Big Red Mouse Pointer

martes, 19 de noviembre de 2013

NH2: Capítulo 019 - La gran enemistad (Parte I)

–Nait…

Embriagados por la imagen tan desoladora del triste panorama, permanecieron perplejos. El frío terreno que solía brindar hospicio a diversas plantas como coloridas flores, o hierbas de carácter medicinal, se dedicaba en ese instante a rendir descanso a una cuantiosa cantidad de restos mortales. Varios eran los lotes que eran decorados por fúnebres cruces y con flores ya marchitas cubriendo los montículos de tierra formados por el exceso de contenido que retenía el suelo.

–Nait, esto no está bien –Inma sujetó con rezago los ropajes del susodicho en un intento por hacerle retroceder. Con su otra mano casi cerrada se cubrió la boca mirando el cementerio con la consciencia atormentada.

–Vaya… ¿Toda esta gente habrá vivido aquí? –el joven en vez dejar la infracción hasta ese punto, dio un paso adelante, seguido por otros más, indiferente al esfuerzo de la castaña por impedir que continuara metiendo sus narices en asuntos ajenos.

–¡Hey! ¡No debemos estar aquí! –ordenó Inma creando una extraña mueca que se entremediaba en miedo y enojo, ahogando su propia voz para evitar un escándalo. Nait sin embargo no se reprimió al momento de saciar su infinita curiosidad. Ya desistiendo, la chica se mantuvo fuera de la sala y se apegó rígida a la pared desabrida justo al lado de la puerta que colindaba el corredor con aquel lúgubre lugar–. No, señor. No pienso entrar ahí… –Inma torció la boca y arrugó el entrecejo tratando de reflejar una férrea determinación.

La primera tumba sin duda sorprendió a Nait–. Esta es demasiado pequeña para un adulto…

Justo encima del abultamiento de tierra seca se encontraba un cuaderno de dimensiones adecuadas como para caber en un bolsillo, con una portada presuntamente infantil de motivos relativos al gusto de una niña, asegurando las suposiciones del castaño. Nait titubeó acerca de dejar o no tranquilo el diario perteneciente a esa personita que se había despedido del cruel mundo de los vivos… Pero finalmente se inclinó y con extrema delicadeza lo tomó.

–Nait, debemos tener un poco de respeto, vamos –dijo la chica del cabello castaño cruzando el umbral para hacer un último esfuerzo por culminar aquel abuso de hospitalidad.

–Sí, por favor… –tanto Nait como Inma voltearon hacia la única salida y entrada a ese espacio tan recóndito, donde encontraron a Adán observándoles con una clara consternación marcada en sus pupilas.

Vagando alrededor del patio Florr iba conociendo la estructura donde se protegía de las amenazas exteriores. Realmente no estaba segura de saberlo con certeza o si sólo se estaba engañando respecto a la desaparición de su hermano. Dudaba sobre la posibilidad de su muerte fuera la única verdad existente.

Lo echaba de menos… A pesar nunca le había demostrado suficiente afecto como para sentir ese autodenominado lazo de hermandad. No obstante siempre fue testigo de las decisiones que tomaba para favorecerla y de todo lo que ese moreno se mortificaba por preservarla intacta. Era importante para él de alguna manera y era visible, sumamente. Aún así, no existió un instante en que no estuviera a la espera de algo más… Algo más que no terminaba de hacerse aparecer y que ella no tenía la voluntad de ocasionar.

–Esas estupideces no son importantes ahora, Florr –se reclamó a sí misma.

Su concentración velozmente se ubicó de lleno en un tema de peso mayor, su mente envolvió a dos personas muy especiales. El otro par de hermanos, Eva y Adán… un asunto complicado. De alguna manera u otra las cosas se iban a dar. Momentáneamente esperaría alguna pista de su hermano antes de actuar pero sola nos les confrontaría…

Un indiscreto ruido proveniente de la entrada al fuerte atrajo la atención de la muchacha de ojos grises que captó como un lince la peligrosa presencia de un cuarteto de personas que brindándose apoyo mutuo estaban a punto de saltar por encima de la verja.

Los músculos de Florr se tensaron al instante y sus pulsaciones se aceleraron mientras una dosis de adrenalina se liberaba en su torrente sanguíneo. Más sonidos, específicamente pasos, aparecieron en otra dirección obligándola a girar en el momento oportuno otorgándole una minúscula fracción de tiempo que le permitió evadir a duras penas unos poderosos brazos que deseaban aprehenderla.

La físicamente superior figura varonil tropezó al verse en la obligación de disminuir abruptamente la velocidad de su desplazamiento dando lugar a que recibiera en la rodilla un impacto con todo el peso de la chica que vestía aquella bota implacable. Florr en un santiamén se reincorporó del potente ataque dado por ella misma y entrelazó sus dedos para unificar sus manos imitando a un mazo que cayó con gran fuerza sobre la sien del doblegado hombre.

La chica se dispuso a emprender una acción de huída encontrando como impedimento dos disparos que rugieron al enviar proyectiles de plomo directamente contra ella. La primera bala erró por miserables centímetros rasgando la áspera superficie de su pantalón pero la otra encontró su rumbo perfecto para incrustarse cruentamente entre las carnes del muslo derecho.

–No me gusta que nadie vea este lugar… –dijo Adán sin desprenderse de su cordialidad y su firme educación, recuperando aquel pequeño diario de las manos de Nait–. Ni siquiera a mí me gusta estar aquí.

–Adán, no… no era mi intención –se disculpó el castaño sinceramente arrepentido de haber traspasado un límite que no se le había hecho grave breves instantes atrás.

–No pasa nada –respondió el niño encogiéndose de hombros con la mirada fija en el diario rosado que poseía en sus manos.

Dos estruendos exaltaron al trío, dos disparos sucedidos en el patio del fuerte que provocaron una pronta reacción especialmente en Inma quien fue la primera en acudir a la súbita contingencia que desmoronaba por completo la paz y tranquilidad.

–¡Florr! –recordó Adán, a la chica que se paseaba en las afueras del habitáculo y siguió sin dobles pensamientos el trayecto de Inma.

Una vez pasó el dintel el jovencito fue violentamente capturado por un hombre de gran contextura que le sujetó como a un trapo. Naitsirc no contuvo su impulso para apoyar al pequeño propinándole a aquel sujeto una vigorosa embestida obligándole a soltarle con brusquedad impidiendo que el niño impactara contra el denso y duro suelo. Al instante las costillas del castaño pasaron una cara factura a su alma. Este aulló en silencio el intenso dolor atacante, haciendo un esfuerzo más allá de lo humano para concentrarse en hacerse cargo de su aparente enemigo…

Inma se detuvo para observar la impetuosa riña comenzada a sus espaldas. Se nubló brevemente pero su mente le indicó que tenía una opción para ayudar a sus amigos aunque no era la que ella prefería. Tensó sus piernas antes de ejecutar una corta pero vertiginosa carrera para alcanzar su habitación justo antes de que otro invasor apareciera al final del pasillo en su búsqueda. La chica entró forzosamente a su habitación y se tiró al suelo frente a la cama de su ausente prima en busca del armamento que allí se escondía.

Postrada en la fría cerámica Inma dio una vuelta reacomodando su postura para colocarse boca arriba y encarar a un miembro de los intrusos, empuñando con un pulso tembloroso una larga escopeta, precipitándose a presionar el delicado gatillo desembocando una mortal lluvia de metralla impulsada por el ensordecedor estallido de la pólvora comprimida.

Obstáculos de poca gravedad demoraron más de lo normal el progreso de su travesía, imposible decir cuánto, sin embargo lo había conseguido. Sana y salva Eva había retornado al fuerte pero no fue sino para tropezarse con una demoledora sorpresa.

–No hay absolutamente nada. Ni un rastro, nada.

–¿General? –reclamó un hombre de la decena–. Esto es una pérdida de tiempo.

–Aquí estaban… Ayer –dijo Puma, frotándose el puente de la nariz con el dedo índice y pulgar, irritado.

La ubicación de su hermana era lo que más le preocupaba… Su imaginación le llevaba a visualizar las peores situaciones de una manera tan explícita que podía incluso estar seguro que era realmente lo que estuviera ocurriendo. Uno de los reos se acercó al moreno sosteniendo un objeto muy particular.

–¿Esta no era de esa muchachita? –el General recibió entre manos la escopeta recortada de Florr… una de las pertenencias que ella más cuidaba con celo–. La encontré tirada entre las habitaciones.

Estaba seguro de que su hermana no se iría sin aquel fiel armamento. Esa contundente pista le confirmaba que la salida de aquella preciada chica de ojos grises había sido de carácter anormal, apresurado y quizás impremeditado… aunque también sus deducciones se daban lugar a la posibilidad de que pudiera haber sido llevada en contra de su voluntad. ¿Pero ellos? ¿Cómo se habían enterado? ¿Le habían visto? Si sus sospechas eran correctas de todas maneras aquello no era lo más crítico… tenían también el gran problema y era lidiar con Maya sin conocer la naturaleza de esa chica… La cosa no tenía ni pies ni cabeza.

–Nos volvemos al Hospital –concluyó Puma haciendo círculos en el aire con su dedo índice para promover la reagrupación.

Casi que a regañadientes el conjunto de hombres se dirigió a la salida de aquel refugio fantasma… Esperaban acción, esperaban hacer algo productivo. El “entretenimiento” no era algo que les sobrara en los últimos días.

–Así que me tomé el asqueroso juguito ese para un carajo… –chilló un hombre que cubría su rostro con una densa tela.

–¿Ya vas a empezar a quejarte, hombre? Pareces una niñita –reclamó harto uno de los reos poniéndole una muy mala cara.

–Es que en serio, ¡ese líquido sabe a mierda! –a pesar de lo exageradamente dramático que se comportaba, existía una mínima de razón en sus palabras.

–Bueno, llorón, es tomarte eso o que te joda la radiación.

–Argh… Igual otro vaso de esa porquería me va a matar del asco.

–¡Jesucristo! Qué mariquita…

–Ojalá pudiera usar alguno de los trajes que llevan McCoy, el Chino y el otro negro… –volvió a quejarse el fulano.

–Sí claro, cuando estés dispuesto a sacar tu huesudo trasero del hospital para durar todo el día en el exterior tendrás uno.

–Bueno ya cállense, que el día ya es bastante pesado –dijo otro de los reos poniendo fin a la discusión.

La salida se vio en la compañía de una molesta pesadumbre. El “General” siendo el último se encargó de echar otro vistazo al interior del fuerte antes abandonarlo. Su sangre ardía con el pensamiento de haberle perdido la pista a Florr… Y las posibilidades de que estuviera en malas manos eran colosales.

“Adán” era una palabra que se recalcaba en su pensar con cada latido de su corazón… A una distancia prudente Eva observaba al equipo de asaltantes escabullirse de su refugio con las manos vacías, lo que le llevó a pensar… ¿Les habrían…? Inmediatamente sintió remordimiento de especular de una manera pésima.

Sus incertidumbres se vieron dispersas al tomar en cuenta que el armamento con el que contaban esos tipos hubiera causado un concierto de estruendos que jamás conseguiría pasar inadvertido… Era definitivo, esos invasores no tenían a su hermano y a los otros rezagados. No tenía ninguna alternativa fiable más que seguirlos, necesitaba averiguar algo y quedándose a reposar en su ahora inhabitado refugio no le serviría para nada. Si aquellos les estaban cazando quizás dieran con ellos, y así ella también.

Respecto a sus sospechas sobre la identidad del grupito, apostaba sin duda a los matones del Sara Abelló. Eran los únicos que había visto por esa área, y con ese equipamiento.

