

—Parece que las cosas van mal. —comentó Davis sorprendiéndolo.

—¿Cuánto tiempo llevas aquí?

—Acabo de llegar. ¿Qué está pasando? Solo escuché lo de las milicias esas desconocidas que están asesinando a personas por la ciudad.

Kyle se rascó la nuca sabiendo que si le contaba acerca de la situación lo podría desanimar.

—¿Ya lo tienes todo? ¿Podemos irnos? —preguntó el soldado tratando de cambiar de tema.

—Sí, ya lo tengo todo. Será mejor que nos vayamos. —contestó el joven siendo el primero en marchar hacia la puerta.

Sin nada más que decir abandonaron la casa retomando el viaje a la base militar. De camino Kyle decidió contarle a Davis lo que habían dicho en las noticias. El joven se deprimió algo más al comprender que llegar a la base no sería un paseo agradable. Fue mientras continuaban andando y charlando cuando un fuerte sonido los alarmó desde el cielo. Una flota de helicópteros se acercaba volando sobre su posición.

—¿Son del Gobierno? —preguntó Davis alzando la voz.

—Lo dudo. —Kyle fijó entonces sus ojos en el helicóptero más cercano, viendo una imagen en uno de sus laterales.  Ese logotipo no lo había visto nunca.

—Es la cadena del ADN. —informó Davis. Es... gr... —el joven trataba de leer el nombre que lucía bajo el logotipo de los helicópteros que comenzaban a alejarse. No leo bien lo que pone.

Hasta una docena de vehículos aéreos con aquel logotipo sobrevolaron sus cabezas. Por medio de cadenas, algunos helicópteros trasladaban unas especies de cápsulas de acero de enormes proporciones. Sobre la superficie de estas, se veían números y letras escritas en blanco.

—Creo que se dirigen al centro de la ciudad. —teorizó Kyle. 

Entonces para sorpresa de ambos, un par de helicópteros se detuvieron en el aire, unos metros más adelante de donde ambos se encontraban detenidos. Las potentes aspas giraban con fuerza levantando una gran polvareda, forzando a Davis y Kyle a cubrirse el rostro y los ojos con sus manos. Con un sonido metálico, las cadenas se soltaron dejando caer una de las cápsulas y un gran cajón de metal. Con fuerza, estos cayeron al suelo formando un potente estruendo. Instantes después, ambos helicópteros comenzaron a alejarse abandonando rápidamente el lugar. 

—¿Qué demonios han soltado? 

—No lo sé. No te acerques, Davis. —aconsejó el soldado aproximándose con cautela a la cápsula de acero.

Kyle recordó a la milicia no identificada de las noticias. Sospechaba que aquellos helicópteros podían estar relacionados con ellos, por lo que prefería ser él quien comprobase de que se trataba todo aquello. La capsula tenía el nombre de Acteon inscrita en ella. Podía ver alguna clase de dispositivo con un monitor, y unas luces intermitentes rojas. Entonces, estas comenzaron a cambiar su tonalidad a una verde y fija. Cuando la última de ellas se puso de aquel color, la cápsula comenzó a emitir un ruido y a abrirse lentamente.

—¡Davis, quédate atrás! —advirtió el soldado vislumbrando una silueta en el interior de la cápsula. 

El joven vio al soldado alerta y alzando su arma, por lo que él decidió imitarlo desenfundando sus pistolas. Un gruñido se escuchó desde el interior de la cápsula, y Kyle pudo ver a la figura moverse. Tan pronto como la cápsula se abrió, el ser de su interior salió dejando boquiabiertos a la pareja. 

Se trataba de un ser humanoide que lucía como un hombre joven, de algo más de dos metros y medio de altura. Era de complexión delgada, pero increíblemente musculado. Desnudo, su cuerpo estaba cubierto por multitud de cicatrices de distintas longitudes y profundidades.  Carecía de órganos reproductores, y vello corporal. Su cabeza estaba también descubierta de pelo.

Los dedos de su mano izquierda se habían convertido en unas duras y afiladas garras óseas de al menos treinta centímetros de longitud, mientras que su mano derecha lucía normal. A Davis y Kyle les atraía la atención principalmente su rostro, el cual estaba plagado de feas cicatrices. Sin embargo, no era aquello lo que llamaba la atención de ambos, más bien se trataba de los ojos de la criatura. 

El ojo izquierdo inyectado en sangre, se movía alocadamente en todas direcciones, casi como si tuviese vida propia. El derecho, el derecho era aún mas extraño... Kyle tuvo que fijarse muy bien para percatarse de que aquello no era un ojo real, sino lo que aparentemente parecía, la lente de cristal de una cámara.

—Un arma Bio-Orgánica... —susurró un Kyle completamente asombrado. —Entonces, todo esto podría ser...

La criatura había permanecido inmóvil, hasta que finalmente se movió. Sus pasos se dirigieron al cajón de acero, el cual abrió bruscamente para acceder a su contenido. Los ojos de Kyle se abrieron de par en par al ver de que se trataba. Un arma con un enorme poder destructivo. Se trataba de una Gatling equipada con una tremenda caja metálica que se equipaba a la espalda, y que contenía la munición de aquel letal arma. 

Kyle no se lo pensó y abrió fuego antes de que la criatura se hiciese con el arma. Esta en respuesta, dejó lo que estaba haciendo al sentir las balas del fusil militar perforando su costado. No mostraba signo alguno de dolor ante los disparos. El monstruo gruñó y dirigió su atención al dúo, al que empezó a dirigirse a paso ligero.

—¡¡Cuidado, Davis!! ¡¡Mantente detrás de mi!!

—¡¡De acuerdo!!

Sus pasos se aligeraban cada vez más y más, acortando los metros que lo separaba de los humanos. Entonces la caminata se volvió una carrera hacia sus objetivos, y alzando su garra saltó hacia ambos chicos buscando empalarlos en el sitio. Davis y Kyle se separaron a tiempo, evitando que la criatura cayese sobre ellos. Con un rugido, esta se alzó en el sitio lanzando un veloz golpe con su garra en dirección al militar. 

Kyle se agachó evadiendo el golpe, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda ante la idea de que tan solo un segundo de duda hubiese terminado con él perdiendo la cabeza. El soldado se impulsó hacia atrás alejándose dando pequeños saltos. Varias ráfagas de proyectiles salieron disparados hacia el abdomen del humanoide. Haciendo caso omiso al dolor de las balas que perforaron su estómago, se encaminó de nuevo hacia el hombre armado. Pasos lentos, pero decididos. 

Davis apareció por su espalda disparando con sus pistolas. Varias balas perforaron de lleno la espalda del monstruo, pero este no reaccionó de ninguna manera al dolor. Como un relámpago, la criatura hizo un movimientos brusco girándose, y trató de atrapar al joven con su mano derecha. Por puro instinto, el joven dio un gran salto hacia atrás evitando que aquella gran mano lo atrapase. Sin embargo, la ofensiva no quedó ahí. No contento con que el chico se le escapara, el humanoide dio una gran zancada acortando la distancias. 

La garra chirrió al rozar contra el asfalto, y como si de un gancho alto se tratase, esta ascendió hacia el mentón del joven. Davis ladeó el torso evitando que aquellas afiladas prolongaciones lo abriesen en canal, por tan solo unos escasos centímetros. Davis retrocedió rápido. Varios proyectiles de 9 milímetros perforaron la garganta y el hombro izquierdo de la criatura. En respuesta, esta encajó una patada en el abdomen del muchacho, lanzándolo a varios metros de distancia contra un vehículo cercano.

—¡¡¡DAVIIIIIIIS!!! —gritó el joven soldado. —¡Davis, responde! ¡Levántate!

El joven no respondía. Le preocupaba que aquel golpe lo hubiese matado. ¡Maldita sea! Kyle no sabía como combatirla. No importaba cuanto le disparasen, ni quiera parecía sentir las balas perforando su cuerpo. ¿Acaso era inmortal? Aquella condenada cosa estaba a otro nivel respecto a los monstruos con los que se enfrentó anteriormente. Parecía imparable. Kyle apretó nuevamente el gatillo, perforando la nuca y la espalda del monstruo, quien impasible, se giro dirigiendo sus pasos hacia él.

—¿Qué demonios eres, maldito engendro?

Abdomen, nuca, garganta, costado, hombro y pecho fueron perforados por las pistolas de Davis y el fusil militar de Kyle, y aún así aquel monstruo continuaba en pie. ¡¿Qué demonios había que hacer para matarlo?! Kyle apretó los dientes tensando la mandíbula. Su fusil no dejaba de escupir proyectiles contra el abominable ser. Necesitaba encontrar otra forma de atacar. Necesitaba algo más potente. ¡¡Eso es!! Acababa de recordar que aún le quedaba una. El joven se llevó la mano a su cinturón para comprobar que aún le quedaba una granada. Debía de encontrar la oportunidad para lanzársela.

Davis comenzó a reaccionar, soportando en silencio el dolor de su abdomen y espalda. Con dificultad, se puso en pie viendo como el humanoide se aproximaba a Kyle. Enfundó las pistolas y agarró su escopeta, arma que le había amortiguado parcialmente el impacto contra el coche. Kyle efectuó una rápida recarga de su fusil y apuntó al ser que se dirigía lentamente a él. 

¡¡¡¡¡BAAAAAAAAAAAM!!!!! 

Un potente escopetazo impactó de lleno en la espalda de la criatura deteniéndola por unos instantes. Kyle se apresuró a apuntar con su fusil una vez efectuada la recarga. La criatura, percatándose de la tentativa de ataque del soldado cambió de objetivo. Con un potente rugido corrió hacia el soldado, quien de inmediato colocó el dedo en su gatillo dispuesto a...

—¡¿Pero qué demonios?!—exclamó el soldado incapaz de disparar.

Con una velocidad y agilidad sorprendente, la criatura corrió a gran velocidad zigzagueando haciendo imposible que Kyle tuviese un disparo claro. No podía dejar que se acercara, de lo contrario lo empalaría con la garra. Menos de veinte metros quedaban entre su localización y la de la criatura.

—¡¡¡DAVIS, USA LAS PISTOLAS!!! —gritó al chico a lo lejos.

—¡¡¡DE ACUERDO!!!

Davis cambió la escopeta por las pistolas. Varios proyectiles fueron liberados con cuidado de que una bala perdida no impactase en Kyle. El soldado abrió fuego, y la criatura dio un salto tremendo sobre un vehículo estacionado en el margen izquierdo de la calle, aplastándolo y reventando todos sus cristales. Ante la incesante lluvia de disparos, la criatura ejerció un segundo salto a un vehículo estacionado en el margen derecho de la calle. Nuevamente repitió el movimiento, saltando hacia un tercer vehículo estacionado en el margen izquierdo.

En tan solo unos momentos aquella cosa recorrió toda la distancia hacia el soldado, evadiendo todos los disparos. Finalmente logró ponerse a la altura de su objetivo. El rostro de Kyle se desencajó cuando la criatura, sobre el vehículo, flexionó las rodillas mientras lo miraba directamente a los ojos. El soldado lo entendió de inmediato. Se impulsaría contra él llevándoselo por delante.

El monstruo rugió, y la criatura se impulsó saliendo volando como una bala hacia Kyle. De no ser por un traspiés que lo hizo caer de culo al suelo, hubiese acabado hecho trizas. Al no chocar contra el cuerpo del soldado, la criatura impulsada como una bala de cañón atravesó el muro de una vivienda cercana creando un enorme boquete en su estructura.

El joven asustado se levantó rápidamente. Por un momento pensó que iba a morir de no ser por aquel golpe de suerte. Davis se acercó rápidamente a Kyle. El tejado de la vivienda saltó por los aires cuando la criatura apareció de un salto creando un agujero en el techo. El monstruo dio un potente grito al salir del agujero que hizo en el techo, y de inmediato su mirada se encontró con el soldado y el joven, quienes armados le apuntaban a unos metros desde el suelo.

No solo Kyle, Davis también estaba aterrorizado. Aquel monstruo era aparentemente inmortal, pues había sobrevivido a una gran cantidad de disparos de distintos calibre en diversas zonas de su cuerpo sin inmutarse ante estos. No se detenía. Su fuerza, velocidad y agilidad eran increíbles, por no hablar de que poseía algo de inteligencia al haberse adelantado a algunos de sus ataques. Aquello era un auténtico monstruo. Ambos intercambiaron miradas.

¿Debían de huir? ¿Tal vez permanecer aún luchando con la insana esperanza de derrotar a semejante abominación? Peor aún... ¿Lograrían sobrevivir ante semejante criatura enloquecida? Las manos de Davis temblaban mientras permanecía con sus pistolas alzadas. Estaba cansado y dolorido. Kyle tensaba mucho la mandíbula a la vez que mostraba un entrecejo bien fruncido, y su frente se llenaba de gotas de sudor. Lo tenían crudo. Aquel ser no les dejaría escapar, y lo sabían. Necesitarían de un milagro para tumbar a ese tragaplomo.

La criatura dio un paso, y luego otro, y otro más, hasta que tranquilamente de un salto bajó del tejado al suelo. Ambos tragaron saliva nerviosos. Aquella actitud tranquila por parte de la criatura la hacía aún más terrorífica ante ellos. Era como si pudiese oler o sentir el miedo en en ellos. Inteligentemente, era como si lo disfrutara, mostrándose tranquilo y seguro ante el desenlace de aquella batalla, subestimando a aquel par de mequetrefes armados que pronto serían aplastados como unos despreciables y débiles insectos bajo su pie. Kyle y Davis sin dejar de apuntar comenzaron a retroceder, viendo como este se preparaba para salir del terreno de la casa por el boquete que hizo al impactar contra el muro de ladrillos que la rodeaba.

—¿Qué hacemos, Kyle?

—No... No estoy seguro, Davis...

—¿Y si huimos?

—No tiene sentido. En cuanto nos giremos nos alcanzará corriendo y nos empalará por la espalda.

Davis no supo que contestar, estaba nervioso. Su mente no dejaba de dar vueltas buscando alguna alternativa, pero ninguna se le ocurría.

—Entonces... Solo podemos luchar... —comentó el joven.

—Necesitamos de un milagro para salir con vida, Davis.

—Sí, soy consciente.

La criatura salió tranquilamente por el boquete y se detuvo unos instantes viendo como sus enemigos continuaban retrocediendo con sus armas en alto, sin darle la espalda tratando de mantener distancias con él. Entonces aquel ser desvió su camino para acercarse a paso ligero hacia un conjunto de vehículos cercanos mal estacionados y abandonados por sus dueños. Tras llegar a estos se detuvo y miró una vez mas al dúo.

—Ten cuidado, Davis, parece que planea algo...

—Estoy preparado.

Ambos detuvieron sus pasos tras considerar haberse alejando lo suficiente de la criatura, y con sus armas listas y los dedos en los gatillos esperaron a ver su próximo movimiento. El humanoide miró al vehículo mas cercano, y encorvándose ligeramente agarró con la mano derecha el morro de este deformándolo con los dedos de sus manos. Entre gruñidos comenzó a levantar el vehículo poco a poco, haciendo que las ruedas se elevasen del asfalto de la carretera.

Kyle vio su oportunidad.

—¡¡Davis, dispárale!! ¡¡Ahora!! —ordenó el joven soldado.

El joven comenzó a apretar rápidamente los gatillos de sus pistolas liberando una rápida lluvia de metralla contra el perfil izquierdo de la criatura. Los disparos dieron de lleno en muslo, costado, brazo, hombro y cuello, pero aún así, aquel hijo de la gran puta apenas se inmutaba. Kyle sacó la granada de mano que aún guardaba, era la última y ya sabía con que usarla.

—¡¿Una granada?! —exclamó el joven sorprendido. —¡¿No nos alcanzará la explosión?!

—Tendremos que correr en cuanto la lance para alejarnos todo lo posible. —contestó el hombre quitando la anilla. —¡Trágate esto, cabronazo! —exclamó instantes antes de tirarla hacia la figura de la criatura que ya alzaba el vehículo por encima de su cabeza preparado para lanzarlo. —¡¡Corre!!

El dúo se alejó tanto como pudo. Necesitaban alejarse de la explosión para no ser afectados por esta. Si aquello no lo mataba... No, aquello debía de matarlo, seguro. ¿Qué podía sobrevivir ante una explosión de una granada? La criatura descendió la mirada al suelo al ver un objeto pequeño rodar hasta sus pies. Ladeó la cabeza como si tratase de comprender que era aquel pequeño objeto rodante, fue entonces cuando este reventó desencadenando una potente y sonora explosión que hizo estallar los coches cercanos. Davis y Kyle detuvieron sus pasos y se giraron para ver el resultado. Nada quedaba. A causa de la explosión los vehículos reventaron y la zona era pasto de las llamas. Aquello y las negras columnas ascendientes de humo era lo único que se observaba. Ni rastro del monstruo.

Davis y Kyle jadeaban agotados, pero a pesar de ello una sonrisa se dibujó en el rostro de ambos. Por fin, por fin acabaron con aquel hijo de la grandísima puta de una vez por todas. La amenaza había sido erradicada, podían estar tranquilos. Kyle miró a Davis colocando la mano en su hombro antes de alzar el pulgar con una sonrisa en el rostro. El dúo no pudo evitar reír de alegría al haber logrado sobrevivir a aquel combate. Pero entonces, las risas de Davis cesaron y su sonrisa quedó fulminada.

—¿Qué sucede, Davis? —preguntó Kyle a medida que su alegría iba desapareciendo rápidamente.

Davis sin decir nada alzó el dedo señalando en una dirección. 

—Dios... —susurró Kyle al mirar y hallar rápidamente la fuente de la preocupación del joven. —Es... imposible... ¿Cómo?...

Las columnas de humo comenzaron a desvanecerse, y entre las ardientes llamas una silueta oscura podía apreciarse. En pie, aún sosteniendo el vehículo calcinado sobre su cabeza, el monstruoso ser permanecía impasible ante las ardientes llamas. 

—Es un demonio... —susurró Kyle.

—¡¡Cuidado!! —advirtió Davis cuando la figura procedió a lanzar el vehículo contra ellos.

Como un pesado y gigantesco proyectil, el coche salió disparado atravesando las columnas de humo en dirección a donde los dos chicos se localizaban. Kyle empujó a Davis al suelo instantes antes de lanzarse él también evadiendo el gran objeto arrojadizo. El vehículo cayó a una distancia peligrosa del dúo antes de rebotar y empezar a ejecutar una serie de vueltas de campana en el aire para acabar por colisionar contra otro vehículo próximo. Davis y Kyle quedaron tan impresionados como horrorizados ante la fuerza de semejante ser al utilizar un coche como arma arrojadiza.

—¡¡Kyle, detrás de ti!! —advirtió Davis aún tendido en el suelo.

Tan rápido como pudo, el soldado se levantó y volteó con el arma entre sus manos. Sin embargo, la cercanía con la criatura era tal que tan solo con extender el brazo podía tocarlo. Tratando de vencer a su impresión, ascendió la mira del arma contra el rostro de la criatura dispuesto a apretar el gatillo, pero antes de poder hacerlo siquiera, su fusil fue rápidamente arrebatado de sus manos. Aquel ser tomó el arma del soldado, y empleándolo como una porra golpeó las piernas del soldado devolviéndolo al suelo. Gritando de dolor nada pudo hacer cuando la culata de su arma impactó sobre su cabeza, dejándolo inconsciente en el acto.

—¡¡¡KYLEEEEEEE!!! —chilló el joven completamente aterrorizado.

Dejando escurrir el cañón del fusil entre sus dedos, el gigante elevó su pie localizándolo sobre la cabeza del soldado inconsciente, dispuesto a reventarle el cráneo como si fuese una sandía. Pero cuando se disponía a hacerlo, unas malditas moscas representadas como balas de nueve milímetros le incordiaron perforándole el cuello. El humanoide vio entonces al otro chico en pie disparándole con sus pistolas. 

Ante un arrebato de ira desistió del soldado y corrió hacia el joven, que debido a la corta distancia nada pudo hacer cuando la mano del monstruo lo agarró del cuello elevándolo en el aire. No podía hacer nada. Sus pies no tocaban el suelo, y su respiración se iba cortando cuanto más se cerraba esa mano en torno a su cuello. Iba a morir, pensó perdiendo la conciencia. Ya todo lo que veía era negro, no había forma de resistirse. Era el fin.

Una explosión. Un golpe. Dolor. Voces. Su cuerpo se movía, alguien le tocaba. Olores, sensaciones, sonidos. Apenas sus sentidos estaban despiertos como para comprender que sucedía. No entendía lo que estaba pasando, solo sabía que no había muerto. El aire llenaba nuevamente sus pulmones, y extrañas voces acudían a sus oídos. ¿Le rescataron? ¿Quién? ¿Y Kyle? ¿Cargaban con él? ¿Murió el monstruo? ¿Qué sucedía? Aquellas preguntas invadieron la mente de un joven que apenas tenía un leve hilo de consciencia, pero para su desgracia ninguna de estas obtuvo respuesta. Antes de que pudiese darse cuenta, aquel leve rastro de consciencia se desvaneció hundiendo su mente en una negra oscuridad.