Le molestaba ser incapaz de adquirir algo semejante a lo que poseían ellos, y la cantidad de facilidades que provenían de la posesión de un buen rifle de asalto, harían su día a día más ameno… Además de las máscaras filtradoras de toxicidad que algunos de ellos tenían la suerte de llevar puesta.

Quizás podría arrebatarles algunas de sus pertenencias, en algún momento después de que se encargara de encontrar a su hermano primero…

Próximo a los límites de la ciudad, el hotel Sozza, un sitio de hospedaje de excelente categoría, se exhibía aún imponente. Y aunque carente del mismo resplandor del que solía engalanarse años atrás era aún una estructura de inigualable firmeza.

–Bueno, tendremos que modificar la táctica –dijo decepcionado este hombre alto y de óptima musculatura, casi llegando a la meta de los 50 años de edad con unas indiscretas entradas en su corta cabellera ya poblada de canas y una barba de ligera densidad. El condecorado ex capitán del departamento de policía de Mississauga terminó de elevar la larguirucha escalera metálica que utilizaba para acceder al lobby del recinto y la abandonó próxima al borde donde siempre la recargaba cuando deseaba descender.

–Sí, de nuevo, ya ni sé cuantas veces hemos hecho esta mierda. Aah… Sigo insistiendo en que deberíamos dispararles desde aquí, Kalashnikov –volvió a sugerir su compañero por enésima vez, bastante cansado de los múltiples intentos fallidos que acaecían constantemente– Mira la cantidad de cabrones que hay en el jodido lobby –señaló el rubio al piso inferior, plagado de muertos vivientes que obstruían en su totalidad la posibilidad de transcurrir por allí.

Al veterano jocosamente apodado Kalashnikov no le hacía mucha gracia el tema del ruido por un factor muy particular.

–Escúchame, Jazz, si nos ponemos a disparar corremos el riesgo de atraer la atención de…

–Sí, sí… de los burros estos del hospital –finalizó el joven lo que su superior quería decirle, harto de que se lo repitiera una y otra vez–. Pero es que las benditas linternas y las anticuadas lámparas de aceite que consiguió Nina no nos van a durar la eternidad. Y tampoco podemos prender una miserable fogata en esta porquería porque el humo sería peor que un disparo –puntualizó Jason, molesto.

–Prefiero que haya oscuridad a que haya sangre. Esos tipos tienen exploradores ahí fuera y nosotros estamos en el tope de su lista de caza y ya hemos perdido mucha gente –Nikov volvió a reiterar, austero, también cansado de la insistencia–. Tarde o temprano llegaremos a esa reserva, pero con calma.

La reserva eléctrica de emergencia, el principal motivo por el que seguían molestándose por lidiar con la cantidad incontable de cadáveres andantes, quienes dominaban la ruta para alcanzar el objetivo que se situaba en el sótano de la estructura. Durante toda la catástrofe desenfrenada que había acontecido en Mississauga la entrada al hotel no se estuvo cerrada y mucho menos protegida contra la plaga de infectados, lo que les sirvió a aquellos inanimados seres en bandeja de plata un inexorable ingreso. A pesar de todo ese lobby era la única zona no segura, por lo demás, se habían encargado de limpiar cada nivel y también habían imposibilitado el paso por la escalera principal.

–Bueno cómo quieras. Ya qué coño… –respondió Jazz resignado para escaparse de ese tema de agrandada pesadez.

Aquel par invirtió una mínima cantidad de tiempo en subir un piso más, donde le esperaba una bella señorita de una rebelde cabellera negra recogida en una no muy larga coleta con una mirada cálida.

–¿Así que nada de suerte hoy? –dijo Ana recibiéndoles en un pasillo, con las manos en la cintura adivinando el resultado del trabajo de sus compañeros. Siempre había sido muy atenta, en todos los aspectos.

–¡Peor que nunca! –dio Jazz su pesimista informe, resoplando.

–Venga, no desanimes. Tarde o temprano se dará –alentó ella propinándole una suave palmada en el brazo al rubio.

–Es lo que me canso de decirle –respaldó Nikov arrugando la frente y frunciendo los labios para dar a entender que era un caso perdido.

–Bueno y… los nuevos huéspedes… están asegurados. Paul y Nina se encargaron –dijo ella con complicidad al mismo tiempo que una de las esquinas de sus labios se levantase. Los ojos del más adulto se iluminaron al instante.

–¡Ya estamos listos, viejo! –otra persona surgió de entre los corredores–. La… hermanita del “general” está bien atada y no se irá a ninguna parte a menos que nosotros lo deseemos.

Max, un hombre de cabellos oscuros, se apersonó con su característica gallardía y ligereza para conducirse. El varón que apenas se acercaba a la treintena, y al igual que la mujer propietaria de unos resplandecientes ojos azules, Ana, estaba considerado como uno de los más entusiastas colaboradores del grupo de supervivientes integrado por un número exacto de 14 integrantes… reducidos vorazmente de una mayor cantidad en aquellos últimos meses inmisericordes... Siendo los rivales que les disputaban los recursos de la ciudad los principales contribuyentes del deceso…

–Este es Tony, ¿me reciben? –comunicó una voz grave y ronca a través de una radio.

Nikov automáticamente sujetó la radio colgada en su cinturón y se la colocó a un lado de la oreja para establecer la mejor interlocución posible.

–Capitán Kalashnikov aquí, te recibo, Tony –respondió, soltando el botón que le permitía hablar una vez expresada su atención.

–Ya no somos policías, Nikov, deje de hacerse llamar capitán –reclamó, muy claramente afectado por aburrimiento.

–Aún te lidero, te guste o no –dictaminó con algo de guasa–. ¿Qué noticias me tienes, Anthony?

–Los polluelos van devuelta al gallinero –anunció el otro hombre–. Están utilizando el sistema de alcantarillado del este de la ciudad para llegar al hospital.

–¿Puedes seguirlos? –preguntó Max algo intrépido cuando el sujeto de las canas apretó el botón para hablar.

–NE-GA-TI-VO. Están prácticamente a unas pocas cuadras del Abelló. No pienso arriesgar mi pellejo por nada –concluyó Tony rechazando la propuesta.

–No, no, está bien, te quiero cerca de la torre Filly cuanto antes. Voy a enviar a los muchachos a darle una visita al General... –dio advertencia Nikov para que su fiable explorador se pusiera en marcha.

–Okey, dokey, a-mi-gow –concluyó Tony calmado y dispuesto, cortando también la comunicación una vez afirmada la petición al apagar su aparato.


–¡Entonces manos a la obra! –dijo Max lleno de un particular ánimo, con la certeza de que estaba se encontraba en el proceso para conseguir algo grande.

–Voy a recoger mi mochila, ¿sí? –informó Ana alzando las manos como si estuviera a la espera de saber que le habían escuchado.

–Te acompaño, también quiero ir –Jazz se mostró voluntario en apoyar aquel par en la importante labor que se les aproximaba, asintiendo con la cabeza con decisión–. Me gustaría hacer algo productivo el día de hoy… –dijo con un casi ininteligible tono sarcástico que aludía al fiasco ocurrido en el lobby con el hombre que en antaño estaba designado como su capitán.

–Anda, anda –le ordenó Nikov para apresurarle. Tanto el pelinegro como su jefe observaron a Jason y Ana alejarse entre los corredores en busca del equipamiento que requerían para llevar a cabo la tarea encomendada.

–Bueno… –Max también se marchaba.

–Espera –detuvo el cuarentón posando su mano en el hombro de su compañero–. Ten muchísimo cuidado con lo que vas a hacer, Max. Ese método de persuasión tuyo… no es nada cauteloso. Recuerda con quién estamos lidiando.

–Tranquilo, viejo. En menos de lo que canta un gallo vamos a tener a esos cabrones comiendo de aquí... –el joven señaló la palma de su mano, soberbio, completamente seguro de su decisión–. Lo tengo todo controlado, K. Ya vas a ver…

Una vez fuera de las apestosas cloacas el equipo de matones se internó sin contratiempo en un ruinoso centro comercial. Eva no pensó dos veces antes de continuar con su seguimiento, porque a pesar de que no conservara intenciones de tener corta distancia con aquellos, tampoco sentía gusto por permanecer a la vil intemperie de las calles que para nada estaban despobladas.

Adentrándose entre los estrechos corredores formados por escombros, la castaña tuvo que permitir que el espacio entre ella y los reos volviera a agrandarse debido a la poca cantidad de coberturas que se le servían a medida que ingresaban en el gigantesco complejo de mercadeo. Subiendo al siguiente piso los reos se toparon con un par de infectados… lentos pero con una peligrosa agresividad.

Cuatro hombres se ocuparon de la sencilla labor levantando a ambos infectados como trapos y arrojándolos a través del borde de la baranda de cabeza al piso inferior para liquidarlos.

–Whoa, ho, ho… –el hecho les resultaba hilarante– Esos cabronzuelos no se van a volver a levantar.

Más muertos vivientes se apersonaron pero estos fueron fulminados con breves ataques cuerpo a cuerpo que se sucedían con inexistente orden o estrategia aunque compensados por una increíble contundencia que eficazmente eliminaban a los desalmados cadáveres que se atrevían a tomar cercanía con alguno de los reos mermando en absoluto las posibilidades de que alguno consiguiera la carne fresca que su insaciable y descontrolada hambre les exigía.

Los ojos críticos de Eva le indicaban que esos tipos por más indisciplinados que se pudieran ver, tenían una capacidad nata para batallar… y ciertamente demostraban tener una experiencia agudizada respecto a confrontar las amenazas que hacían acto de presencia en ese nefasto mundo con regularidad. Lo tenía claro, debía intentar ser lo más invisible que pudiera ser porque no duraría ni un segundo si llegase a estar bajo la mira de sus anormales vecinos.

El camino lentamente se iba ampliando mientras progresaban en su recorrido a la salida, obligando a la mujer a que se resguardara cada vez más atrás. Igualmente, los presos continuaban dispersándose para barrer su vía dejándole ver con claridad lo que Eva venía sospechando…

–Bueno, el General dejó claro que ustedes tres se tienen que ir a apoyar a los muchachos que fueron a chequear el supermercado –recalcó señalando a un trío de hombres en específico–. Porque creo que a esta hora… –el sujeto que tenía la palabra se miró el reloj de su muñeca, propinándole un par de golpecitos para remover la suciedad que no permitía observar el posicionamiento de las agujas–… Sí, ya deberían estar allá.

Los reos estaban incompletos. Les faltaba un integrante y podía diferenciar cual con una memoria digna de encomio. ¿Pero en qué momento precisamente se había descarriado una de las ovejas? Les había perdido tantas veces de vista que era difícil saberlo.

–Así que muevan ese culo a ver si nos hacemos cuanto antes con esa mercancía–impulsó él agitando sus manos a sabiendas de que en esa época la noche solía caer con muchísima prontitud que antes de la guerra nuclear.

Esperó pacientemente detrás de una columna a que los reos continuaran desplazándose ya fuera del centro comercial y se adelantaran otro poco antes de salir de nuevo a campo abierto.

–Aah… –la repentinamente perturbada mujer emitió un gemido lo más silenciosamente posible tras el vil ataque aturdidor que sufrió su consciente.

Era evidente que el medicamento no había actuado lo suficientemente rápido como para contener otro de aquellos intensos mareos que le hacían sentir tan descompensada. Podía sentir que lo que se avecinaba no era para nada agradable.

Una violenta contracción de su estómago le amenazó con expulsar un contenido inexistente… Cada espacio de su cabeza se revolvió oscureciendo sus pensamientos dejando lugar sólo para concentrarse en una manera de soportar el tortuoso síntoma de su problema de salud. Involuntariamente intentó sostener su frente con su mano sintiendo cómo si esos intensos vuelcos fueran a deformarle el cráneo al mismo tiempo que su garganta sentía la amarga caricia de los ácidos estomacales. Mareada, entorpecida, intentó apartarse aún más de aquellos hombres a los que llevaba un buen rato espiando… Necesitaba vomitar, su cuerpo le estaba exigiendo algo que no podía complacer.

Su visión estaba lentamente dejando de proporcionarle imágenes con sentido para convertirlo todo en un conjunto de objetos abstractos que le dificultaban a un nivel insufrible la capacidad de mantenerse en pie y tan siquiera observar a dónde ir. Cruzó finalmente un irreconocible umbral donde podría tener un lugar en el cual lamentarse sin prohibición.

Apoyada contra una pared no conseguía percibir que la intensidad de su calvario disminuyese. Contrariamente a lo que deseaba, sólo se veía cada vez más entre los brazos de la oscuridad… Siguiente a un par de pasos desmañados una pesada mano atrapó el hombro de Eva de una manera subitánea provocando que sus reflejos actuaran por sí solos girando esta con una velocidad vertiginosa.

Aquel enmascarado no encontró complicaciones en repeler el puñal que la castaña deseaba enterrarle con automaticidad gracias a su patético estado de lucidez. Pero no sólo atrapó su muñeca sino también rodeó su torso con su largo brazo para evitar su estrepitoso derrumbe.

–Eva…

Escuchó ella un segundo antes de perder absolutamente la propiedad de su conocimiento…

Las horas transcurrían y transcurrían y nada… ¿Qué estaba ocurriendo? No tenían mínima idea de por qué se encontraban allí, con un tipo bien armado custodiando detrás de la puerta que los mantenía encerrados en aquella curiosamente cálida habitación de grandes lujos…

Ningún tipo de móvil para ese “secuestro” se había manifestado ante ellos… Sus suposiciones se encontraban en una especie de limbo sin definir con claridad la naturaleza de sus captores. No habían tenido que afrontar un trato del más gentil del mundo, sin embargo durante esos días los comportamientos agrios parecían ser tradición, no era algo que les preocupara en demasía y, por otro lado, tampoco habían notado alguna disposición en injuriarles… al menos no a ellos.

La cabeza de Adán estaba completamente ofuscada con demasiados pensamientos… Su hermana, Eva, ¿Dónde podría estar? Sólo se habían sido separado una vez y no guardaba sino incómodos recuerdos de ese casi tortuoso período añadiendo el factor tan grave que se imponía en esta ocasión y era el hecho de que ella no conocía en absoluto su paradero… Y de igual manera su mente se centraba en la ausencia de Florr con quién los secuestradores parecían tener una especial obsesión nada sana…

Lo que más le atormentaba era la impotencia, la incapacidad de poder ayudar, de conseguir una solución. El niño caminaba persistente de un lado a otro mirando en cada rincón de la habitación con una extrema minucia.

–No servirá… –reflexionó Naitsirc observando la altura del edificio desde una de las ventanas.

Sin cesar seguía analizando la peligrosa ruta de escape que con solo sacar la cabeza le había bastado para saber que era imposible de utilizar debido a la gigantesca caída. Finalmente desistió para pensar en algo más… Todas las cartas jugaban en su contra, pero no podían permitirse la entera rendición.

Los curiosos ojos cafés de Inma se vieron cautivados por un par de pertenencias ajenas. Unas maletas con las que se había topado al examinar el armario de la habitación. Aquellas personas que les habían puesto en cautiverio no revisaban muy bien su propio dominio, dado el aspecto de aquellos contenedores… Con nulas ganas de retrasarse la castaña utilizó su “brazo bueno” y levantó de un tirón el bulto para arrojarlo sobre la amplia cama. Así ya con más comodidad se inclinó impulsivamente hacia el piñón que deslizaría a lo largo de la cremallera para revelar el oculto contenido que deseaba conocer.

Una larguirucha caja metálica, completamente negra, apareció ante ella. Frotó la superficie intrigada pero aquello no le decía nada aparte lo lisa que era, estaba muy bien cuidada, sin una sola línea mancillándole. Después de unos brevísimos segundos la chica ubicó el par de broches que sellaban la peculiar caja y sin un esfuerzo superior al de presionar los costados de ambos simultáneamente, el objeto cuadriculado dio apertura.

–Uau… –Inma se deslumbró con aquel hallazgo tan interesante… Sus pequeñas manos inquietas atraparon con firmeza el trasto antes de empuñarlo con profesionalidad.

Ya hacía bastante tiempo que no veía ninguno, y menos como ese. En antaño, antes de que la vida común se jodiese por completo, había poseído uno aunque de no tan elevada calidad. Sus dedos se deslizaron por la cuerda trenzada hasta detenerse exactamente en el centro para delicadamente tirar de ella. Inconscientemente sus labios se transformaron una sonrisa de pura nostalgia al sentir de nuevo el gusto tan grato que le traía recordar el que fue su más fiel pasatiempo.

–¿Eso es un… arco? –preguntó un Nait al observar a su amiga.

–Olímpico –dijo ella exteriorizando su felicidad en su simpático semblante.

Dentro de la caja no consiguió solamente aquello sino también el resto del equipo de mayor relevancia para la utilización de semejante artículo… El casi imprescindible guante de tiro y el respectivo carcaj, muy amplio y surtido de una vasta cantidad de resistentes flechas de carbón dentro.

–Me gustaba mucho practicar el tiro al blanco… de hecho, una vez gané una medalla de oro en una competencia –contaba la castaña muy entusiasmada mientras sus ojos brillaban–. Pero fue sólo una vez… nada más.

Naitsirc se le acercó con una mirada maliciosa aunque seria–. Inma –susurró él con recelo–. ¿Sabes que lo que tienes entre manos… es un arma?

–Aah… Nait, no, no –negó la chica viéndose atacada por una fuerte pesadumbre.

De alguna manera, sentía que transformaría un agradable recuerdo en algo más allá de lo bizarro… Pero, a pesar de que él alcazaba a comprenderla, el castaño no se veía en la posición de abandonar su idea…

Pasos, vocalizaciones ininteligibles y ruidos cortados atrajeron nuevamente el natural estado de alerta que solía llevar consigo. Eva abrió los ojos hallándose recostada cómodamente en una cama.

–Para, nará, nara, na, nará… i want’cha here… –una figura varonil se encontraba en la habitación con Eva, de espaldas, levantando una delgada cortina para ver al exterior mediante una sucia ventana, tarareando de una forma tan rara mientras meneaba la cabeza– In my room…

La castaña observó en derredor, sin hacer un solo movimiento para no alertar a quien parecía ser su celador.

–Now i wanna… be your cat. Now i wanna… be your cat… –no paraba de “cantar” entre dientes aquel coro aparentemente sincronizando los movimientos de su cabeza con su propia melodía.

Situó con la vista su mochila no muy lejos de sí, en una mesa pequeña a su izquierda, sin embargo se encontraba aún más lejana que ese tipo… Sin duda lo mejor sería que aprovechara el factor sorpresa para sacarle de combate y así posteriormente ir a por sus pertenencias… Sería pan comido, contó hasta tres en silencio antes de cometer un vehemente ademán que no pasó de ser eso. Su ejecución se vio ruidosamente frustrada por unas sólidas esposas que ataban su brazo izquierdo a unas barras de acero en el borde de la cama.

El hombre volteó sereno hacia ella con su rostro protegido por una máscara antigás, advertido del despertar de la damisela. Eva lo identificó de inmediato. Era el “extraviado” del grupo de reos… Vestía, con la capucha puesta, una sudadera negra bastante magullada con logotipos e imágenes clásicas que se basaban en la música rock muy desgastados, pantalón beige de cargo igualmente maltratado y unas poderosas botas de un tono bastante oscuro, color café, dignas de un alpinista.

Se tomó un instante antes de acercarse hacia Eva, aunque no precisamente por esta, sino por una mesa muy próxima donde reposaban unos determinados objetos.

–Te conseguí una botella de agua, una lata de atún y este presunto postre –el último envase lo sostuvo con su mano enguantada para observar con detenimiento de qué se trataba– que al parecer es una gelatina… posiblemente… caduca.

Analizando mas profundamente la situación, Eva se arrimó un poco hacia el borde paralelo a aquel sujeto como medida preventiva. Era bien sabido que estaba en desventaja, pero no precisamente indefensa… si deseaba violentarla, iba a tener fuertes complicaciones para lidiar con ella. Su disimulada postura defensiva se hizo presente y el cuerpo se le tensó a la espera de cualquier actividad brusca.

–Pero a buen hambre –dijo con un tono de resignación en su voz abandonando el botecito en su mismo lugar, incluso girándolo para recolocarlo en la misma posición con exactitud.

De nuevo se alejó de la prisionera. Eva recogió las piernas a medida que el sujeto se preparaba para sentarse en la esquina inferior de la cama… El cochón se hundió parcialmente hacia el hombre de la máscara una vez sus posaderas yacieron en él. Las miradas de ambos se conectaron rápidamente.

–Estamos en el hospital, ¿no es así? –preguntó la mujer del cabello cobrizo mordiéndose luego el labio inferior… cómo de costumbre, cuando comenzaba a sentir mucha tensión.

–Sí.

Aclaró sin adornos. Manteniendo la conexión visual hasta el momento en que se dispuso a hurgar entre sus bolsillos.

–Ya he visto uno exactamente igual a este –dijo el encapuchado sosteniendo entre sus dedos el Walkie-Talkie que utilizaba Eva para coordinar sus intercambios con el enigmático Doctor Payne–, en este hospital.

La preocupación de la mujer aumentó exorbitantemente así como su ritmo cardiaco al ver que su trascendental negocio clandestino se encontraba comprometido. De no ser por el frío, una gota de sudor habría recorrido su frente.

–¿De dónde lo conoces? –lo que más le perturbaba a Eva era la anormal tranquilidad que su captor transmitía. La mirada no paraba de cambiarle entre el aparato electrónico y los ojos del sombrío acompañante.

–Yo…

–¿Trabajas para él? –interrumpió su fría voz, distorsionada por los filtros de la máscara. Sus preguntas parecían no ser más que retóricas– Esto te lo da el doctor… ¿cierto?

Dicha la suposición el hombre de incógnito hizo aparecer otra contundente prueba emergente también de los profundos compartimientos de su pantalón: el bote de las pastillas.

– “Yodo” –leyó él. Y el silencio reinó junto con un aura taciturna, por al menos un minuto– Me gustaría saber que no, pero por todo lo que veo… estás enferma.

–¿Y qué? –preguntó desdeñosa sin cambiar la posición de su cuerpo, aún expectativa–. ¿Ahora qué?

Él se levantó, dejando tanto el contenedor de medicina como el aparato intercomunicador sobre la cama y se dirigió hacia la ventana una vez más–. Tampoco eres una minusválida. Quiero que te me unas.

–A ti, a una manada de salvajes –denominó después de un corto resoplido.

–Sí.

–Yo les he visto en acción, les he visto acribillar supervivientes vagando por la ciudad. Y más o menos tengo una idea de lo que ustedes hacen cuando capturan mujeres –dijo Eva descontenta y bastante reacia.

–Lo que ellos… ellos, le hacen a las mujeres –aclaró con intención de diferenciarse de los demás habitantes del hospital.

–Ajá, ¿y quién eres tú?

–Se supone que soy el General… –respondió no sintiéndose muy propio del nombre– Y voy a cambiar lo que tú has dicho. Toda esta insensatez y mediocridad la quiero ver desaparecer. Sé cómo hacerlo, con lo que tengo en este hospital en conjunto con todo lo que aún tiene esta ciudad, puedo hacerlo –afirmó, con un denso nudo en la garganta que le producía su visión sobre el futuro que añoraba–. Puedo hacer que todo mejore…

Su irrefutable sinceridad sumergió a Eva en sus pensamientos, en el antaño, en algo que parecía el sueño de un niño. La mujer abatida internamente por emociones sintió un escalofrío estimular su espina dorsal.