Un pesado silencio cayó, y el tiempo transcurrió. El humanoide tendido en el suelo tras haber sido víctima de un ataque sorpresa, abrió los ojos. Lentamente se incorporó. Sus objetivos ya no se encontraban allí. Debía de proseguir con su misión, por lo que lentamente se encaminó hacia el cajón metálico en donde la Gatling descansaba a la espera de ser equipada junto a su gran cajón metálico de munición. Había recibido una gran cantidad de daño en una gran parte de su cuerpo, prácticamente en el sesenta por ciento de este. 

Hombros, abdomen, piernas, brazos, cuello, y espalda, entre otras zonas. Aquel daño había sido ocasionado por proyectiles de pistola, fusil y escopeta, además de una granada. Las quemaduras de las llamas originadas por la explosión de esta y los vehículos cercanos, así como los daños recibidos por parte de un arma desconocida con una tasa de daño similar a la granada que le lanzó el soldado también eran algo a tener en cuenta. Muchos de sus órganos internos estaban dañados, pero aún así, su cuerpo había comenzado a regenerarse. Mientras no superase la tasa crítica de daño físico que podía recibir, su cuerpo se regeneraría automáticamente de manera natural por los efectos del virus de su cuerpo.

La criatura se equipó con la Gatling dispuesto a continuar con la misión para la que lo habían programado, pero sus oídos se hicieron eco de un sonido cercano que lo alarmó. Rápidamente giró la cabeza para ver a una mujer de cabellos castaños, quien con un rostro de puro terror se le heló la sangre en cuanto la criatura puso aquel ojo rojo enloquecido sobre ella. Sin dudas, la mujer debió de sentirse la persona más desgraciada del mundo, cuando oculta como una simple espectadora ante lo que varios minutos atrás había sucedido entre la criatura y aquellos chicos, había descubierto su posición al pisar por accidente una lata de refresco al tratar de huir sin hacer ruido. La criatura se acercó a ella a paso ligero.

—¡¡¡Arrrrrggggghhhhh!!! —gritó la joven mujer cayendo al suelo aterrorizada.

Para la sorpresa de la criatura, la mujer no parecía estar sola. Alzando la mirada a lo lejos, pudo observar a un grupo de cuatro individuos doblando una esquina accediendo a la calle en la que él y la mujer se encontraban. Los analizó con detenimiento. Dos hombres y dos mujeres le apuntaban con sus armas alzadas.

—¡¿Pero qué coño es eso?! —exclamó la mujer de rasgos asiáticos.

¡¡¡SOCORROOOOO!!! —suplicó la de cabellos castaños que gateaba marcha atrás sobre el asfalto alejándose de él.

¡¡¡RODEADLO, ATACAD EN TODAS DIRECCIONES!!! —ordenó un hombre calvo al resto del equipo.

Un nuevo combate estaba por librarse. Su cuerpo aún continuaba en proceso de regeneración, pero podría con ellos. Esta vez no los dejaría escapar como a los otros. Acabar con todos, aquella era su misión. El deber que se le encomendó era asesinar a todo ser humano que no perteneciese a la empresa que lo creó, ya fuesen civiles o soldados. No era más que un monstruo nacido para matar, y como tal haría su cometido. 

Poseía cierto grado de inteligencia, cierto grado de consciencia. Contaba con habilidades sobrehumanas, y conocimientos de combate. Dependiente de sus creadores, él era el arma bio-orgánica por excelencia, la más desarrollada y cualificada por sus creadores respecto a las otras criaturas. Viendo colocándose a sus nuevos adversarios listos para el combate, esta vez optaría por acabar rápido con ellos empleando su Gatling. Debía de asesinarlos, a todos.



#Sacedog

jueves, 12 de enero de 2017

RNH1: Pesadilla de un alma marchita

Capítulo 01 - Descenso a los infiernos

10 de Julio de 2012

La noche había caído sobre Stone City. Mirase por donde mirase no había señales de vida desde que había comenzado a internarse en los suburbios de la ciudad, al poco rato de separarse de su compañero. Un vasto silencio lo cubría todo. El sonido de sus pasos era lo único que sus oídos captaban, y el movimiento de su sombra proyectada bajo la luz blanquecina de las farolas era lo único que veía moverse. Una suave brisa veraniega mecía las ramas de los árboles cercanos. Por algún motivo, su instinto le decía que algo realmente malo había sucedido antes de que llegase a la ciudad.

Para el joven era cuanto menos desconcertante aquella tranquilidad, bastante atípica para una ciudad que incluso a aquellas horas de la noche, solía poseer bastante vida transitando por sus calles. No hacía tanto que había regresado de unas merecidas vacaciones de verano fuera de la ciudad. Fueron unas días idílicos junto a sus dos mejores amigos, en el que festejaron la finalización del curso universitario, y unas altas calificaciones.

Ni un alma se había visto desde que se separó de sus amigos, ni un solo sonido, ni un solo movimiento, tan solo sus pasos, su sombra y el viento. Tiempo atrás en Stone habían tomado una serie de extraños acontecimientos: gente desaparecida, cadáveres con marcas de mordeduras o desmembramientos, avistamientos de extraños rondando por el bosque, las afueras, y los límites de la ciudad, e incluso ataques a civiles por la zona de los avistamientos. Posteriormente algunos de esos ataques comenzaron a darse en los suburbios, en donde ahora mismo se encontraba.

Al principio se tomaron como rumores, o casos esporádicos a los que no se le prestaba demasiada atención. Con el tiempo los sucesos fueron en aumento, con ello la actividad policial en la ciudad, y a su vez, los medios de comunicación locales emitían más noticias sobre aquellos incidentes, incluso los medios nacionales y algunos internacionales, comenzaron a hacerse eco de aquello, aunque en bastante menor medida. La llegada de algunos grupos militares y organizaciones de fuera de la ciudad, junto a todo el secretismo que les acompañaban, tan solo echó más leña al asunto.

Muchos comenzaron a hablar de gente que moría para al poco regresar de entre los muertos y atacar a los vivos. Se hablaba de seres carentes de razón y capacidad de hablar, que buscaban saciar un voraz apetito por la carne humana, en otras palabras, zombis. Nadie creía en aquellas chorradas, aunque el termino "zombi" se volvió popular entre los habitantes de la ciudad. Muchos pensaban que sería más lógico imaginar a un grupo de psicópatas tras aquellos sucesos, que a seres de ultratumba. Ante toda aquella paranoia en la ciudad, no vio mejor momento para marcharse unos días fuera.

El joven adolescente detuvo sus pasos al captar una visión que lo llevó a paralizarse de inmediato. La brisa que había estado meciendo sus cortos cabellos oscuros se desvaneció de golpe, junto a la tranquilidad que invadía las calles que había estado recorriendo en total silencio. Los latidos de su corazón comenzaron a acelerarse ante el desolado panorama que en sus oscuros ojos se reflejaba. Por aquí y allá, bajo el sonido del crepitar de las llamas de los vehículos cercanos, varias decenas de cuerpos yacían por el suelo empapados en charcos de sangre. La luz del fuego y las farolas llenaban la carretera de sombras con extrañas figuras, y sobre la escena, la luna y las estrellas de aquel oscuro firmamento eran los testigos mudos de la catástrofe que allí había tenido lugar tiempo atrás.

Temeroso, con sus alarmas internas gritando, decidió avanzar al interior de la escena. Mirase por donde mirase, veía improvisadas barricadas formadas por mobiliario urbano y vehículos policiales, algunas aún permanecían en pie, y otras, parcialmente derruidas. Varias de las viviendas y locales próximos se veían dañados, y junto a estos, algunos vehículos abandonados eran pastos de las llamas. Por el suelo, los cadáveres eran fácilmente reconocibles por sus atuendos. Algunos iban uniformados con ropas militares, y otros con equipamiento policial. En menor medida, el joven podía ver cuerpos con ropas casuales, evidentemente civiles. Muchos de los cuerpos presentaban a simple vista mordeduras, e incluso mutilaciones.

El joven comprobó varias de las armas que yacían tiradas por el suelo, pero para su desgracia, la mayoría estaban descargadas. No sabía que había sucedido, pero fuese lo que fuese, lo que asesinó a aquellas personas podía seguir por la zona. Tras mucho rebuscar se hizo de un cinto con un par de fundas, un par de pistolas Glock 18, y algunos cargadores para sus nuevas armas.

Tras enfundar las pistolas cargadas, decidió que lo mejor era abandonar el escenario, debía de volver a casa para comprobar que sus padres estuviesen bien. Apenas avanzó unos metros, sus ojos depararon en una bolsa negra deportiva en el interior de uno de los vehículos policiales. El adolescente pensó que no le vendría mal encontrar algún arma de mayor tamaño, o incluso más munición para sus pistolas. Los bolsillos de sus pantalones vaqueros no eran precisamente espaciosos, por lo que decidió acercarse al vehículo en cuestión para hacerse con la bolsa. Abrió la puerta del vehículo introduciendo medio cuerpo en el interior de la zona destinada a los asientos traseros, agarrando la bolsa por la correa, la acercó hacia él para abrir la cremallera y ver lo que había en su interior.

Desde luego, encontró varias cosas realmente útiles: un mapa de la ciudad, un botiquín pequeño, un par de paquetes de munición para pistola y escopeta, una pequeña linterna, y una conveniente ganzúa. Aquellos recursos le serían de utilidad, pensó, especialmente viendo que había tenido lugar alguna clase de desgracia en la ciudad. Puede que fuese joven, pero sabía utilizar armas y pelear, e incluso forzar cerraduras sencillas por medio de una ganzúa, entre otras cosas. Además había otros elementos a los que no le encontraba demasiada utilidad, como unas esposas con su correspondiente llave y un par de walkie talkies, pero aunque no le fuesen actualmente de utilidad, decidió llevarlas consigo por si le venía bien usarlas en alguna clase de circunstancia.

El joven continuó revisando el contenido inconsciente de la amenaza que tras él se hallaba. Varias figuras se aproximaban a él con movimientos lentos. El chico vio en el asiento del conductor al oficial de policía muerto. El cuerpo tenía la cabeza estampada contra el volante, aparentemente debió de darse un buen golpe, pues su rostro estaba cubierto de sangre a consecuencia del golpe. Esparcidos por el suelo, había varios cigarrillos y una caja de cerillas. Los cigarrillos no eran de su interés, no era fumador, pero las cerillas quizás le fuesen de utilidad.

El chico se introdujo aún más en el interior del vehículo, y agarró la caja de cerillas del suelo de los asientos delanteros del vehículo policial. Nada más tomarla, sus ojos depararon en que en el asiento derecho reposaba una escopeta Spas 12, un gran arma que le vendría bien llevar encima para situaciones difíciles, por lo que no dudó en tomarla. También se hizo con el reloj de pulsera del agente fallecido para equiparse con él, así podría estar al tanto de la hora. Tras volver al asiento trasero y guardar las cerillas en la bolsa, sus oídos captaron un extraño y lastimero gemido a su espalda que lo alertó haciéndolo girarse de inmediato.