–Yo te protegeré, pero igual que la ayuda de todos necesito la tuya porque no puedo hacerlo solo...

Dijo, apartándose de la ventana, echándole un último vistazo a la dama.

–Te dejaré para que descanses, y también puedas reflexionar sobre mi petición –informó el enmascarado dirigiéndose a la puerta que simbolizaba la salida de la habitación, abriéndola en cuanto la alcanzó–. Nadie más sabe que estás aquí.

Notificó antes de cerrar calmadamente la puerta para dejar en absoluta soledad a la castaña… Seguidamente Eva se relajó, con un inconmensurable alivio extendiendo sus piernas y reacomodándose sobre la cama e incluso cubriéndose con la blanquecina sábana, preparada para tomar la decisión de acatar la primera sugerencia que ese hombre le había hecho. Quería dedicarse a descansar, al menos… físicamente.
 Entre las profundidades del hospital, específicamente en el sótano del edificio aguardaban un par de sujetos, descuidados, sumergidos entre basura, herramientas para diversos fines y una increíble cantidad chatarra metálica.

–¿Walley, Louis? –Caine, uno de los principales celadores de la mujer encargada de la atención médica en el hospital, Selene, se aproximó hacia los dos especialmente malolientes personajes que se encontraban sentados junto a una columna del poco alumbrado estacionamiento.

–¡Eeh! Pero si es el señor vagina facial... –balbuceó Louis burlándose de la gran cicatriz que recorría el semblante del recién llegado, frotando su poblada barba mientras intentaba ponerse en pie.

–¡Oye, Caine! –Walley, era un hombre más delgado, con menos vello facial y también estatura–. ¿Nunca te he dicho que te pareces a mi mamá? –preguntó riendo sin sentido, en el suelo–. Eres calvo, feo, amargado y tienes una cara de prostituta maltratada que no te la quita nadie.

Aparte de en la mecánica, el par de sujetos invertían el tiempo en abusar de los medicamentos del hospital para drogarse. Experimentando cada vez más de una manera desmedida.

–¿Otra vez con el Resgrip…?

–No, no, no, no, no, no –dijo Louis hablando de la misma manera que un ebrio, con apenas claridad, agitando su mano de forma negativa también.

–Mira que la última vez acabaste en el piso convulsionando con espuma y vomito saliéndote por la boca por andar de creativo –remembró Caine, estresado.

–Bueno, ¡sí!… pero no –contestó Louis haciendo un inentendible ademán que casi le envía devuelta al suelo asfaltado.

–¡Esto no es jarabe! –quiso decir Walley, aún echado, algo más lúcido que su colega– ¡Tiene!, pero sólo un poco del jarabe para la tos… –indicó el lunático–. Esto… esto es un coctel… de pura vida, be-bé… –el desaliñado se meneó ligeramente para acompañar sus palabras con un espasmódico bailecito.

–Deberían empezar a bajarle a la medicina o van a terminar muertos.

–¿Y qué carajo importa? Igual… Igual nos matan a mordiscos… o un… o uno de esos cabrones, rivales, ¡BUM! –Louis imitó con su mano la figura de una pistola y su mecanismo de ejecución mientras seguía sin concebir una sincronía en sus movimientos–, nos vuela la tapa del… del… coco.

–Miren pueden irse a cagar, ¿okey? –concluyó el hombre tuerto, irritado por los dos seres que no parecían tener ningún arreglo–. Lo que quiero es saber cómo está la ambulancia porque podríamos necesitarla.

–Oooh… pues la nena está lista para el rock n’ roll… –dijo Walley.

Aquel era el único vehículo del que disponían para trasladarse por tierra puesto que el resto se habían utilizado, al parecer, para atender la inmanejable cantidad de necesidades que habrían surgido en todos los lados de la ciudad de Mississauga. Aquella única ambulancia sin embargo se había mantenido indispuesta por un muy extenso periodo de tiempo para someterla a severos arreglos mecánicos que lograrían mejorar sus capacidades lo suficiente como para atravesar la ciudad sin demasiados inconvenientes.

Caine se apartó de ese par para dirigirse a la no muy distante ambulancia… La primera impresión fue placible. Aquel dúo de locos había reemplazado el parachoques delantero por uno mucho más grueso que lucía un “mataburros” igualmente modificado para permitirle al robusto vehículo abrirse el paso entre los múltiples obstáculos de la ciudad. Densas y fuertes rejillas también fueron integradas con el fin proteger el parabrisas y las ventanas laterales de impactos así como se hizo una mejoría en los guardafangos que resguardaban las nuevas llantas.

Lo que indudablemente también resplandecía era el cambio en la cabina trasera, donde se habían abierto pequeñas igualmente protegidas ventanillas que permitirían a cualquiera disparar desde su interior… o al menos era la primera utilidad que le podrían dar según su mentalidad… Y eso sólo era en lo exterior. Las ganas le abrumaban con probar como aquel monstruo se desempeñaba en el ruedo…

El calvo sin más palabra que mediar y sin más asuntos por resolver, abandonó el sótano encantado de alejarse del par de seres que habitaban en el estacionamiento.

–Hey, hey… Míster Caine –Crow le recibió a pie de la escalera, mientras jugaba tranquilamente con una moneda desgastada, lanzándola al aire tras atraparla, una y otra vez–. ¿Cómo están nuestros buenos amigos? –preguntó con cierto ánimo en sus palabras–. No estarán jugando a las espaditas otra vez, ¿eh…?

–Cállate –ordenó amenazante sin dejar de reflejar su asco en su rostro que un perturbador recuerdo le generaba.

–Bueeeno, bueeno… Sabemos que los yonkis esos no estaban haciendo cositas –el burlón de Crow se recargó en la pared antes de adoptar una expresión mucho más seria. El cara tatuada miró a sus alrededores con recelo y volvió la vista a su compañero–. Tengo algo que contarte, un poco raro… respecto al General –dijo–. Ahorita se ha llevado a una rubita del “burdel”. Una que atrapamos hace nada en el mismo supermercado que nos indicó… Y estoy muy seguro que no es para darse un gustito.

–¿Qué sé yo?, quizás quiera su esclava personal. Me importa muy poco lo que ande haciendo con las mujeres del burdel –contestó Caine demostrando su indiferencia, cruzando luego los brazos.

–No, no… sabes muy bien que él nunca le ha puesto un dedo encima a ninguna de las mujeres que han entrado en el hospital. Esta es como la segunda vez que baja a ese lugar. Además –Crow miró a su alrededor una vez más–, el cuento del supermercado no cuadra. Estoy seguro de que no estuvo sólo ahí como él dice –el moreno se enderezó antes de continuar hablando–. No es el gran acontecimiento, la verdad. Pero me gustaría saber por qué últimamente nos miente y se está comportando tan extraño.

–Pues, no lo sé… Hoy tampoco llegó junto al equipo de hombres que se fueron con él al tal fuerte ese en las afueras de la ciudad –comentó el calvo sujetándose la barbilla, dudoso–. Y nadie se enteró de cómo carajo había entrado, simplemente apareció aquí.

–Lo mejor es que mantengamos los ojos bien abiertos…

–Puma.


lunes, 11 de noviembre de 2013

(Encuesta) Personajes más destacados en la segunda ronda de NH 2

Buenas mañanas, mis pequeños lectores (y mis pequeñas lectoras). Lo sé, lo sé, probablemente ahora mismo estáis pensando por qué soy yo quien se encarga de subir los resultados, y no Míster Alice. Es tan sencillo cómo que, por ahora, no puede conectarse para hacerlo (o que es un vago y se está inventando excusas para que le haga yo el trabajo). Sea como sea, no me apetece enrollarme más, así que aquí mismo les dejo los personajes más destacados de la segunda ronda escogidos por todos ustedes. Muchas gracias por participar en la votación, y allá vamos: 

Medalla de oro: Puma (15 votos)
                                                          Nuestro querido general

El personaje más aclamado de toda la segunda parte de la historia hasta el momento ha conseguido finalmente alzarse con la victoria después de una humilde derrota por parte de la renacida de cabellos castaños. Nuestro adorado gato es un mamífero muy distinto al que fue en la primera parte. Los cambios acontecidos tanto en su personalidad como en sus modos de actuación frente al apocalipsis han cautivado a muchas de las personas que han seguido de cerca sus andanzas, entre los cuales me incluyo, por lo que cabe destacar que esta posición de vencedor era fácilmente previsible. 

Medalla de plata: Maya (12 votos)
    
                                Maya rompiendo su decisión de no volver a utilizar armas

En este caso particular, ha sido la cruda violencia quien ha derrotado a la conmovedora ternura, derrocándola a un segundo puesto en el escalón de vuestros preferidos. La multitud de capas diferenciadas que presenta en conjunto con su noble humanidad continúan manteniendo a esta joven en uno de los rangos más elevados de los personajes favoritos. Sin embargo, destronar a un felino no es tarea sencilla. 

Medalla de plata: (Empate) Ley (12 votos) 
                                         
                                                    La identidad jamás revelada

La peligrosa pelirroja portadora de la famosa katana degolladora de enemigos desenvainó su impiadosa arma en cuanto descubrió su miserable posición en la encuesta de la primera ronda, planeando atravesar con ella los corazones de todos aquellos que osaron vencerla. Y así lo hizo, obteniendo con ello un enorme ascenso de cuatro puestos, con el cual se ha situado en la segunda posición, justo a la vera de la señorita Maya. La dura personalidad de esta natural guerrera, así como su firme moral en la toma de decisiones han provocado que continúe permaneciendo entre vuestros más queridos. Por desgracia para ella, se le está resistiendo un puma salvaje mucho más que cualquier animal mutante.

Medalla de bronce: M.A (9 votos)
                                             M.A, el líder más impulsivo de la historia

El supuesto cabecilla del grupo principal ha sido uno de los personajes que ha sufrido mayores cambios durante el transcurso de esta segunda ronda, lo cual puede haber sido el mayor condicionante de que se resista desde su glorioso puesto al violento terremoto de las encuestas. Su impulsividad a la hora de determinar soluciones acompañada por el arriesgado e imprudente camino que le está capturando, debido a su más reciente suceso traumático, continúan manteniéndolo en un escalón privilegiado dentro de vuestros favoritos.

Cuarto puesto: Alice (8 votos)
                                          Y al tercer día resucitó de entre los muertos

Quien fuese el personaje inicial que dio comienzo a todo lo que sería esta amada historia se une a su enamorado en la resistencia contra el terremoto que les ha amenazado su anterior puesto, conservando solemnemente su cuarta posición. El vivaz retorno hacía una mayor humanidad por parte de esta mujer no ha resultado ser desapercibido para ninguno de vosotros, quienes consideráis que debe seguir permaneciendo en un rango medio dentro de vuestros preferidos.

Cuarto puesto: (Empate) Inma (8 votos)
                                                Inma, un nuevo soplo de aíre fresco

El que ha sido desde su primera aparición el personaje más delicado de la historia ha aprovechado el reciente terremoto que ha paralizado a algunos de sus contrincantes para escalar unos metros la distancia que la separa de la cima, ubicándose de esta manera en un puesto por encima de la encuesta anterior, obligando a Alice a compartir su posición. El carácter afectuoso y sentimental de esta señorita la distancia enormemente de la común sanguinariedad y violencia presente en la gran mayoría de los protagonistas, lo cual la convierte en un personaje muy especial que se ha ganado su reconocimiento dentro de los favoritos de categoría media.

Quinto puesto: Naitsirc (5 votos)
                                          El hombre invisible se presenta ante ustedes

Uno de los personajes que más desapercibidos han pasado durante todo el recorrido de la historia ha conseguido aprovecharse de una mayor inclusión de secundarios en esta encuesta para trepar por las enredaderas de unos tres puestos, situándose en una quinta posición dentro de la escala de los favoritos. A pesar de su escasa participación y su nula personalidad ha conseguido llevar a cabo la proeza de instalarse entre los protagonistas de clase media.

Sexto puesto: Sacedog (4 votos)
                                   Un amenazante Sacedog surgió de entre las sombras

El personaje más apartado del resto, protagonista de su propia historia transcurrida paralelamente a la principal, logró obtener en la anterior encuesta la preferencia por parte de algunos de vosotros, situándose en una séptima posición, que ha conseguido ascender en un único puesto durante ésta. Su personalidad luchadora, así como su intensa honestidad parecen haber captado la atención de unos pocos, pero ha pasado desapercibida para otros muchos, quienes lo han asentado como el más bajo entre los personajes de categoría media.

Séptimo puesto: Jericho (2 votos)
                                                    Un nuevo líder entre nosotros

En esta séptima posición nos encontramos con uno de los múltiples caracteres que han sido introducidos en la segunda parte de la historia. El posterior desarrollo de este personaje todavía es desconocido, e incluso incierto, pero tanto su bélico pasado como su tenaz actuación han alcanzado a rascar unos dos votos en la escala de los preferidos.

Séptimo puesto: (Empate) Florr (2 votos)
                                                     Florr, una adolescente diferente

Quien se ha convertido en la peculiar hermana pequeña de Puma también ha recibido el derecho de ocupar un pequeño hueco en esta segunda encuesta. Pese a no ser un personaje con una trayectoria demasiado larga, su irascible personalidad junto con su absoluta indiferencia respecto al grupo principal se han ganado unos dos merecidos votos.

Séptimo puesto: (Empate) Adán (2 votos)
                                                        La niñez a la orden del día

La incorporación de una primera figura infantil en esta segunda parte de la historia ha desembocado en un tercer miembro con el que compartir este séptimo puesto. El hecho de que este pequeño niño sea un personaje completamente reciente no le ha impedido recaudar unos dos votos debido a la bondad y la simpatía que caracterizan su inocente personalidad.

Octavo puesto: Nicole (1 voto)
                                                   La protagonista de todo un spin-off

En la última posición de la escala de favoritos encontramos al personaje de cabellos rubios que protagonizó el único spin-off de la historia. No conozco mucho sobre las características de este personaje, así que me limitaré a decir que pese a la creciente importancia que la ha trasladado hasta esta segunda parte, solamente ha logrado escalar un pedrusco de nuestra enorme montaña con su único voto.

Octavo puesto: (Empate) Eva (1 voto)
                                                      He aquí nuestra actual anfitriona

Acompañando a Nicole en la última posición, encontramos a la hermana de quien es nuestra primera figura infantil, con tan sólo un puesto de distancia respecto a él. Tanto su escaso recorrido en la trama como su personalidad todavía inexplorada la sitúan como la menos preferida en la escala de los favoritos.


miércoles, 30 de octubre de 2013

(Encuesta) Mejor personaje de la 1º ronda

Pongo aqui los resultados de los mejores personajes de la primera ronda segun los votos de los fans.

1º  MAYA
Maya ha sido elegida el mejor personaje de la 1º ronda,sin duda es uno de los personajes mejores desarrollados y quizas en la que mas episodios ha aparecido,tiene el cariño de todo el mundo y estuvo entre los tres personajes favoritos de la primera entrega del fic,es sin duda un personaje impresindible en nh,es uno de los ejes centrales de nh2 y su personaje es de los que mas evolucionan en la trama,durante la primera ronda la hemos visto en muchas facetas diferentes,pero sin perder la esencia.

2º PUMA
Puma se conforma con el segundo puesto,casi empatado con Maya,y es que ha mucha gente parece haberle gustado el cambio radical que ha dado en esta segunda entrega,ahora mas misterioso e interesante que nunca va a por el primer puesto.

3º M.A.

M.A. sube en la lista de favoritos,se ha comvertido en una especie de lider del equipo,consiguiendo ser un personaje indispensable para el grupo,sin duda se ha ganado su puesto en el ranking,y aún no es nada con lo que le depara el futuro.

4º ALICE

Alice no ha sido muy protagonista en esta primera ronda,pero parece haberse ganado un puesto en el corazon de los fans,con esta nueva Alice malvada y casi sin control parece haber gustado a los fans,pero eso es solo una etapa de este personaje,junto con Maya es uno de los pocos personajes que mas han cambiado en nh.

5º INMA
Muchos han criticado a la prima de Maya,pero parece que a la mayoria de los fans les gusto mucho en la primera ronda,fue un personaje regular y constante,y diferente a las demas chicas,por lo que seguramente llamo la atencion del publico.

6º LEY
La favorita por exelencia de nh1 parece haber bajado algunos puestos en la primera ronda de la 2,quizas por que su personaje no aparecio hasta el final,pero aún asi se queda con una buena posicion ,siguiendole muy de cerca a Inma,Ley vuelve en esta ronda tras su desaparicion en nh2 con muchos secretos y misterios tras de si.

7º SACEDOG

Sacedog sigue con su trama aparte y sus seguidores fieles, con una nueva perspectiva del personaje y nuevos secretos  nadie se espera como evolucionara el personaje en los proximos capitulos,lo que si está claro es que sigue fiel a unos principios y a su vez diferente en ciertos aspectos.

8º NAITSIRC

Naitsirc se convierte en un personaje fijo en esta nh2,teníendo participacion en ella desde el principio,el personaje va cobrando cada vez mas protagonismo,pero sigue siendo casi "nuevo" para el publico,puede que por eso este en el 8º puesto.

9º JERICHO


 Jeircho se queda en ultimo puesto,pero no por ellos menos imprtante,con el factor de "el nuevo" es logico que no sea aaún parte de los favoritos,el tiempo dirá.


viernes, 25 de octubre de 2013

Los capítulos mas vistos de la segunda ronda de NH2

Aqui les dejo la lista de capitulos mas vistos de la segunda ronda:

1º  UNA REVELACIÓN IMPREDECIBLE

Sin duda el capitulo de Puma de esta segunda ronda a gustado tanto a público como a autores y es que en este numero tanto el autor Puma como el personaje suben el liston,hasta llegar a lo mas alto.

2º   MIS CAMARADAS Y YO

El capitulo de Ley se queda en segundo lugar,y es que el personaje es de los mas querido de todo nh y tanto las encuenstas como el numero de visitas lo demuestran,pero le ha salido un duro competidor.

3º  UN MAL DESPERTAR

El capitulo superimpactante de M.A. no ha dejado indiferente a nadie y se cuela como el  tercero mas visto,y esque tanto el personaje como el autor han sorprendido en este capitulo indispensable para todo fan de nh,

4º  LA CURA

El capitulo de Alice,da a entender que existe una cura ¿será verdad? sin duda un capitulo muy importante para el desarrollo de la protagonista donde se revela parte de lo que le paso en esos dos años que han pasado.

5º  CAÍDA (I Y II)

Tanto la primera como la segunda parte del capitulo de Nait se cuelan en el quinto puesto,sin duda uno de los capitulos mas largos de la historia y con un gran desarrollo de los personajes protagonistas.

6º  PESADILLA
El ultimo pero no menos importante es el capitulo de Sacedog,pero recordemos que esta ronda conto con menos episodios,aún asi en este capitulo vemos el desarrollo de la trama de Sacedog.

jueves, 17 de octubre de 2013

NH2: Capítulo 018 - Perdidos

Horas y horas de caminata sin cesar ya provocaban intensos ardores en las piernas de Alice, pero especialmente en su compañero quien había cargado en sus brazos a un niño adormecido, durante más de la mitad del interminable recorrido esperanzado en la posibilidad de conseguir reposo. Los hombros y codos del hombre se quejaban casi entumecidos añorando ser libres, sin embargo, su espalda era la que realmente sufría.

   Estuvieron caminando muy cerca de una inidentificada carretera, más no en ella, aprovechando lo boscoso del área para esconderse con los matorrales aún dueños de su color natural, libres de la temida y destructiva radiación. Una inteligente precaución propuesta por Alice que les había evitado confrontar alguno que otro muerto viviente, aunque no a todos.

–Ni siquiera sabemos hacia donde vamos… –dijo aquel joven hombre de cabello oscuro, desganado y cansado. 

–La carretera nos va a guiar. No te preocupes –respondió la rubia, mirándole por encima del hombro, emitiendo más confianza de la que realmente disponía.

–Te cabe razón, ¿pero adónde? –preguntó, retóricamente–. No creo que nos espere un refugio o un equipo de salvación.

–Lo sé. Aún así es mejor que quedarse en medio de la nada –consecutivamente los ojos de Alice se entornaron hacia un gran letrero que se había caído fuera de la carretera.

   La chica leyó, dificultosamente por el óxido y las plantas enredadas en él, que el gran aviso público indicaba una miserable distancia de 35 kilómetros para arribar a “Mississauga”.

–¿Mississauga? ¿Esto no es… Canadá? ¿Estamos en Canadá? –la incredulidad en el rostro del hombre era absoluta.

–Canadá… –nombró Alice, asombrada.

   Ambos meditaron por un segundo. No estaban tan seguros de cuanto les podía convenir esa ciudad… Pero parecía ser la única opción.

–Deberíamos continuar.

–Estoy muy cansado… –informó él, acomodando al niño recargado en su pecho–. ¿No podríamos sentarnos un rato?

   La rubia miró hacia el cielo dichas aquellas palabras.

–Creo que tenemos unos minutos –dijo con seguridad al notar la poca claridad que aún permanecía en el firmamento–. Ya casi nos va a caer la noche.

–Con cinco minutos bastará. Tampoco es que quiera estar mucho tiempo aquí con esos malditos cadáveres rondándonos.

   El pelinegro se acomodó sobre sus posaderas en un tronco caído con su hijo aún en brazos. Alice se sentó en paralelo sobre un montículo de piedras estirando perezosamente las piernas mientras dejaba escapar un gemido de alivio.

–Estás de mejor humor… –fue la observación del compañero de la chica.

–No es que sea una anciana que gruñe todo el día, ¿no?

–Ayer lo parecías –dijo burlón.

   Alice ladeó la cabeza y entrecerró los ojos.

–Ve dándole un poco al respeto, ¿no? –masculló presuntamente severa llevándose la mano a la funda del machete en su cintura.

–Lo siento –se disculpó él, aunque entre carcajadas.

–¿Tienes nombre? –preguntó ella girando su cuello lentamente para aflojar los “nudos” que se estaban formando a lo largo de sus hombros.

–¿Yo…? Soy Enrique. Y él –Enrique frotó la cabeza de su hijo–, es Félix.

   Ligeramente, el hombre sonrió. Quizás estaba agradecido de la poca importancia que la rubia estaba empezando a otorgarle.

–¿Tú cómo te llamas?

–Me llamo Alice… creo –dijo, vaga.

–¿Cómo es eso? –Enrique arrugó la cara con extrañeza.

–No sé si recuerdas que te dije que la muerte no era tan mala… Pues yo he muerto.

–No me jodas, Alice. Eres pálida pero no tanto cómo para ser un fantasma –la rubia sonrió, agraciada.

–Para nada. A lo que me refiero es a que yo no debería estar aquí. Yo morí hace mucho tiempo y me revivieron… Es difícil creerlo. Pero incluso te puedo decir que no fui la única.

–No parece que estés mintiendo… –respaldó Enrique, aunque con parcial convencimiento.

–Desde que “regresé” me he sentido muy extraña, confusa. Recuerdo muchísimas cosas pero no todas las siento mías –Alice se expresaba oscilando acerca de cómo se sentía en realidad–. Es sinceramente un vaivén. Incluso para mí es increíble toda esta situación.