Una figura humana ataviada con el uniforme policial de la ciudad, se acercaba peligrosamente a muy pocos metros metros de él, y tras esta, otra multitud le seguía. ¡¿De donde habían salido?! Los ojos del cadáver andante permanecían eclipsados por una membrana blanquecina. Su piel había palidecido, y por todo su cuerpo grotescas heridas se hallaban aún sangrantes. En su cuello, un gran pedazo de carne había sido arrancado de cuajo. Sus pasos eran lentos y desganados, casi arrastraba sus pies por el asfalto. Alzando los brazos en su dirección, el cadáver comenzó a emitir un fúnebre gemido.

Raudo, aún incapaz de procesar lo que veía en su cerebro, el joven se introdujo completamente en el interior del vehículo cerrando rápidamente la puerta. El muerto se estampó contra el cristal de la puerta, y comenzó a aporrearla con sus manos ensangrentadas. Tras él, otros seres como aquel presentaban evidentes heridas que deberían de haberles causado la muerte. Algunos carecían de mandíbula, o de brazos, otros de garganta, e incluso podía ver la silueta a lo lejos de uno arrastrándose por el suelo ante la ausencia de sus piernas. La pregunta que se formuló era errónea, no debió de preguntarse de donde habían salido. No habían salido de ningún lugar, desde el principio habían estado ahí, yaciendo como cadáveres inertes que ahora, se levantaban para dirigirse al vehículo en el que se encerró. Eran los cuerpos de todos esos policías, militares y civiles que habían estado rodeándole en todo momento.

—¡¿Pero qué demonios son?! —se preguntó a sí mismo el joven.

Que pregunta mas absurda ¿verdad? Él conocía la respuesta. Había visto muchas películas y jugado a muchos videojuegos con aquellos seres como protagonistas, no eran otra cosa que muertos vivientes, mejor conocidos como zombis. El joven no pudo evitar recordar los rumores que circulaban por la ciudad sobre aquellas criaturas. Sea quien sea quien inició aquellos rumores, no parecía estar tan loco después de todo. Las sombras proyectadas de los muertos sobre el asfalto por la luz de las farolas y las llamas próximas, daban el efecto óptico a ojos del joven de haber muchos más de las que realmente habían.

La visión de tener a un monstruo de ficción aporreando el cristal del vehículo le impresionaba, aunque no tanto como se esperaba. Quizá el haber escuchado tantos rumores sobre el asunto, y de estar tan acostumbrado a disfrutar de aquellos seres en el mundo de la ficción por medio de los videojuegos y películas, no le causaba tanta impresión. ¿Cuántos eran? El joven observó en varias direcciones buscando alguna salida por la que escapar de aquella calle. Trató de abrir la puerta derecha trasera para salir a través de ella, pero estaba bloqueada por una boca de incendios. Tan solo le quedaba probar las puertas de la zona delantera. Fue entonces cuando sus ojos se detuvieron mirando a través del cristal delantero. Una figura se aproximaba corriendo al coche policial.

El joven centró su vista en la veloz silueta que se acercaba entre la oscuridad de la noche. Por un instante pensó que podía tratarse de alguien que venía en su ayuda, pero rápidamente se olvidó de aquella idea cuando la luz de una farola bañó aquella silueta, revelando la carencia de sus brazos. Un par de figuras más se levantaron del suelo para instantes después unirse al que emprendía la maratón hacia su ubicación. El coche tembló forzándolo a mirar a la ventanilla donde el cadáver aún la aporreaba. En unos momentos un grupo de zombis se habían aglomeraron en el lateral del vehículo, tantos como para empezar a mecerlo mientras golpeaban los cristales.

—Joder... joder... ¡¡¡JODER!!!

Un fuerte impacto lo sobresaltó al tiempo que una lluvia de cristales se lanzó hacia él. Una cabeza humana atravesó con brutalidad el cristal delantero. El no muerto fijaba sus pupilas inyectadas en sangre en la figura del joven, quien tumbado en los asientos traseros quedó completamente paralizado por el suceso. Como un animal rabioso, el escandaloso cadáver andante gritaba de rabia y desesperación. Aún careciendo de brazos, trataba de penetrar más y más a través del cristal para acceder al interior del vehículo, impulsándose con todo su cuerpo. Como una bestia poseída, trataba ansiosamente de llegar hacia el joven refugiado en los asientos traseros.

El vehículo continuaba zarandeándose cuando otras dos figuras saltaron sobre el capó del vehículo. Con una fuerza y energía irracional, muy al contrario de sus lentos y perezosos congéneres, estos treparon hasta el cristal, y comenzaron a golpearlo con el dorso de sus puños entre escandalosos gritos y gruñidos. Entre aquellos tres muertos vivientes, el cristal no aguantaría mucho. El joven agarró la escopeta y comprobó si disponía de munición.

—Cuatro disparos —dijo para él mismo.

Debía de ser preciso y rápido, en cuanto aquel cristal reventase ese trío entraría de un solo impulso alcanzándolo. No podía disparar hasta que los tres no estuviesen muy juntos, debía de reventarlos de un solo tiro. Cada vez el vehículo se mecía con más fuerza, debía de procurar no fallar. El joven apuntó hacia el objetivo. Con escandalosos crujidos, el cristal se resquebrajaba más y más. Finalmente cedió con un potente estallido permitiendo que los tres seres de ultratumba ingresasen casi medio cuerpo al interior del vehículo. El joven apretó el gatillo instintivamente, cerrando los ojos evitando que los fragmentos de cristal se le clavasen al momento de estallar. Un poderoso rugido pulverizó en una orgía de sangre, sesos y huesos las cabezas de los tres muertos vivientes por toda la parte delantera del vehículo y el capó.

Lentamente abrió los párpados. Tres cuerpos inertes yacían caídos en la parte delantera del vehículo. Solo las piernas asomaban por el boquete en el que el cristal del vehículo se había localizado. Si tan solo hubiese tardado uno o dos segundos más en apretar el gatillo, las criaturas lo habrían alcanzado. El joven inspiró y espiró varias veces tratando de tranquilizarse. Lo había hecho. Había acabado con ellos. Estaba a salvo. La aglomeración de muertos habían dejado de mecer el vehículo para dirigirse al capó y trepar torpemente por él, tratando de acceder al vehículo por el boquete que hicieron los otros tres al reventar el cristal. El chico suspiró viéndolos trepar. Tenía que dar gracias a que fuesen lentos.

—Tengo que volver a casa. —susurró el joven pensando en sus padres.

Abriendo la puerta izquierda trasera del vehículo, ahora libre de zombis, el chico salió rápido con la bolsa deportiva y la escopeta colgadas a su espalda. Sin tiempo que perder, emprendió una carrera lo más lejos posible del lugar, rumbo a su casa.

El chico continuó moviéndose por las calles desiertas de los suburbios. Teniendo en cuenta que toda su vestimenta era oscura, trató de moverse alejado de las farolas y demás fuentes de iluminación, procurando camuflarse todo lo posible con las sombras de la noche. Debía de evitar que aquellos seres que devoraban los cadáveres de sus víctimas por la calle lo viesen. Era asqueroso. Ver a uno de esos seres introducir sus manos en el vientre de una persona muerta, y sacar sus intestinos ensangrentados para morderlos con fuerza era algo tan repulsivo que le daban ganas de vomitar. Sus pasos lo llevaron a un supermercado cercano. Tenía hambre. Le hubiese gustado tomar algo en algún bar cercano, pero vista la situación...

La puerta del local se abrió, emitiendo el sonido de una pequeña campanita plateada sobre esta. El local estaba iluminado, pero no parecía haber nadie. Multitud de productos yacían tirados por los suelos, y muchas estanterías se encontraban vacías. Parecía que ya habían saqueado el lugar. En el suelo pudo ver un pequeño televisor tirado, y aparentemente estropeado. Tan solo hacía un ruido desagradable sin mostrar ningún canal en la pantalla gris. El joven desconectó el cable haciendo que el sonido cesara y la negra oscuridad sumiese al aparato en una muerte silenciosa.

—Debería de coger algo y largarme de aquí rápido.

El joven recorrió el local inspeccionando lo que quedaba en las estanterías. Agarró un par de barritas energéticas, tres botellas de agua y un par de latas de comida que tan solo necesitaba servirse y calentarse para ingerirse. No le agradaba estar en ese supermercado bien iluminado, cualquiera podría verle desde el exterior. A decir verdad, no le gustaba estar en la ciudad aunque Stone City fuese su hogar. Sus tíos le habían enseñado que en caso de un gran desastre, la ciudad era el peor sitio en el que podías estar, y cuanto más cerca estuvieses del núcleo de esta, mucho peor.

Ambos, tíos por parte de su madre, servían juntos en el ejército. Ninguno de ellos vivía en la ciudad. En verano solían cogerse un permiso de vacaciones para estar con sus familias, y hacer planes familiares a los que él asistía todos los veranos, pudiendo reunirse así con sus primos. Este año fue una excepción, pues emplearon el permiso para mudarse y asentarse por motivos de trabajo a otra ciudad. Cada año, pasaba parte del verano viviendo con ellos. Durante ese tiempo le enseñaban al igual que a sus propios hijos, el manejo básico de un arma de fuego, a como usar correctamente un cuchillo de combate, también algunos conocimientos de supervivencia básica, e incluso defensa personal.

Sus primos querían ingresar al ejército americano tras alcanzar la edad permitida, y seguir los pasos de sus padres. Aquellos conocimientos los impartían sus tíos por medio de campamentos, excursiones, y otras actividades que solían hacer al aire libre. Aprovechando que él pasaba el verano con ellos, también le enseñaban. Sus padres no sabían nada al respecto, prefería mantener aquellos entrenamientos en secreto, pues probablemente su madre pondría el grito en el cielo, y no le permitiría volver a irse con ellos.

En un caso como en el de Stone, lo mejor sería abandonar la ciudad tan rápido como fuese posible. Cuanto más tiempo estuviese en la ciudad, y más se internase en el centro urbano, mayor riesgo correría. Por otra parte en caso de necesitar suministros, a medida que las horas pasasen sería más complicado conseguirlos, pues la mayoría de comercios de la ciudad probablemente habrían sido ya saqueados por los ciudadanos, tal como sucedía con aquel supermercado.

En un sitio como los Estados Unidos, en donde gran parte de la población disponía de armas de fuego en sus casas, las armerías probablemente no fuesen el principal objetivo a saquear. El joven pensaba que el principal objetivo de los saqueos serían las farmacias, a fin de preparar un botiquín con toda clase de recursos médicos, y conseguir aquellos de los que dependían algunas personas con problemas de salud. Después, los comercios para abastecerse de alimentos y agua, y aumentar así el tiempo en que las personas pudiesen confinarse en sus casas por días o semanas sin salir y exponerse al peligro. Por último las armerías, teniendo en cuenta que gran parte de la población solía disponer de algún arma de fuego y munición en sus casas.

Dirigiéndose hacia la salida del local moviéndose entre las filas de estanterías vacías, el joven detuvo sus pasos al contemplar una presencia de la que no se había percatado anteriormente. Entre las estanterías, al frente, un no muerto había doblado una esquina cercana situándose a una corta distancia de él. Una figura femenina de gran altura y envergadura irrumpió en su campo visual. Una mujer obesa lo observaba con aquellos ojos rojo sangre, emitiendo un gemido espeluznante. Vestía una camiseta ancha de tirantes con el logotipo “Big Mother”, y unos pantalones de chándal bastante cortos y apretados. Sus ropas dejaban expuestas los grandes pliegues de su piel en brazos y cuello, e incluso su tripa estaba al descubierto. Sus piernas eran cortas, pero robustas, y la sangre de la que fue su última víctima impregnaba casi la totalidad de su vestimenta. Aquel ser lo miraba ausente, emitiendo algunos espasmos. De su barbilla sangre y saliva goteaba incesantemente.

El joven le quitó importancia, no podía cogerle ante su condición física. Retiró la mano del mango de una de sus pistolas enfundadas, decidiendo ahorrar munición y dar un simple rodeo entre las estanterías para llegar a la salida sin más problemas. Entonces, apenas le dio la espalda para cambiar de pasillo, un grito colérico lo sobresaltó. Tan rápido como se giró la vio flexionando las rodillas dispuesta a abalanzarse. ¡¡Mierda!! El chico corrió cambiando de trayectoria en cuanto la criatura, a pesar de su complexión, corrió hacia él sin que su propio peso supusiese problema alguno para su movilidad. El chico corrió entre las estanterías perseguido por semejante mastodonte, quien en su persecución iba tumbando algunas de estas, formando un gran escándalo dentro del local.

El chico no paraba de correr, alternando entre pasillos buscando con la mirada la salida más cercana. Tras él, la no muerta poco a poco se le iba acercando con sus brazos en alto, haciendo temblar levemente el suelo a cada uno de sus paso. No podía dejar que lo alcanzase, no estaba dispuesto a convertirse en su “Happy Meal”. El chico pensó que con semejante envergadura, probablemente se lo tragara sin siquiera hacer el esfuerzo de masticar.

Jadeando, el joven dio con la salida de emergencia a lo lejos, a la que se dirigió de inmediato. Tras él podía escuchar a aquel ciclón tumba estanterías aproximarse peligrosamente a él. Tan rápido como pudo, el joven salió por la salida de emergencia cerrándola de un portazo tras de sí, accediendo a un callejón trasero. Se descolgó la escopeta, y tras recorrer unos metros de distancia se detuvo en secó girándose en el sitio, justo en el momento en que la puerta se abrió de un portazo mostrando a su objetivo saliendo al mismo callejón en el que él mismo se localizaba.

La zombi no tardó en dar con él, y tan rápido como lo vio emprendió de nuevo su persecución. El joven con la escopeta preparada apuntaba a la cabeza a la espera de que se acercara lo suficiente para no fallar al gran melón que tenía por cabeza. No recorrió mucho, no más de dos metros antes de que su cabeza reventara en pedacitos ante el potente escopetazo, haciendo que aquella enorme mole de carne finalmente cayese desplomada al suelo. El joven no tardó en volver a colgarse la escopeta y salir corriendo del callejón, aquel disparo atraería a más de esos seres si permanecía ahí parado.

Se internó por varias calles, y dobló varias esquinas avanzando de camino a su casa, evadiendo el contacto directo y la cercanía con los podridos que deambulaban por las oscuras y fantasmales calles de la ciudad. Sus pasos se detuvieron repentinamente ante una pequeña figura que apareció corriendo por la vía izquierda de una intersección a la que el joven se encaminaba. ¿Un zombi de aquellos que corrían? No, no podía ser eso. La pequeña silueta detuvo sus pasos abruptamente al percatarse de la presencia del joven que a unos metros le apuntaba con una pistola. Ambos permanecieron unos instantes observándose, hasta percatarse de que ninguno de los dos era uno de esos seres. El joven acababa de toparse con la figura de un niño que aparentemente estaba solo, corriendo por las peligrosas y oscuras calles de la ciudad.

—Hey... —llamó este bajando el arma. —No voy a hacerte nada, ¿estás solo? —preguntó acercándose cautelosamente al niño ya con el arma enfundada.

Ante la respuesta, el chico retrocedió un par de pasos viendo como el joven que le hablaba avanzaba lentamente hacia él. Observando las distintas vías que se abrían de aquella intersección, el chico parecía buscar alguna zona por donde esconderse.

—Oye, no voy a hacerte nada. ¿Estás bien? Tranquilo... —trató de calmar este al observar las reacciones del chico. —Me llamo Davis Taylor, tengo diecinueve años, y estoy perdido y solo, como tú seguramente. Estoy tratando de volver a casa con mis padres. —comunicó este a fin de procurar mostrarse amable ante el chico.

—Me llamo Tom, yo tengo nueve años. —contestó el joven tras unos instantes observando al tal Davis en silencio. —No estoy perdido.

—¿Entonces que haces aquí solo? Es peligroso estar corriendo a estas horas por la calle, hay... hay monstruos... ¿sabes?

El chico asintió con la cabeza.

—Sí, lo sé, los he visto. —contestó simplemente permitiendo a Davis acercarse más.

Tom, un chico de nueve años de cabello oscuro y ojos verdes. Aparentemente no parecía estar muy asustado, a pesar de haber visto a los zombis rondando por la ciudad. Estaba completamente solo, por más que mirase en la dirección por la que el chico salió al centro de la intersección, no pudo ver rastro de otras personas ocultas o a simple vista en todo lo largo de la calle por la que vino.

—¿Y qué haces solo, Tom?

—Yo... no lo sé... —respondió casi con un susurro agachando la cabeza. —No tengo a donde ir, solo huyo de los monstruos mientras busco un lugar para esconderme de ellos.

Davis permaneció unos instantes mirando seriamente al chico. Algo no encajaba.

—¿Y tus padres? ¿Por qué no estás en casa?

—Muertos, igual que mi prima y mis tíos. Ellos se transformaron en esos monstruos y ahora están en mi casa. Hui de allí, Ana, mi prima... ella... ella... murió para que yo saliera de casa y papá y mamá no me atraparan. —el chico quedó unos momentos en silencio. —Luego encontré a los policías, a la mujer y al hombre que me ayudaron en el parque hace unos días, pero hubo un accidente de coche. Los zombis se acercaban y la mujer rubia me dijo que huyera, y eso hice. No sé qué pasó con ellos. Ahora te he encontrado a ti, hasta ahora he estado corriendo y escondiéndome de los monstruos que me seguían. —comentó levantando la cabeza para mirar al joven adolescente que tenía en frente.

Davis lo observó con gravedad. Por lo que le contó entendía que no tenía a nadie de quien depender, solo y perdido, simplemente huía de los zombis. Aquel chico había visto a sus padres transformados en esas cosas, e intentaron matarle. Gracias a la intervención de su prima, pudo salvarse a costa de la vida de ella. Probablemente había visto como se la comían viva antes de huir de su propia casa, escuchando los gritos de aquella chica quedando atrás mientras se alejaba todo lo que podía del que era su hogar. El joven deparó entonces en su físico, sus brazos, rostro y rodillas estaban llenos de moretones, raspaduras y cortes superficiales, probablemente de aquel accidente de coche del que hablaba.

—¿Y ese arañazo? —preguntó Davis agarrando el brazo del chico. —Se ve fatal, debe de estar infectado, ¿te duele?

—Pica mucho, está caliente y duele... Me lo hizo papá cuando trató de atacarme mientras dormía. Ana me salvó de aquella ocasión también.

El rostro del chico se veía sucio y cansado. Sus ojos hinchados de llorar le daban una triste imagen a los ojos del joven. Le sorprendía como un simple niño había pasado por todas aquellas experiencias terroríficas, si seguía solo acabaría por encontrar una muerte segura, de eso no le cabía duda alguna.

—Oye, ¿por qué no vienes conmigo a casa de mis padres? Puedo cuidar de ti, y mis padres te caerán bien. —le propuso a Tom. —Es mejor que andar solo sin saber a donde ir ni que hacer ¿no?

—Mmmm... —el chico se tomó unos instantes pensando en la propuesta, hasta que finalmente accedió. —Vale. ¿Está muy lejos de casa?

—Ah... Sí, la verdad es que todavía está algo lejos si vamos caminando.

Tom bostezó.

—Está bien, vamos. —contestó con una sonrisa.

Caminaron juntos por media hora, siempre tratando de ir lo más ocultos posible, evitando las fuentes de luz y los espacios abiertos a fin de no ser vistos por las criaturas. Davis se percató de que el paso de Tom se iba ralentizando. El chico estaba cansado, y se había quejado ya en un par de ocasiones de que tenía hambre. Finalmente Davis tomó la decisión de pasar la noche en alguna casa de los suburbios, por lo que empleando la ganzúa y tras algo de tiempo, logró acceder al interior de una vivienda que por fuera parecía estar abandonada. Tras entrar decidió registrar para comprobar que efectivamente estaba abandonada, y no había ninguna clase de peligro en su interior. El joven a fin de pasar desapercibido de cualquier criatura o humano que pasase frente a la vivienda, cerró bien puertas y ventanas, bajando las persianas y teniendo como única fuente de luz unas velas que encendió con las cerillas que guardaba en su bolsa deportiva.

—¿Estás seguro de quedarnos aquí? —preguntó Tom sentado en una de las sillas de la cocina arrimado a una mesa a la espera de la cena. —¿Tus padres no se preocuparán por ti? —quiso saber mirando a la espalda de Davis.

Davis soltó una extraña risa seca, y guardó unos instantes en silencio antes de contestar.

—Sí, supongo que sí. —respondió simplemente mientras servía en unos platos hondos alguna clase de comida cárnica enlatada que había estado calentando en una cacerola. —Toma, que no se te enfríe, pero ten cuidado, quema un poco. —advirtió colocándole el plato y la cuchara en la mesa. —Y de postre una barrita energética de chocolate.

—Gracias. —respondió con una amplia sonrisa. —¡¡Auch!!

—Te dije que soplaras, estaba algo caliente. —suspiró el joven colocándole un vaso de agua y una servilleta para limpiarse en la mesa. —Si te quedas con hambre me lo dices, ha sobrado algo más en la cacerola.

—Sí. —respondió tras beber un trago de agua.

Davis se incorporó en la mesa dispuesto a cenar junto al chico.