–¿Quién te revivió…? –el tema estaba llamando la atención del pelinegro, demostrando este sus intenciones de ahondar.

–ESGRIP…

–¿La corporación farmacéutica? –por segunda vez Enrique frunció su semblante–. ¿La misma con el nombre de jarabe para la tos?

–Sí –con una carcajada de por medio la rubia afirmó–. Exactamente ellos.

–¿Y tú qué crees…? ¿Les debes las gracias?

–No lo sé. Pienso que he recibido otra oportunidad.

–En serio que es increíble… Pero bueno, hace un par de años nadie se imaginaba que el destino del planeta fuera este.

   La chica se veía cansada, decepcionada de algo ininteligible. El silencio hizo suyo el ambiente unos extensos segundos. Alice verificó su armamento… se apoyaba tristemente de sus dos pistolas de las cuales comprobó, al extraer los cargadores, que una de ellas tenía el cargador casi vacío, con apenas tres balas restantes, la otra aún estaba completa con 13 disparos… para proteger su integridad a corta distancia disponía ya sólo con uno de sus machetes puesto que el otro colgaba de la cintura de Enrique. Aún estaba apropiada del rifle pero la munición de dicha arma ya había expirado desde hacía mucho tiempo… sin embargo no quería próximamente encontrar algunos cartuchos y arrepentirse de no poseer su arma más larga.

–Enrique, tú que viviste en esa ciudad… ¿Nunca conociste a… M.A.?

–M.A… Ah sí, no pude convivir tanto con él pero sí compartimos en algún momento. Es un buen tipo o era… Bueno, no lo sé. De verdad espero que esté vivo –las palabras de Enrique produjeron una pesadumbre en el interior de Alice. La rubia asintió afligida torciendo los labios–. ¿Por qué lo preguntas? ¿De dónde lo conoces tú?

–Pues… formó parte del capítulo más intenso de mi vida –dijo alzando la mirada hacia la aproximación del anochecer–. Creo que ya deberíamos empezar a caminar.

–Bueeeeno, no fueron cinco minutos pero tienes razón… No podemos dormirnos en los laureles.

   Al mismo instante en el que Enrique intentó levantarse el pequeño Félix comenzó a moverse, bostezando y retorciéndose.

–¡Ya era hora! –dijo el hombre, sonriente–. Hola.

   Devuelta a la ruta, aquel trío continuó la caminata lo más silenciosamente posible para pasar desapercibidos a través del penumbroso bosque sobre el que se cernía la frialdad de la noche. Alrededor de una hora les tomó recorrer la distancia suficiente para avistar la primera edificación perteneciente a la desahuciada ciudad. La triste imagen gris de Mississauga se alzaba desde el horizonte.

–No tiene muy buena pinta… –observó Enrique con desaliento.

–Algo tiene que haber entre ese montón de ruinas, ¡algo! –espetaba Alice en un intento de imponer la esperanza sobre la decepción.

–Busquemos algún agujero donde escondernos hasta mañana y luego veremos qué podemos encontrar –el pelinegro se mostró sereno y razonable hasta donde pudo. Apretando con fuerza la mano de su hijo para seguir caminando.

   La avenida estaba bloqueada por una inconmensurable cantidad de vehículos embotellados, arropados por tierra y óxido. Apoyándose entre ellos consiguieron atravesar el mar de automóviles inservibles… El paisaje no era el más cálido… Edificios derruidos, reposando unos sobre otros creando extraños arcos, esculturas tétricas gigantescas esculpidas por el caos bélico llevaban a sentir una escalofriante desolación debajo de unas estrellas que gracias a unas nubes tenues y amarillentas cargadas de líquido intoxicado producían un creciente brillo verdoso para adornar a la joven noche. 

   El menguado progreso a través de la carretera les dirigió a adentrarse muy profundamente en la ciudad, ya ni siquiera eran capaces de mirar por donde habían llegado, por la distancia en combinación con la falta de claridad… faltarían minutos antes de que se encontraran caminando a ciegas porque ni la luna daba indicios de querer ampararlos. Debajo del elevado eran audibles sonidos… el roce de la suela de un zapato siendo arrastrado en el concreto, pasos irregulares y torpes que iban y venían… no estaban solos. 

   Al abandonar la avenida no tardaron en comenzar a presenciar el más cruento resultado… la mortandad originada por la guerra mundial entre los vivos y los muertos. El cúmulo de cuerpos se pronunció al instante en el que Alice, Enrique y su hijo ingresaron en las calles… el pequeño Félix se aterró con la presencia de tantos restos mortales a simple vista, incluso una minúscula cantidad de cuerpos se agitaron hambrientos.

–Por Dios… –Enrique miraba atónito todos los miembros repartidos a lo largo del asfalto. Estaba realmente impresionado por la masacre que se había desatado, y cómo el insufrible ecosistema había estado diluyendo de una forma muy bizarra lo que quedaba. El pelinegro sostuvo a su hijo junto a sí al interceptar a una peligrosa cantidad de muertos vivientes que emergían desde las zonas más oscuras¬.

   Lamentos, gemidos roncos eran producidos por las resecas gargantas de los seres que no se resignaban a morir aún. Sus esqueléticos cuerpos de piel agrietada secretaban un repugnante pus de entre su extremadamente delgada masa muscular. Algunos echaban de menos trozos de sus propios rostros dejando a la vista una macabra dentadura con carne pútrida entre los dientes, así como también carecían algunos de parpados que sostuvieran sus ojos pálidos como la cera.

   Se estaban acumulando de una manera increíble… A simple vista era imposible definir el punto de salida de tanta monstruosidad.

–Alice… Tenemos que salir de estas calles… y rápido –sugirió Enrique mientras una gota de sudor helada descendía por su sien.

   La rubia se entretuvo fugazmente con el cuerpo de un militar… aunque más con el arma que retenía debajo.

–¡¿Qué haces?! ¡Vámonos! –la desesperación del hombre crecía desmedidamente y más con su pequeño hijo a punto de romper en llanto.

   Un par de muertos vivientes demasiado próximos a Enrique fueron eliminados por este, llevándose el primero un machetazo en medio de las cejas que bastó para desarmar su cráneo y los trozos muertos y secos de su cerebro derribándolo al instante. Apartando a su hijo el hombre encaró al siguiente utilizando su prolongada arma blanca como guillotina. Llevándose las manos a la boca Enrique evitó vomitar al repugnarse de cómo había desmembrado a ese dúo de desdichados.

   Con prisa la rubia consiguió extraer un subfusil, asqueada por el hedor del cadáver saqueado. Enrique no conseguía entender lo que su compañera pretendía hacer… ¿Acaso tenía intenciones de confrontar a toda esa jauría de seres de ultratumba?

   Inmediatamente Alice alzó el arma automática e iluminó toda la calle con la luz de una linterna acoplada al cañón.

–¡Por allí! –la chica apuntaba con el pequeño foco hacia una calle más despejada. Realmente había conseguido convertirse en el faro del grupo.

   Alice sostuvo su nuevo armamento al nivel de su cintura para desvelar el camino con la linterna y se sirvió de su machete para arremeter contra los muertos que intentaban acercarse demasiado. Enrique igualmente aprovechó la misma disponibilidad de un arma gemela para defender a su hijo, y a sí mismo, de los zombis que se atravesaban en su camino mientras prácticamente arrastraba al niño por la calle.

–¡Alice espera! –el joven hombre se tomó un segundo para montarse al niño en la espalda y poder así aumentar la velocidad.

   La chica liquidó a otro muerto viviente dividiendo su cabeza en dos a desde la línea de sus ojos justo cuando Enrique ya le estaba alcanzando, pudiendo así continuar con su carrera. Desesperados, aceleraron al máximo el movimiento de sus pies hasta que pudieron dejar atrás la horda de deplorables cadáveres andantes… pero sin idea de hacia donde les estaba guiando la conmoción.

   Sus pasos consiguieron llevarles a un callejón ocupado por escombros principalmente compuestos por ladrillos, muebles y otros componentes de construcción que solían pertenecer al par de edificios que conformaban el estrecho pasadizo con una salida directa hacia la otra calle… también repleta de cadáveres, ya inanimados, la mayoría con la carne calcinada, ligeramente tornada en una masa viscosa ennegrecida que olorizaba horrendamente toda la vía pública.

–¡¿Qué pasó en esta ciudad?! –preguntó Enrique a nadie en especial protegiendo su nariz con su mano de los vomitivos hedores.

–Esto es un infierno. Fue un error entrar aquí… 

   Enrique dejó en el suelo a Félix mientras este derramaba lágrimas, aterrado, con un llanto silencioso por el shock. Hincando una rodilla en el suelo abrazó a su hijo para brindarle consuelo.

–Hey… ¡Allí! –Alice le propinó un golpecito en el hombro con la punta de los dedos a su compañero adulto mientras enfocaba con la linterna la entrada de un gran supermercado a un par de calles.
–No perdamos tiempo. Odio estar aquí afuera… odio estas malditas calles.

   Por aquella vez el pelinegro tomó la iniciativa de emprender el recorrido hacia las puertas del sitio que simulaba la aliviadora imagen de un refugio. La chica extrajo el cargador del subfusil para estar segura de que podría contar con él si las cosas se tornaban color de hormiga. Poseía poco más de la mitad de las balas que cabían en el cargador, 13 concretamente.

   Esta vez sin demasiada dificultad alcanzaron su destino. Las puertas se habían atascado, sin embargo bastó con la fuerza de Alice y Enrique para liberarlas.

–Rápido, rápido –fue la orden de la rubia al instante en el que entraban.

   Encargándose de asegurar de nuevo la entrada tomó su rifle y lo introdujo entre los agarradores de las puertas para trabar su apertura. Inmediatamente Enrique arrastró un mostrador con sumo esfuerzo para respaldar la seguridad en la entrada principal del supermercado. Una vez hecho su trabajo se dejó caer sentado en el suelo apoyado del mueble que había colocado como obstáculo.

–Estás temblando –dijo Alice con seriedad observando cómo las manos del pelinegro parecían vibrar.

–¡¿Tú crees?! ¡Para nada estoy acostumbrado a esto!

–Creo que ya podemos estar un poco más tranquilos aquí… –supuso la rubia para relajar algo más a su compañía–. Solamente…

–¿Tranquilos? ¡Estamos en medio de una puta ciudad con un millar de muertos que caminan en ella! ¿Cómo vamos a estar tranquilos aquí encerrados esperando a que esas cosas nos devoren? ¡¿Eh?! –Enrique estaba perdiendo los estribos a causa de la presión de tener la literalidad de la muerte siguiendo los pasos… Pero sus palabras aunque desmesuradas, aún así, tenían peso, tenían verdad–. ¡Yo no-…!

   Las palabras fueron interrumpidas por la perturbadora silueta de un humanoide sombrío acechándoles desde el final del pasillo.

–¡Félix! –el niño se espantó por el grito de su padre, quien se incorporaba exaltado sobre sí.

   Una vociferación gutural desde la penumbra alertó a Alice para hacerla voltear y enfocar con su linterna a un trío de infectados que comenzaban a correr eufóricamente hacia ellos. Una estruendosa ráfaga de proyectiles de plomo hizo caer al infectado que más se había apresurado con un orificio en la frente… Inmediatamente bajó el subfusil, tanto ruido estaba por atraer a todo el vecindario de carnívoros. Jamás se le había cruzado por la cabeza el concierto que iba a concebir.

   Haciendo uso de su fiel machete Alice decapitó al siguiente infectado mientras que Enrique se interpuso entre el pequeño Félix y el último de los muertos vivientes de una manera torpe tan desmesurada que le fue imposible extraer su único armamento para encarar a la tenebrosa amenaza que quería atentar contra su vida. 