—¿No nos encontrarán aquí los monstruos? —preguntó soplando a la cuchara llena.

—No. Las ventanas y puertas están bien cerradas, las persianas bajadas, las cortinas corridas y bajo la puerta de la entrada he colocado una toalla para evitar que se escape algo de luz que pueda ser vista desde fuera. Eso sí, no enciendas ningún interruptor, tenemos que iluminarnos solo con las velas, he encendido cuatro, hay dos aquí en la cocina y otras dos en el salón. Si necesitas ir al baño llévate uno de los candelabros con la vela contigo, pero te repito, no enciendas ninguna luz de la casa. —contestó el joven antes de meterse la cuchara en la boca.

—Está bien. Por cierto, ¿tienes algún hermano, Davis?

Un extraño silencio cayó en la sala, lo suficientemente extraño como para que Tom se percatara de que había preguntado algo que por algún motivo no parecía agradar a su compañero, o por lo que no contestó al momento.

—Tuve. Una hermana. —contestó simplemente. —Y date prisa en acabar, será mejor que nos vayamos a dormir temprano, mañana tendremos que madrugar. —advirtió antes de echar un vistazo a la hora que marcaba el reloj de pulsera que le había quitado a aquel oficial muerto.

—Si, está bien. —contestó dándose prisa en cenar.

Davis se puso a recoger la mesa y a limpiarla cuando ambos hubieron acabado, cuando de repente una fuerte tos por parte de Tom le sorprendió. Ya le había escuchado varias veces toser, parecía ser persistente, pero cada vez lo hacía más fuerte.

—¿Estás bien? —preguntó dejando los platos en el fregadero.

—Si, estoy bien. Me habré resfriado.

—¿En verano?

—No sé, llevo tiempo tosiendo. Mamá me estuvo dando medicina para la tos hasta hace poco. —contestó encogiéndose de hombros antes de volver a toser con fuerza.

—Desgraciadamente no tengo ningún jarabe para la tos... —comentó Davis torciendo los labios insatisfecho.

—No importa, se me pasara solo. —respondió bajándose de la silla. —Me voy a dormir al sillón, tengo sueño.

—Está bien. He dejado una manta por si necesitas arroparte, ahora voy yo.

—Vale.

Davis volvió a girarse para limpiar los elementos que había utilizado para cocinar cuando la voz de Tom lo hizo girarse para verlo en la entrada de la cocina.

—Davis, lo siento. —comentó mirando hacia el joven que aún permanecía en la cocina.

—¿Por?

—Por preguntarte por tu hermana.

—Ah, eso... No importa, no preguntaste nada malo. —respondió este con una sonrisa al ver como Tom se preocupó por haberle hecho aquella pregunta. —Venga, vete a dormir, y si te sientes mal o necesitas algo durante la noche despiértame.

—De acuerdo. —contestó antes de marcharse al salón.

A lo largo de la noche, Davis se despertó en varias ocasiones al sentir a Tom moverse mucho en el sofá en el que dormía, así como por la recurrente tos fuerte que le atacaba a lo largo de la noche. Le dejó un vaso de agua cerca de una pequeña mesilla para que bebiese algo cuando le diesen aquellos ataques de tos, y le dejó una de las velas encendidas cerca tras despertarse ante una pesadilla que tuvo. En una de las ocasiones en las que se volvió a despertar, Davis creyó haber escuchado una potente explosión proveniente de alguna parte de la ciudad, pero estaba tan agotado y medio dormido que pensó que tal vez eran imaginaciones suyas. Finalmente tras varias horas en el que tanto uno como otro tuvo difícil el conciliar el sueño, ambos parecieron lograr quedarse dormidos.

11 de Julio del 2012

El sonido de la alarma de un reloj cercano había despertado a Davis, quien de inmediato lo apagó, y al ver que Tom no había logrado despertarse aún, decidió ir a hacer algo para desayunar y darle un tiempo más para dormir.

—Tom, es hora de levantarse. —llamó el joven ya con el desayuno preparado. —Venga, dije que había que madrugar, tenemos que seguir moviéndonos. —le recordó viendo como las agujas del reloj apuntaban a tempranas horas de la mañana.

Su llamada no obtuvo respuesta alguna. El chico continuaba envuelto y tapado hasta la cabeza con la manta. El joven se acercó y meció levemente su cuerpo pidiéndole que se levantara ya, pero aún así no obtuvo respuesta. Davis le quitó la manta de encima para percatarse de que algo malo le sucedía. Tom se encontraba en posición fetal, abrazándose a sí mismo entre temblores. Su rostro estaba cubierto de gotas de sudor, y su piel pálida hacía remarcar unas oscuras y profundas ojeras en los ojos verdes apagados del joven.

—¡Hey! ¡¿Qué te sucede?! ¡¿Te sientes mal?! —preguntó el joven alarmado arrodillándose para colocarse a la altura del joven. —¡¿Cómo te sientes?!

Un fuerte ataque de tos respondió a las preguntas de Davis.

—Tengo frío, estoy cansado, y me duele todo el cuerpo... —contestó cerrando los ojos con fuerza al sentir que la claridad que entraba por una de las ventanas que Davis abrió dañaba sus ojos. —No quiero desayunar, no tengo hambre.—susurró al tiempo que un par de lágrimas descendían de sus ojos cerrados.

Davis se quedó perplejo ante la situación, por lo que colocó la mano en la frente para asegurarse de que tenía lo que pensaba que padecía.

—Estás ardiendo... —susurró.

—Tengo mucha fiebre...

El joven se quedó en silencio unos momentos pensativo. No disponía en su botiquín de ninguna clase de medicamento que pudiese ayudar a Tom. Debía de llevarlo a un hospital, cerca se encontraba el Santa María. Davis miró el reloj de pulsera, el hospital no estaba a más de quince minutos de distancia caminando, por lo que, recogiendo todo su inventario, abandonó la casa cargando con el chico en brazos.

Al cabo de un rato moviéndose a paso ligero, Davis logró entrar al hospital Santa María, el cual estaba completamente vacío, o al menos eso parecía a primera vista. No escuchaba ningún sonido, ni veía nada moverse por los pasillos. El joven entró a una de las muchas habitaciones del hospital, y sentó a Tom en una camilla próxima a una ventana desde el que se podía apreciar la calle.

—Oye, voy a buscar algo para esa fiebre. No te muevas de aquí, y cualquier cosa grita. ¿Está bien?

—¿Me voy a morir, Davis? —preguntó el chico mirando a través de una ventana al exterior.

—¡¿Qué?! ¡No, por supuesto que no! ¡¿Qué pregunta es esa, Tom?! —preguntó el joven alterándose un poco. —Oye, te prometo que no te va a pasar nada malo, mientras estés conmigo estarás bien, ¿de acuerdo? Y quítate esa idea de la cabeza.

—Está bien, me pondré bien cuando me traigas la medicina. Luego iremos a ver a tus padres. —comentó el joven de rostro cansado con una triste sonrisa.

—Exacto, así me gusta, trata de ser positivo. —respondió devolviéndole la sonrisa. —Bueno, voy a... ¡Hey!

Davis agarró el brazo del joven al percatarse de que este se rascaba con rabia. Aquel arañazo estaba claramente infectado. Parecía haber empeorado durante la noche a pesar de que se lo desinfectó al poco de entrar a la casa abandonada, tal vez porque Tom se lo estuvo rascando mucho durante la noche. A su alrededor, la piel del brazo había tomado una ligera coloración grisácea. Tenía muy mala pinta, y Davis desconocía completamente por qué se veía el arañazo de aquella manera.

—¡No te rasques Tom, vas a acabar abriéndote la herida y acabará sangrando!

—Está bien...

No duró más de cinco segundos cuando el joven volvió a hacerlo, solo que esta vez empleó la palma de su mano en vez de las uñas.

—Iré a por algunas medicinas para la fiebre. No te muevas de aquí, no tardaré. —anunció el joven antes de abandonar rápidamente la sala cerrando la puerta tras de si.

El joven recorrió varias de las salas en busca de algún almacén donde se guardasen medicamentos. A decir verdad, no tenía ni idea de qué buscar exactamente, recordaba algunos jarabes que tomaba cuando de pequeño tenía fiebre, el problema sería si en aquel hospital encontraría medicinas como las que él tomaba, de lo contrario habría que acudir a una farmacia, el problema... es que la mas cercana estaba a veinte minutos a pie, y Tom se veía muy frágil en su estado. Buscó y buscó por todas las habitaciones y despachos en busca del almacén, nada. Sintiendo una gran impotencia el joven continuó buscando, apretando el gatillo con cada antiguo empleado zombificado del hospital con el que se topaba, por suerte, eran de los lentos y tampoco fueron muchos los que encontró por ahí deambulando.

—¡Lo encontré! —exclamó el joven dando con un pequeño almacén.

Rebuscó entre las medicinas de las estanterías, pero desgraciadamente no le sonaba ninguna de las marcas que encontraba, ni sabía para que servían, únicamente podía coger aquella que tuviese alguno de los nombres que por su cabeza pasase. Buscaba y buscaba, y nada encontraba. Davis comenzó a sentirse cada vez mas impotente, si no encontraba alguna de esas medicinas que conocía, no podría tratar a Tom para que mejorase. Comenzaba a sentirse desesperado. Nada, ni una sola marca conocía. Casi todos los botes de fármacos habían sido examinados. Nada, ni un nombre le sonaba.

—Maldita sea... —susurró el joven con rabia.

Un fuerte golpe se escuchó cuando el joven pagó su frustración propinando una fuerte patada a una de las estanterías. Cabizbajo, Davis no sabía bien que hacer. No tenía conocimientos médicos, tampoco había tenido que cuidar nunca de ningún niño enfermo por su cuenta, y era plenamente consciente de que estaba tardando, y cuanto más tardaba, Tom más empeoraba.

El joven se sentía un inútil, incapaz de cuidar de un niño ante su inexperiencia, simplemente no sabía que hacer. Suspiró pesadamente, necesitaba calmarse, si no conocía los nombres de los medicamentos, no le quedaba otra que mirar las instrucciones de estos hasta encontrar alguno que ayudara a tratar la fiebre. Uno a uno, el joven se dispuso a comprobarlos.

Mientras tanto, Tom continuaba mirando a través de la ventana con los ojos semicerrados. A pesar de que la claridad de la mañana dañaba su vista, no quería cerrarlos, temía hacerlo y dormirse, y que algún monstruo pudiese entrar en la habitación y hacerle daño. Las lágrimas continuaban saliendo de los ojos, era molesto. Su piel pálida, poco a poco parecía tomar una leve tonalidad grisácea, sus ojos verdes, vivos en algún momento, ahora se apagaban lentamente perdiendo aquella bonita tonalidad. Le costaba respirar, sentía que su nariz estaba atascada, por lo que había decidido continuar tomando aire por la boca, aunque su pecho le doliese a cada respiración.

El joven se llevó inconscientemente la mano al bolsillo del pantalón, sintiendo un pequeño objeto en su interior. Por un momento había olvidado que tenía aquello allí, aquel regalo que le dio su prima Ana. Entonces el chico sintió algo cálido descender por su brazo. Tom vio un leve hilo carmesí descendiendo desde el arañazo maltratado por sus persistentes uñas, hasta su muñeca. Se veía muy feo aquello, la herida del arañazo inflamado se abrió, sangre y pus salían de las aberturas, pero aun así no le dolía. Incluso si tocaba el arañazo, no sentía dolor alguno en la zona, solo un quemazón. Era raro...

Cerró con fuerza los ojos permitiendo que un par de lágrimas descendiesen por sus mejillas. Se sentía mal, muy mal, tenía frío, le era imposible ocultar aquellos temblores, y la tos aún seguía ahí acosándole. El chico se tumbó en la camilla haciéndose un ovillo. Le dolía todo el cuerpo, salvo el arañazo. Davis le traería la medicina y se curaría, como hacía su mamá cuando enfermaba, él se curaría, y a cambio, le regalaría a Davis aquello que Ana le regaló a él, como agradecimiento.

Se iba a curar. Davis le prometió que estando con él no le pasaría nada, luego iría a conocer a sus padres, y seguramente abandonarían la ciudad y él podría irse con sus abuelos a la ciudad en la que ellos vivían. El abuelo y la abuela estarían muy tristes cuando supieran lo que les pasó a sus padres, a sus tíos y a su prima, pero él estaría con ellos. Les ayudaría a tratar de no estar tristes, aunque él lo estaba. Le dolía el corazón si pensaba en su familia muerta, le dolía mucho... Pero él era un hombre, como dijo su papá, los hombres tienen que ser fuertes, por eso trataba de serlo y no quejarse del dolor.

Davis vendría pronto, aunque sentía que hacía ya mucho que se había ido. El chico recordó nuevamente que estando a su lado no le pasaría nada, pero ahora, Davis lo había dejado allí solo, ya no estaba con él. A veces desde la camilla dirigía la vista a la puerta, esperando a que esta se abriera y viera a Davis llegar con la medicina. Vendría, y él se curaría. Se lo prometió.

Los rápidos pasos de Davis cruzaban por los pasillos portando un frasco en la mano, finalmente pudo encontrar algo para la fiebre del chico. Tras varios minutos, logró encontrar la sala donde dejó a Tom, deteniendo sus pasos y abriendo suavemente la puerta. Y allí seguía, el joven permanecía mirando al techo con los ojos cerrados. Debía de estar dormido, por lo que se acercó lentamente a él para no sorprenderlo.

—Hey Tom, encontré algo para la fiebre. —anunció el joven llegando a la camilla. —¿Tom? ¿Estás despierto?

El chico no se inmutó. Davis meció el hombro del chico tratando de despertarlo.

—¡Hey, Tom! ¡¿Estás bien?! ¡¡Tom!!

El chico abrió lentamente los ojos, y observó al adolescente con el rostro descompuesto a su lado.

—Ah... ¿Ya viniste? Me quedé dormido sin darme cuenta... —respondió con un débil tono de voz, y un más que evidente cansancio.

—Ya veo... Tengo la medicina... Solo deja que lea el papel con la información par ver la dosis que debes tomar, ¿está bien? —respondió el joven bastante angustiado al contemplar como de desmejorado estaba el chico desde que lo dejó solo. —Veamos...

Finalmente Davis le dio la dosis al chico que ponía en el prospecto. —Hasta dentro de unas horas no te lo puedes tomar de nuevo. —informó el joven releyendo de nuevo el papel informativo.

—Vale...

Tras dejar Davis el medicamento en una mesilla cercana, se percató de la situación del arañazo. Le preocupaba bastante el aspecto que tenía, no se veía nada bien. El chico se había estado rascando mucho haciendo que la herida se abriese, y aunque le dijo que no se rascase, era evidente que lo había seguido haciendo. Davis decidió limpiarle y desinfectarle nuevamente la herida.

—Intenta no rascarte, por favor.

Tom asintió en silencio. Davis se sentó a los pies de la camilla, y comenzó a buscar temas de conversación con el chico, tratando de mantenerlo entretenido. Le preguntó sobre los estudios, su familia, amigos, sus comidas favoritas, las cosas que le gustaba hacer, entre otras tantas. Al principio surgía efecto, el chico parecía algo más animado conforme se conocían más el uno al otro, pero llegado el punto, Davis se percató que cada vez le costaba más hablar, por lo que prefirió dejarlo descansar.

Colocó la mano en la frente del chico sin apartar la vista de su pecho, sus respiraciones eran lentas, y su temperatura continuaba siendo muy elevada. ¿Estaría haciendo efecto la medicina? Se preguntó. La mirada verde pálida del chico permanecía fija en el techo, mientras las lágrimas no dejaban de brotar de sus irritados ojos. Davis no quería aceptarlo, realmente no quería, sentía una fuerte opresión en su pecho, pero sabía realmente lo que acabaría pasando. No quería aceptarlo, simplemente no podía. El joven frunció mucho el ceño antes de agitar la cabeza apartando todo pensamiento negativo de su mente.

—Estás muy caliente, voy a ir al baño a humedecer alguna toalla para colocártela en la frente y bajar tu temperatura... —comentó con un tono de voz serio y una mirada vacía que el joven Tom no pasó inadvertido.

Ante el silencio, Davis se dio media vuelta dispuesto a abandonar la sala.

—¿Me voy a curar? —preguntó el joven inocentemente.

Aquella pregunta, lanzada como un dardo a la espalda de Davis detuvo sus pasos en seco. Apretó los dientes y puños con fuerza. Las lágrimas habían comenzado a asomar ante aquella pregunta emitida con aquel leve e inocente hilo de voz. Tom observó la espalda del joven, en completo silencio a la espera de una respuesta. Davis trató de no derramar ni una sola lágrima, ni dejar que su voz se quebrase a la hora de contestar.

—No me voy a curar, ¿verdad?

—Sí... Te vas a curar, claro que sí, Tom... Te curarás y estarás de nuevo bien... —contestó el joven sin dejar de darle la espalda al chico.

—Menos mal... —suspiró el joven aliviadamente. —Pensaba que no me iba a curar. Estando contigo me pondré bien, seguro. Ellos me cuidaban cuando enfermaba, y me daban medicinas, igual que tú. Seguro que pronto mejoraré, y podremos ir juntos a buscar a tus padres.

Aquel comentario hizo aún más mella en la mente del joven. Él no era su padre, ni su madre, no sabía siquiera si lo que estaba haciendo por él le ayudaba realmente. Nunca había tenido que hacerse cargo de un niño enfermo. Por otra parte, le estaba mintiendo, se sentía en aquel preciso momento un ser miserable por darle falsas esperanzas. ¿Pero qué podía hacer? ¿Era acaso su culpa todo lo que estaba pasando? No tenía experiencia en eso, hacía lo que podía, pero aún así... Se sentía patético por no poder hacer más por él, a pesar de que se responsabilizó del chico.

—Davis, toma. —llamó el joven metiendo la mano en el bolsillo.

El joven se giró tras lograr contenerse las lágrimas, y sin decir nada se acercó a la camilla.

—Extiende la mano.

El joven hizo lo que el chico le pidió, y en su mano se depositó un objeto pequeño. Era un llavero, con su cadenita metálica y una figura de un oso polar sentado que sostenía entre sus patas superiores un pequeño corazón, tras este, en su espalda blanca, estaba escrito el nombre de Tom en negro.

—Me lo regaló mi prima Ana hace unos días, me gusta mucho, pero prefiero que lo tengas tú como un regalo por cuidarme. —comentó el joven con una amplia sonrisa en el rostro. —¿Ah? Tienes lágrimas en los ojos.

—¿Qué? ¡Ah no, no es nada! —respondió el joven secándose con el dorso de sus puños las lágrimas que asomaban. —Es solo que me ha emocionado que me hayas querido regalar algo tan importante. Lo llevaré siempre conmigo, gracias Tom. —respondió el joven acariciándole la cabeza y guardando el llavero en su bolsillo. —Ahora voy a por la toalla húmeda, no tardo. Descansa.

—Está bien.

Davis abandonó la sala y continuó andando hacia el baño más cercano a paso ligero. Se sentía muy mal. Aquello le dolió bastante, y no se merecía aquello. Realmente aunque estuviese haciendo lo que podía por él, no estaba sirviendo de nada. Cada vez se le veía peor, y la medicina no parecía hacerle efecto alguno. El joven tras humedecer una toalla bajo el grifo de uno de los baños, la retorció y se vio así mismo al espejo. Su rostro estaba triste, y sus ojos enrojecidos de aguantar las lágrimas. No quería continuar observándose a sí mismo, tenía que ir con Tom de inmediato y tratar de bajarle la fiebre con la toalla humedecida.

—Ya estoy. —anunció entrando a la sala y acercándose a la camilla. —¿Estás dormido? —preguntó al verlo nuevamente con los ojos cerrados.

El joven colocó la toalla en su frente. Estaba ardiendo, pero aún con la diferencia de temperatura, el chico no reaccionó de ninguna manera al sentir la toalla fría sobre su frente. Ni un solo movimiento.

—¿Tom? Hey... Abre los ojos... deja de bromear... —llamó el joven con una fingida sonrisa. —¿Tom?

Sus ojos depararon en su pecho, este ya no se hinchaba. Sus dedos no se movían. Sus respiraciones ya no se escuchaban.

La mirada del joven se plagó de sombras. Sí, ya lo sabía... Tom ya no despertaría, ya había sucedido. Cabizbajo, incapaz ya de contener las lágrimas, nada hizo cuando estas surcaron sus mejillas. Sus dientes asomaron al tensarse su mandíbula, y sus uñas se clavaron con fuerza en la palma de sus manos cuando estas se cerraron en un par de puños. Sus piernas flaquearon obligando al joven a arrodillarse frente a la camilla. Nada pudo hacer por salvarle, y lo sabía desde un inicio. Trató de engañarse a sí mismo huyendo de sus pensamientos negativos. Quería creer que podría ayudarlo, en vano, fue incapaz, y para colmo le mintió diciendo que se curaría, que estando con él no le sucedería nada malo. Se lo prometió.

No era más que un maldito mentiroso. Otra vez, una vez más se repetía la historia. Igual que con su hermana, también le había fallado a él a pesar de haberse responsabilizado de su bienestar. Las lágrimas cayeron sobre la superficie del suelo, en donde Davis fijaba aquellos tristes ojos oscuros arrodillado. Sentía su pecho oprimido con fuerza, nublado y golpeado por la impotencia y una profunda tristeza. Fue entonces cuando un leve sonido lo hizo sorprenderse. Aún con las lágrimas surcando su rostro, alzó la vista topándose con una abatidora y escalofriante escena.