   El zombi embistió ferozmente al pelinegro llevándolo al suelo con una fuerza que ni él mismo había podido imaginar. Aprisionándole con su ensangrentado y malherido cuerpo el zombi se retorcía sobre Enrique agitando su mandíbula frenéticamente en un intento por hincar sus sucios dientes en la carne fresca que se resistía férreamente presionando su antebrazo contra el cuello del no-vivo. Célere, la cabeza del infectado fue perforada por el machete de Alice poniendo fin a su contiendo por la obtención de carne fresca.

   El hombre le propinó un empujón al cuerpo inerte justo antes de llevarse las manos a la cara, aterrado e incapaz de temblar más de lo que ya estaba. Sin embargo sus pensamientos se concentraron el bienestar de su hijo, por quien brincó del suelo para asegurarse de que se conservaba intacto.

–Eso estuvo demasiado cerca –afirmó Alice en el momento en que desencajaba su arma de acero del cráneo de la víctima. Sus compañeros se inmutaron, ella esperó unos segundos con algo de incomodidad ante el reciente problema… parcialmente causado por sus decisiones. Siento culpabilidad, sin duda–. Yo… iré a chequear que no haya ningún otro infectado… 

   Dada la información la chica se retiró por el pasillo empleando el subfusil para revelar su camino. Los malestares se producían en ella de forma acumulativa, ya comenzaba a costarle pensar con claridad, quizás solo necesitaba parar por unos instantes. Para completar su día entre los pasillos se topó con una desagradable sorpresa. Infectados baleados, cadáveres desmembrados. Claros indicios que definitivamente demostraban la batalla campal desatada allí recaudadora de más de 20 muertos, todos desperdigados por el área... y lo que más incomodidad le causaba era el hecho de que parecían no tener mucho tiempo allí, algunas horas como mucho. 

   Después de analizar la escena se mostró particularmente interesada en piezas de una vestimenta hecha para confrontar radiación, tirada en el suelo, destrozada. No había contemplado la posibilidad de que la ciudad hubiera sido alcanzada por la radiación. Adentrándose un poco más, Alice se posicionó junto un refrigerador volcado, contenedor de múltiples botellas de agua. Tomó un par de los envases plásticos y regresó sobre sus pisadas evadiendo asqueada la alfombra de cuerpos y sangre.

   Devuelta al lugar donde yacían Enrique y su hijo notó como estos parecían un poco más calmados.

–¿Cómo se sienten? –preguntó Alice, extendiéndole una botella de agua al pelinegro.

–¿En realidad puedes preguntar eso…? –dijo él con ironía sujetando lo que la chica le ofrecía.

–Lo sé, lo sé. Pero es que creo que… podemos estar expuestos a la radiación.

   Enrique guardó silencio por un instante, mirando el suelo.

–Sinceramente me da igual… Sólo busquemos un lugar dónde descansar.

   Alice pretendía darle mucha más importancia al tema… pero aún así cayó en cuenta de que podría ser una simple corazonada. Sin embargo era algo que no dejaría olvidado del todo.

   Dispuestos a encontrar reposo, el trío se encaminó a la zona de empleados. No tardaron absolutamente nada en dar con el comedor amueblado con un par de sofás, fregadero, una cocina, microondas, varias mesas y también sillas para el uso del personal que un día trabajó allí. Todo muy bien arreglado haciendo un contraste muy marcado con todo lo que venían viendo, signo de que no había recibido visitas en muchísimo tiempo. 

   Destruidos no sólo psicológica sino de igual manera físicamente, Alice, Enrique y el pequeño Félix se apoderaron de la comodidad de los sofás para intentar entregarse a los brazos de Morfeo.

   La noche había transformado aquella ciudad marchita en una auténtica boca de lobo donde no reinaba más que la muerte misma, abundante y andante.

Disparos… sonoros y estremecedores disparos retumbaron en los oídos de Alice para hacerle abandonar su dificultosamente conciliado sueño. Incorporándose de su postración sus ojos se cruzaron con los de Enrique y su pequeño hijo, quienes reposaban en paralelo. De inmediato se pusieron sobre sus pies.

   Por impulso la rubia fue la primera en abandonar la sala para regresar a los corredores del supermercado. Con pisadas ligeras y el cuerpo gacho se dirigió sigilosamente al origen de los plomazos. En escaso tiempo alcanzó la entrada y pensando dos veces elevó la cabeza por el mostrador para ver a través de las puertas de cristal como se celebraba una carnicería. Un grupo de hombres, de al menos 13 sujetos algunos con bragas anaranjadas, otros con vestimenta irregular pero todos poseedores de un equipamiento de calidad militar, se encontraban despachando a un numeroso conjunto de zombis acumulados a las puertas del establecimiento.

–Rápido muchachos que la maldita calle no tarda en ponerse caliente –imperó un tipo de cabeza rapada, tono de piel oscura y pronunciados tatuajes a lo largo del rostro–. ¡Ustedes tres conmigo! Vamos a agilizar un poco la labor –dada la nueva orden el ahora escuadrón se dirigió a la zona de descarga del supermercado donde podrían acceder por la parte trasera… concretamente la del almacén.

–Alice, ¿qué pasa? –preguntó sorpresivamente Enrique detrás de la susodicha.

–Ha-hay graves problemas… busca a tu hijo, tenemos que buscar una manera de salir de aquí –la chica se encontraba realmente atemorizada.

–Podemos salir por el almacén…

–No, van a entrar por atrás. Busca al niño y escóndete –reclamó tenaz.

   Veloz el pelinegro acató la indicación y fue en busca de su pequeño. Lo mejor que podían hacer era optar por la evasión, un enfrentamiento directo no iba a resultar en nada favorable para ellos, estaban en total desventaja.

–¡Listo muchachos! –habían finiquitado su violento asunto con el cúmulo de muertos–. Vamos a abrir las puertas.

   Era hora de que Alice se apartara del lugar y se colocara a cubierto.

–Para nada, esto está bien cerrado… Alguien la bloqueó. Seguro fueron los otros desgraciados… hasta atravesaron un rifle.

–¿No puedes sacarlo? –sugirió uno de ellos.

–Que va, mi mano no llega –desistió–. Esperemos que Crow nos abra el paso, mientras, hay que estar bien alerta con los carnívoros.

   Un trío de hombres se dispersó a lo largo de la calle con separaciones de prolongados metros para reconocer la zona y vigilar las amenazas que pudieran hacer acto de presencia mientras el resto permanecía en la entrada.

   Alice se mezcló prontamente entre los corredores aprovechándose de la ligera oscuridad remanente. Pesados pasos comenzaron a sonar con leve eco dentro del supermercado.

–Atentos, muchachos. No queremos sorpresas con ningún muertito –había pensado por un segundo que podría ser su compañero con su pequeño hijo pero estaba muy equivocada… era ese sujeto tatuado, el supuesto Crow–. Quiero un barrido de la zona.

   Los ojos de la rubia recorrieron el entorno en busca de las posibilidades. Tenía a su disposición una vasta cantidad de corredores, pero podría terminar acorralada si no pensaba correctamente… Ellos eran cuatro y estaban muy bien armados. La situación era delicada.

–En serio. Parece que el coronel no exageraba respecto a este lugar… –decía uno de ellos.

–¿Coronel? ¿De quién coño me hablas?

–El coronel, el tipo este que…

–Dirás el “general”, idiota.

–Da igual. Lo que me sigue impresionando es el hecho de que no hayan saqueado este sitio.

–Si ves las calles te darás cuenta de que la guerra que se desató no le dio oportunidad a nadie.

–Puede ser… todo se hundió tanto en la mierda en tan poco tiempo.

   Tenía que guiarse con el haz de sus linternas para mantenerse fuera de su rango de visión, sin embargo había suficiente luz como para ser vista con facilidad.

–¡Hey, Crow!

–¿Qué pasa? Baja la voz –atendió este, aproximándose a paso ligero,

–Creo que he encontrado a los tres tipejos que abandonaron el hospital –informó uno de los matones.

–De hecho eran cuatro… –corrigió Crow. El moreno se acercó a los cuerpos que nadaban en sangre, fácilmente identificables por sus ya no tan relucientes monos anaranjados–. El otro estará por ahí en forma trocitos… Pobres bastardos.

–Estos fueron los que atacaron al General, ¿no es así?

–Sí, pero… A este tipo le cortaron la pierna con demasiada precisión –señaló con menudencia aproximándose aún más al cadáver con el miembro cercenado–. Y a este… a este le fue pésimo… pero le rebanaron la mano y la cabeza con muchísima precisión también –mostrando aún más escrupulosidad en el siguiente desdichado–, y para eso se necesita un arma larga y de muy buen filo.

–¿Cómo un machete? –sugirió.

–No, los machetes son muy rudimentarios como para hacer esto. Yo estaba pensando más en una espada… algo como una katana –especuló Crow, hincando una rodilla en el suelo cuidadoso de no empaparse con ningún líquido carmesí.

–Pff… ¿Quién estaría tan chiflado como para cargar algo así en estos días?

–Realmente, sería muy inteligente, puesto que a una katana no se le acaban las balas… Pero para hacer este tipo de cortes necesitas tener una buena técnica y por supuesto tener una espada… y estoy completamente seguro de que el general no tiene ninguna –la intriga se agrandaba a pasos agigantados.

–Así que…

–Hay algo muy extraño en lo que nos contó el general. Porque él no hizo esto –complementó el hombre poniéndose de pie.

   A pesar de la curiosidad producida por la peculiar historia que se traían entre manos aquel par, Alice decidió comenzar a moverse entre los estantes aprovechándose de la distracción de sus potenciales enemigos, decidida a encontrar a las dos personas que le habían acompañado durante la travesía pero con los nervios asfixiándola por saber que sólo bastaba un paso en falso para llevarla a la muerte o quizás a algo peor… 

–Oigan –dijo uno de los matones.

–Sí, yo también lo escuché. Parece que tenemos un huésped.

   Instantáneamente los latidos en el corazón de Alice se descontrolaron, lo que le llevó a extraer su pistola de la funda en su pierna. Manteniendo la serenidad, se hizo más pequeña adoptando una posición casi fetal esperando la personificación de la amenaza que se le venía encima.

   Pero no ocurrió, sus lentos y pausados pasos no eran los que habían atraído la atención del grupo de inquisidores. “Enrique” pensó la rubia al ver de reojo por uno de los bordes de los estantes cómo tres hombres se dirigían cautelosamente hacia el área donde anteriormente dormía plácidamente. Necesitaba hacer algo pero no tenía certeza. Quizás consiguiera escabullirse él y su niño y sus alguna acción demasiado llamativa fuera innecesaria, o probablemente necesitaban de su ayuda más que nunca.

–¡Hey, hey, hey! –tres detonaciones de los rifles de alto calibre que poseían esos sujetos retumbaron en el establecimiento–. ¡Por aquí escapan!

   Enrique se hallaba en un proceso de escape desesperado a través de los corredores del área de empleados, evadiendo balas de más de 7 milímetros mientras movilizaba a su hijo llevándole de la mano. Se apegó contra una esquina en el instante en que un dueto de disparos casi le acariciaron las carnes. Necesitaba ir más rápido y las capacidades motoras de su hijo eran tan menores a las de él que no tuvo otra opción más que volver a cargar con él. Se preparó para emprender una carrera nuevamente pero apenas abandonó su cobertura sintió un proyectil, despedido por uno de los rifles que venían siguiéndole el trayecto, atravesarle el muslo.

   Con un alarido el pelinegro se derrumbó, estrechando a Félix fervorosamente contra sí para protegerlo con su integridad.

–¡¿Adónde te crees que ibas?! –preguntó retóricamente uno de los matones clavando implacable su bota en las costillas de Enrique–. ¡Levántate!

   Otra patada castigó el costado del hombre, agraciado.

–Venga, deja a ese mocoso –fue la orden del sujeto que le había perforado la pierna y ahora halaba de sus ropajes para despegarlo del niño–. Ayúdame con este imbécil –solicitó a uno de sus tres compañeros que recientemente se acercaban.

   Entre ambos con sumo esfuerzo desprendieron a los familiares que solían abrazarse en llanto. El constante forcejeo por parte de Enrique provocó que su captor arremetiera contra su mandíbula impactándola con la culata del rifle. Aturdido el pelinegro intentó levantarse pero recibió otro golpe con el armamento en la boca del estómago de lo doblegó enseguida.

–¡Basta! –una voz, grave, exclamó con ímpetu atrayendo la atención de todos los presentes.

   El cuarteto de matones se topó con el cañón de una pistola que apuntaba directamente a la frente del más atrasado del grupo, Crow. Una rubia sujetaba la empuñadura del arma de fuego manteniendo a la vez una cara de pocos amigos.

–Apártense y déjenlo en paz –exigió Alice, sujetando también su machete, justo debajo de su pistola.

   La reacción fue muy distinta a la deseada. El primero en peligro, Crow, no hizo sino reírse en la cara de la chica negando con la cabeza. El resto de hombres parecía realmente consternados hasta que quien aparentemente se mostraba como el líder había actuado de una manera tan relajada que les contagiaba a ellos también.

–¡¿Qué es tan gracioso?! –la rubia parecía alterarse con la desafiante expresión de su enemigo.

–Mira… cosita, tienes unas agallas de puta madre pero también eres estúpida –comentó el hombre con los tatuajes en la cara, risueño, recorriéndola con la mirada–. Nosotros somos cuatro y tú estás prácticamente sola porque el inútil de tu amigo no está en condiciones de ayudarte… Mátame y estos tres muchachos te van a liquidar… y si… por algún acto mágico consigues salir de esta, afuera tienes a diez hombres esperándote.

   Alice apretó la mandíbula con impotencia, todo lo que había dicho ese hombre cierto. Esperaba conseguir un rehén pero no fue así, aquel tipo tenía demasiado raciocinio.

–¿Quién está dispuesto a llevarse un balazo? –preguntó Alice–. ¿Tú lo estás? –dijo más directamente al sujeto tatuado, el cual era acosado por el cañón de su pistola.

–Ya suelta el arma, nena –la sugestión era absurda. El cuadro de sujetos se mostraba feliz por algo que ella no terminaba de imaginar.

–No te vamos a hacer ningún daño, cariño. 

   Crow chasqueó la lengua y con una velocidad invisible atrapó la muñeca de Alice apartando el arma antes de arrebatársela al propinarle una patada en el estómago que la llevó varios metros en retroceso hasta finalmente caer en el suelo. 

   Adolorida y con una desesperante falta de aire se incorporó lo más rápido posible adoptando una posición en cuclillas desenfundando su segunda pistola… desgraciadamente sus esfuerzos fueron frustrados por una bala que se clavó en su brazo, una bala detonada desde su pistola, la que ahora pertenecía al tipo de la cara tatuada. 

   Gruñendo de dolor Alice cayó al suelo sujetando sus bíceps para vanamente tratar de frenar el sangrado. 

–Buenas noches, amorcito… –sus claros ojos se centraron en la gran figura de su enemigo, y especialmente en la de su largo y pesado rifle de asalto hasta que aquella artesanía metálica se estrellase en su cabeza para despedirla del mundo de los conscientes…

   Sus esfuerzos no habían servido en absoluto. Su suerte la había sentenciado.

   Después de un muy largo periodo de siesta involuntaria. Alice recobró la voluntad sobre su cuerpo. Estaba tirada en el suelo, apoyada de espaldas contra algo que no alcanzaba a reconocer e inmovilizada… ¿Dónde se encontraba? ¿Qué estaba pasando? Quería gritar pero descubrió que no era conveniente hacerlo hasta no tener la verdadera naturaleza de su situación. Obviamente esos tipos le habían llevado a la que posiblemente era su guarida.

   Lo primero que identificó fue el material con el que le habían apresado. Agitó sus brazos inútilmente, esos cables estaban bien amarrados y por más que se moviera no se soltaría nunca. De igual manera notó un trapo amarrado alrededor de su brazo de manera improvisada obstruyendo la salida de sangre de su herida aún latente…

   Los minutos corrían con sofocante lentitud, la espera era inquietante, molesta. Las expectativas crecían en el interior de Alice ¿Qué harían aquellos hombres con ella? Nada bueno ciertamente… y aún no conseguía imaginar qué era lo peor que podría ocurrirle. Una incontable cantidad de situaciones para nada agradables se daban lugar en su imaginación… Pero algo que le perturbaba sin ceso era la morbosa impresión que le habían dado aquellos sujetos. No parecían nada agradables y por más vueltas que le daba a la cabeza no sentía encontrarle salida a un temido desenlace. Una horrible situación que había creado en su mente con automaticidad.

   La sangre le hervía de sólo pensar que alguno de esos asquerosos seres pudiera ponerle un dedo encima… sin embargo su consternación aumentaba al saber de que se trababa de un numeroso grupo de sujetos. Era una realidad que tenía que mentalizarse para lo que se le estaba viniendo encima, necesitaba encontrar una manera de bloquear su consciencia. La meditación quizás podría salvar su voluntad…

–¡Por favor! ¡No! –inmediatamente resonó después de un portazo.

   La voz era claramente de una mujer, desesperada. En su ruego era audible el estado tan quebrado de su alma. Otros gritos se escucharon, aún más desgarradores, llenos de agonía. Alice podía ver un tenue haz de luz que se filtraba por debajo de la única puerta existente en la habitación permitiéndole observar ligeramente donde estaba. La decoración y los objetos que alcanzaba a observar le decían que no se ubicaba sino en una lúgubre habitación de hospital… Mas ininteligibles ruidos aparecieron instantáneamente.

   Era ridículo e imposible… No le temía a nada más que a imagen de aquellos enfermos y la experiencia, que estaba suponiendo, no tardaría demasiado en tener era absolutamente nueva para ella. Jamás había consumado ningún tipo de relación sexual… y estaba por descubrir lo que significaba de la peor forma posible. Se sentía terriblemente impotente, sus ojos amenazaban con derramar su desdicha en la imagen de pesadas lágrimas.

–¡Dios qué rica! –en aquel hombre era notorio el afán de su enardecida voz.

–¡Mataría por una grabadora en este instante! –exclamó otro sujeto con emoción.

   Se estaba llevando a cabo una retorcida orquesta. Risas y alaridos jocosos opacaban a una débil y destrozada voz que no paraba de gritar entre quejidos y un desconsolado llanto. Proviniendo todos esos murmullos del exterior de la habitación, apenas lejos, a unos pocos metros de distancia. El corazón de Alice saltó a su garganta cuando imaginó de manera inercial lo que se suscitaba muy cerca de ella agravando su estado de humor y su terrible percepción a lo que avecinaba inexorablemente.

   Todos sus músculos se tensaron en el instante que un grupo de pies se situaron en la vía de acceso de la luz que llegaba a la habitación. Los latidos que generaba el corazón de la rubia aumentaron al momento en que la manilla de la puerta giró y esta se abrió aparatosamente estremeciendo su calma.

–Hola… –dijo un hombre bajo el dintel. La perversión en su voz provocaba un desagradable escalofrío en la columna de Alice.

–¡Muchachos hay que ver que nos hemos sacado el premio gordo con esta gatita! –exaltado uno de los hombres se apresuró a ingresar en la habitación pero quien había abierto la puerta le frenó poniéndole una mano en el hombro para empujarlo con violencia.

–¿Adónde coño te crees que vas, imbécil? Yo la atrapé, así que yo soy el privilegiado –era ese sujeto, el de los tatuajes en la cara…

   Alice volvió a agitarse vehementemente, desesperada.

–Pero mira qué tierna es… intentando escapar –con una perversa sonrisa y unos gestos guasones empezó a caminar hacia la chica–. Tengo debilidad por las chicas patéticas… y más si son rubias porque me la ponen como una roca en segundos –dijo apretando su puño y empleando su antebrazo para ejecutar una mímica morbosa.

   Rápidamente el sujeto se situó enfrente de Alice, hincando una rodilla para apreciarla de una mejor manera. Lentamente aquel hombre acarició su rostro con la punta sus dedos pero ella le rechazó zarandeando la cabeza agresivamente.

–¡No me toques maldito asqueroso! –repudió Alice.

–¡Uau! Si así gritas ahora sólo imagina cuando te ponga en tus cuatro patas… hasta vas a llorar –dijo el hombre del rostro tatuado antes de lamerse los labios.

   Pronto la mano del presuntamente reo descendió hasta el torso de Alice donde osó acariciar un seno de la rubia. Cómo respuesta ella expelió bravamente un buche de saliva en su cara. El sujeto rió.

–Nunca es de otra manera ¿No, muchachos? –dijo él empleando su camiseta para limpiarse el escupitajo¬–. Sin embargo sólo se necesita un pequeño incentivo….

   El hombre cerró con extrema fuerza su puño sobre la boca de Alice, posteriormente usó los nudillos de su otra mano para castigar una vez más la mandíbula de quien le había irrespetado hasta finalmente culminar con un último devastador puñetazo dado con su mano derecha conectando de lleno en la mejilla.

–… para conseguir un poco de colaboración –la fuerza y petulancia de Alice se desvanecieron entre los inmisericordes castigos. Sujetando su mandíbula el agresor levantó su cara para ver sus ojos desenfocados–. ¿Qué me dices ahora, zorrita? ¿No hay nada más que salga de esa boquita? ¿Así estás bien o necesitas otro? Creo que no te he pegado tan duro, nena.

–Estoy seguro de que es suficiente –exclamó otro sujeto recién ingresado a la habitación– Necesito que salgan todos.

–Pero…

–Es suficiente, todo mundo fuera, necesito la sala vacía…

–Está bien, es injusto pero si te la quieres ***** tú primero… –el hombre de los tatuajes se levantó y salió con el resto de sus amigos cerrando la puerta a sus espaldas estruendosamente.

   Alice abrió los ojos para observar al nuevo problema pero la luz de una potente linterna impactaba directamente a su cara obligándole a cerrarlos de nuevo. Sus oídos percibían que quien fuera que estuviera allí se estaba moviendo de un lado a otro. Estaba desorientada, le ardía toda la mandíbula y parte de su cara… no tenía muchos ánimos como para continuar su contienda por descifrar el siguiente suceso. Que pasara lo que tenía que pasar…

   Después de un breve instante, aquel hombre se arrodilló enfrente de Alice y sostuvo su igualmente su mandíbula pero con muchísima más delicadeza para frotar un trozo de tela bajo sus labios y remover un hilacho de sangre que se derramaba de entre la boca de la chica.

–No… déjame… –balbuceaba aturdida.

–Quieta –ordenó él.

   Consecuentemente aquel se dispuso a desamarrarla… fue cuando Alice se asombró de tal manera que abrió con esfuerzo los ojos para ver lo que estaba haciendo pero la linterna seguía perturbando su visión. Una vez estuvo libre, el desconocido le ayudó a levantarse y le dirigió para que sentara sobre el la única cama que se encontraba en la sala. Se sintió aliviada, se llevó la mano a la cabeza para intentar contener el dolor atormentador. Cuando observó a su “salvador” le encontró de espaldas, acomodando la linterna y regulando la cantidad de luz que esta emitía.

   No tardó en volver a ella… allí finalmente consiguió mirarle directamente a los ojos. Su mirada era insondable, apenas había conseguido reconocer aquella imagen.

–Tengo preguntas que hacerte, Alice.

–Es… imposible… ¿Puma?

#Proyecto Alice