Tom yacía sentado en la camilla con su mirada fija al frente, ignorando la presencia del chico que hasta hacía unos instantes se había encontrado arrodillado en el suelo llorando su pérdida. Davis negó con la cabeza ante la imagen. No, no quería que acabase así después de haber muerto. Tom giró la cabeza para observarlo, su aspecto había cambiado. Su piel finalmente sucumbió a un leve tono grisáceo, y aquellos bonitos ojos verdes ahora habían sido teñidos de un intenso rojo carmesí. Mostrando sus dientes entre gruñidos, aquel que una vez fue Tom se puso lentamente en pie sobre la camilla.

—No... —susurró el joven retrocediendo mientras desenfundaba con su temblorosa mano una de sus pistolas. —No... No puede acabar así...

Con un grito cargado de rabia, el zombificado Tom saltó hacia Davis tirándolo al suelo. Ambos forcejearon con violencia. Uno para comer, y otro para no ser comido. Las mandíbulas de Tom se abrían y cerraban con fuerza haciendo castañetear los dientes mientras no dejaba de gritar como un animal rabioso. Davis agarraba al chico por el cuello evitando que este le mordiera. Con su otra mano libre tomó su arma, y colocó el cañón de la pistola bajo la barbilla del joven infectado.

—Perdóname Tom. —susurró mientras un par de lágrimas descendían. —Perdóname por no poder cumplir mi promesa. —susurró mirándole a los ojos.

Tras disculparse, apretó el gatillo acabando con la vida el ser en el que Tom se había transformado. Gotas de sangre mancharon el rostro de Davis, quien aún permanecía en el suelo sosteniendo el cuerpo inerte. Tras unos instantes contemplando el cuerpo sin vida, se levantó cargando con él entre sus brazos para colocarlo delicadamente sobre la camilla, y tras limpiarse con el dorso de las manos aquellas gotas de sangre, y guardar el humeante arma en su funda, extendió una blanca sábana sobre el cadáver tapándolo por completo. El joven agarró de nuevo sus pertenencias y se dispuso a abandonar la sala, no sin antes dedicarle una última mirada triste a la silueta que yacía bajo aquella sábana. Davis marchó silenciosamente abandonando aún muy afectado el hospital. Tenía que volver a casa.

El sol se encontraba en lo alto del firmamento. Una figura andaba silenciosa y cabizbaja por el medio de la carretera, no muy distinto al caminar de uno de aquellos seres carentes de vida. Davis Taylor no había sido capaz de detener su marcha sin dejar de castigarse así mismo por lo que le sucedió a Tom, cuyo cuerpo había dejado allí abandonado hacía unas cuatro o cinco horas. Sus pasos habían descendido, pero aún así continuaban dirigiéndose hacia su casa. Lento pero decidido.

¿Debió de haber enterrado en algún lugar el cadáver? ¿Estuvo bien dejarlo allí sin más? ¿Realmente pudo curarse de aquella fiebre si se la hubiese detectado antes? ¿Pudo ser que la herida de su brazo se infectara causando su muerte? ¿Si se la hubiese desinfectado de algún modo con algún tipo de medicamento específico habría muerto? ¿Por qué se transformó en zombi si no tenía ninguna mordedura visible? ¿Tal vez ocultaba alguna bajo su ropa y no se lo dijo? ¿Pudo hacer algo más por él? Muchas cuestiones pasaban por su cabeza obligándolo a prestar una atención mínima a todo lo que le rodeaba. No había muchos zombis por la zona, intuía que hacía tiempo que la mayoría había abandonado los suburbios internándose aún mas en el interior de la ciudad en busca de gente a los que morder.

—¡Hey! —una voz masculina a su espalda lo sobresaltó.

El joven se giró rápidamente desenfundando una de sus pistolas. Frente a él ya había alguien armado con un M16 que le apuntaba desde unos metros con un láser rojo entre ceja y ceja. Davis reconoció de inmediato al tipo por su vestimenta y su arma. Era un soldado del ejército americano. A simple vista se trataba de un hombre joven, le echaba unos veintisiete años, de corto cabello oscuro y piel morena, parecía latino por sus rasgos. Alto y musculoso, tenía una cicatriz en la mejilla derecha. En silencio y sin moverse del sitio ni bajar el arma, el soldado se encontraba examinándolo minuciosamente con aquellos ojos verdes de pies a cabeza.

—Por un momento pensé que eras un zombi, chico. —dijo aquel hombre con un notable acento latino. —Baja el arma, estoy aquí para ayudarte.

—¿Ayudarme? ¿Por qué? —preguntó guardando el arma de nuevo en su funda.

—Es mi trabajo. Tengo que buscar civiles y guiarlos al centro de la ciudad.

—¿A qué te refieres? ¿Por qué el centro de la ciudad?

—¡¿Ah?! ¡¿Pero donde has estado metido?! ¿Es que no sabes lo del plan de evacuación? Se transmitió no hace mucho, estuvieron dando la brasa por megafonía, llamadas telefónicas, carteles informativos, o por el canal propio de radio y de televisión de la ciudad... Parece mentira que no lo sepas, estuvieron mañana, tarde y noche recordándolo. —contestó acercándose a Davis.

—Estuve fuera unos días. No he estado al tanto de lo que ha estado sucediendo en la ciudad.

El soldado suspiró.

—Resumiendo, la cosa es que todo se fue a la mierda entre ayer y antes de ayer. Estoy seguro de que ya te habrás percatado de ello. La policía, el ejército y los cascos azules de la ONU estuvieron cooperando para evacuar civiles en las zonas afectadas por los ataques zombis. Las hordas de muertos empezaron a adentrarse cada vez más en la ciudad, desde la zona del bosque hasta los suburbios atraídos por las evacuaciones. Tratamos de frenarlos, pero eran demasiados. La idea era desalojar a la población de esas áreas en varios grupos en función de los distintos barrios afectados, y posteriormente reunirlos a todos en un punto de encuentro para guiarlos al centro de la ciudad. Se habilitó una serie de viviendas sociales en la que alojar a los afectados mientras se luchaba contra el avance de los muertos en aquellas zonas. —explicó —Pero pasaron muchas cosas que torcieron los planes. El número de zombis y monstruos aumentaba con rapidez. La gente que moría, volvía a la vida y se volvían nuevos enemigos con los que lidiar. Al final nos tuvimos que retirar cuando las barricadas comenzaron a caer, y ahora los zombis caminan con total libertad por toda la ciudad. Algunas de las evacuaciones ni siquiera pudieron llevarse a cabo ante la situación.

—Ahora entiendo porque aquella escena...

—¿A qué te refieres chico?

—Cuando entré en la ciudad y me recorría los suburbios encontré muchos cadáveres de militares y policías, barricadas, vehículos y armas por todas partes.

—Debiste de toparte con una de las zonas de guerra. Como te dije, fue imposible detenerlos. Estábamos muy disgregados debido a que al mismo tiempo que se contenía la amenaza, se estaban realizando varias evacuaciones. No éramos suficientes para ocuparnos de tantos enemigos. Tiempo atrás el cuerpo policial de la ciudad se ocupaba del tema, y ya cuando la cosa estaba tan mal que hasta la propia policía no podía gestionar la amenaza, los militares y los cascos azules fuimos enviados a apoyar, y hasta ayer mismo han estado llegando unidades y recursos a la ciudad para intentar salvarla. Los peces gordos actuaron tarde, y gestionaron mal la forma de afrontar esta amenaza.

—Ya veo...

—Ante la situación, se comunicó a toda la población que tratase de ir al centro de la ciudad por su propia cuenta, a la base militar que se levantó sobre el viejo búnker de la ciudad. Si la cosa empeoraba en exceso, sacaríamos desde allí a toda la población por medio de una flota de helicópteros y aviones que el Gobierno cedería ante la crítica situación. También se comunicó a la ciudadanía como matar a un muerto viviente, para que tuviesen posibilidades de sobrevivir ante un ataque de estos. —explicó. —Intuyo que las fuerzas policiales han sido exterminadas, hace mucho que no veo a nadie llevando el uniforme policial. Los que aún quedamos con vida, soldados y cascos azules, tenemos el deber de matar a todas las criaturas que nos encontremos para frenar el avance de estas, y poner a salvo a cualquier civil con el que nos topemos.

—Es lógico actuar de esa forma, pero como dices, la gestión de esta crisis no ha sido la mejor. Si se hubiese actuado antes, y se hubiese mandado a más personas desde un inicio, quizás podría haberse contenido mejor la amenaza. Podrían haberse hecho mejor las cosas...—comentó algo molesto. —Por cierto... ¿Dijiste zombis y monstruos? ¿Es que los zombis no son lo único que hay?

—Los muertos vivientes no son lo único que deambulan libremente por la ciudad. Seres mucho peores que estos jugaron un gran papel en el tema de que todo se desmadrase. Son criaturas aberrantes.—respondió el soldado recordando a algunas de las que vio en el campo de batalla. —No sé cual es su origen, ni el de los zombis, pero como te topes con uno de esos seres, será mejor que corras. —Ambos permanecieron en silencio unos momentos. —Bueno, ya sabes de forma resumida lo que ha pasado en la ciudad durante tu ausencia, así que andando, a la base. —ordenó pasando por al lado de Davis emprendiendo camino hacia el centro de la ciudad.

—No.

—¿Cómo dices? —preguntó girándose ante su respuesta.

—No tengo intención de ir allí, antes tengo que hacer algo.

—¿Algo? ¿Qué es más importante que ir allí para ponerse a salvo?

—Tengo que ir a mi casa. Tengo que ver si mis padres están bien.

Ambos quedaron unos instantes en silencio mirándose a los ojos directamente. Davis estaba dispuesto a ir, le gustase o no a aquel tipo. No iría a ningún lugar hasta que supiera si sus padres estaban bien. El soldado por su parte se quedó meditando por unos instantes la situación, hasta que finalmente suspiró.

—Está bien, pero iré contigo. Si tus padres están encerrados en su casa es mi deber llevarlos junto a ti a la base para poneros a salvo.

—Está bien, vamos. —contestó el joven tomando un camino distinto al que el soldado iba a tomar. —Y por cierto, no me llames chico, soy Davis Taylor.

—Está bien Davis, yo soy Kyle Morales. No te separes de mi. Me ocuparé de que no te suceda nada. —contestó el soldado caminando al lado del civil al que acababa de conocer.

Sin más que decir, ambos continuaron siguiendo la ruta del joven hacia la casa de sus padres.



#Sacedog